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Gente de aquí y allá

Salvador Pérez Litrán, buen profesor y magnífico directivo

Salvador Pérez Litrán.

Salvador Pérez Litrán. / M. G (Huelva)

Actualmente Salvador es el director de la Escuela Superior de Ingeniería de la Universidad de Huelva. Es hijo de un jornalero de Sanlúcar de Barrameda llamado Agustín Pérez González y que cultivaba una pequeña extensión de terreno, en la que también criaba algunos animales. Todo ello le permitía subsistir pese a las grandes dificultades de la época que le tocó vivir. Su madre, Carmen Litrán Vidal, se dedicaba al cuidado de sus hijos y a las labores propias del hogar, lo cual no era poco, ya que tuvieron 14 hijos.

Salvador fue el único al que le dio por estudiar, nació en 1966 y todos los demás trabajaron desde bien jóvenes en el campo. Pero a él, que era el número 10 de la familia, solo le gustaba estudiar y aprender. Por aquella época era muy difícil estudiar y sus padres, viendo el interés del niño, lo llevaron a una colonia agrícola llamada La Algaida donde había clases para niños. Aquella colonia agrícola fue creada por la antigua colonización de principios del siglo XX y estaba situada a unos 8 kilómetros del casco urbano de Sanlúcar de Barrameda. La mayoría de los niños no continuaba estudiando porque sus padres no eran capaces de soportar aquella situación y emigraban en busca de una vida mejor. Hoy La Algaida ha cambiado mucho y se ha convertido en la gran huerta de la zona, donde viven y trabajan unas 3.000 personas. Los que por fin superaban aquella etapa pasaron a estudiar EGB en el colegio “La Quinta de la Paz”, en la misma población. Allí estuvo varios años hasta que volvió de nuevo a La Algaida porque se había construido otro colegio que le iba a permitir continuar hasta octavo curso y, como era tan buen estudiante y apuntaba buenas maneras, le concedieron una beca que le permitió estudiar electricidad en el instituto de Formación Profesional de Sanlúcar. Y aparte de eso, trabajaba también en el campo para ayudar a su familia.

En el instituto le daba clases un profesor de Huelva que le marcó. Se trataba de José Antonio González Losada, que por cierto, era un viejo amigo mío que se casó con la dulce María José Olivera Prats, amiga de la más tierna infancia. José Antonio le despierta el interés por la enseñanza porque le ve actitudes para ser un buen profesor de Ingeniería y le anima estudiar en Huelva una vez que termina la Formación Profesional. Años más tardes José Antonio ingresa en la Escuela de Ingenieros de Huelva y coincide con Salvador y también conmigo. José Antonio ha sido un gran profesor que además supo ver las cualidades de su alumno cuando aún era pequeñito y al que supo orientar.

Con ayuda de una beca que le concede la Fundación “Rumasa” para estudiar en la universidad y otra que le concede el Ministerio de Educación, elige la Escuela Universitaria Politécnica de la Rábida para estudiar Ingeniería Técnica en la especialidad Industrial, en la sección de Centrales y Redes Eléctricas. En esa época vivió en Palos de la Frontera junto a otros dos compañeros que también eran sanluqueños.

Allí, en ese pueblo cargado de historia descubridora, vive durante 9 años, ya que lo contratan y además sale un concurso de méritos para una plaza de profesor ayudante en el departamento de Ingeniería Eléctrica, en la misma escuela. Y así, con 22 años, empieza su carrera docente para orgullo de sus padres y de sus hermanos.

En febrero de 1994 supera el concurso oposición e ingresa en el cuerpo de profesores titulares de Escuela Universitaria y, nada más tomar posesión, es llamado a filas porque se le acaba la prórroga de estudios y es destinado nada más y nada menos que a un pueblo situado en el centro de la Isla de Menorca, en la falda del Monte Toro, la montaña más alta de toda la isla. No había otro lugar más escondido en España, pero también era un sitio muy bonito y, junto a otros compañeros, se recorren la isla en bicicleta. En la mili ejerció de profesor preparando a muchos compañeros para que pudiesen sacarse el graduado escolar. Salvador aceptó aquella circunstancia con muy buen ánimo y tiene un recuerdo muy bonito de su mili, pues cuenta que fue tratado con mucho respeto por todos los compañeros y los mandos debido a que tenía ya 28 años y era como “el abuelo” de todos ellos.

Cuando se incorpora de nuevo a la vida universitaria se dedica a estudiar la carrera superior de Ingeniería en Automática y Electrónica Industrial y también hace el doctorado, defendiendo su tesis en 2011. En ese mismo año pasa a ser profesor titular de universidad, que es el puesto que ocupa en la actualidad y que compatibiliza con las labores de dirección de la Escuela de Ingenieros.

Yo empecé a tratarlo cuando su departamento, del que él era el director, y el mío, se fusionaron y él asumió la dirección del nuevo y numeroso departamento. A partir de ese momento empezó nuestra amistad y debo reconocer que Salvador es de un trato exquisito, que sabe estar en todo momento y que es un gran compañero.

En el aspecto personal, se casó con María del Carmen, una joven también sanluqueña, de ese bonito pueblo asentado en la orilla del río Guadalquivir frente por frente a Doñana. Tuvieron dos hijos: Salvador, de 21 años, que sigue la trayectoria de su padre en cuanto a estudios se refiere; y Gonzalo, de 19 años, que estudia Bioquímica. En definitiva, que Salvador Pérez Litrán es un orgullo para toda su familia, para todo su pueblo y para todos los onubenses que tenemos la dicha de tenerlo de profesor en nuestra universidad.

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