La tribuna

Elecciones en Portugal, desinterés en España

Elecciones en Portugal, desinterés en España
Rosell
Luis G. Chacón
- Experto Financiero

En breve, nuestros vecinos votarán en la primera vuelta de unas elecciones presidenciales en las que a diferencia de todas las anteriores, la incertidumbre sobre los resultados es muy alta. Y sin embargo, en España parece que no interesa en absoluto. Como casi siempre. Sorprende el poco espacio que se dedica a Portugal en nuestros medios siendo un país con el que compartimos, amén de una larga historia, la más extensa y despejada de nuestras fronteras y unas relaciones económicas privilegiadas y estratégicas siendo España su principal socio comercial. Como ocurre desde hace demasiado tiempo, actuamos como si fuéramos siameses unidos por la espalda.

Desde que la Revolución de los Claveles restaurara la democracia en Portugal se han sucedido diez elecciones en las que los cinco presidentes –el general Ramalho Eanes, los socialistas Mario Soares y Jorge Sampaio, así como Anibal Cavaco Silva y Marcelo Rebelo de Sousa, ambos del centroderechista PSD– ganaron la reelección. Todos, salvo Ramalho Eanes, con más apoyo popular que el obtenido para su primer mandato. Aun así, el general fue reelegido en 1981 con el 56% de los votos frente al 62% de junio de 1976 cuando, tras su papel en la neutralización del golpe de estado ultraizquierdista de noviembre de 1975, sumó el apoyo de la derecha representada por el PSD de Sa Carneiro y el CDS de Freitas do Amaral junto al del Partido Socialista de Soares. En una sola ocasión se requirió segunda vuelta. Fue en 1986. Entonces, el candidato de la derecha, el democristiano Freitas do Amaral, ganó la primera vuelta con el 46% frente al 25% de Mario Soares que lo derrotó en el balotaje por la mínima. Todos los presidentes han actuado con la exquisita neutralidad que exige la jefatura del Estado, lo que es una muestra de la estabilidad política y del profundo sentido democrático de los líderes portugueses. Hasta el punto de que el PSD llegó a dar su apoyo expreso al socialista Mario Soares para su reelección en 1991.

Sin embargo, esta vez hay cinco candidatos con posibilidades de pasar a la segunda vuelta. Las encuestas los sitúan a todos con apoyos que suben y bajan entre el 15% y el 20% en un baile de cifras que recuerda la frase del Juan XXIII cuando comentó que en el Cónclave que lo eligió, su nombre y el del Cardenal Agagianian iban arriba y abajo en las votaciones como garbanzos en agua hirviendo. Algo insólito. Los dos grandes partidos que han ocupado desde 1986 el Palacio de Belém con cuatro mandatos cada uno, presentan a pesos pesados. El PSD, con el apoyo del CDS, a Luís Marques Mendes, anterior presidente del partido y ex ministro, y el Partido Socialista a su ex secretario general Antonio José Seguro. La extrema derecha nacionalista de Chega concurre con su líder André Ventura, e Iniciativa Liberal, formación liberal clásica nacida en 2017, con su ex presidente João Cotrim de Figueiredo. El quinto en discordia es un independiente: el Almirante Gouveia e Melo, ex jefe del Estado Mayor de la Armada que se hizo muy conocido y popular al dirigir el Plan de Vacunación contra el covid y cuya candidatura parecía hasta hace unos meses la segura ganadora. El resto de candidatos, tres independientes más los presentados por los ecosocialistas de Livre, la izquierda anticapitalista del Bloco de Esquerda y el siempre muy extremista Partido Comunista portugués, carecen de toda posibilidad.

La incertidumbre sobre el resultado de la primera vuelta se agranda al comprobar que las encuestas predicen un quíntuple empate técnico aunque también señalan que los indecisos suponen casi la quinta parte del electorado, que el candidato socialista no convence a los electores a su izquierda y que André Ventura, líder de Chega, suma un rechazo de tres cuartas partes de los votantes.

Es claro que la segunda vuelta será muy diferente en función de quienes consigan llegar a ella y también que en España deberíamos mirar con más atención a nuestros vecinos y, sin duda alguna, aprender de su capacidad para evitar la polarización y pensar más en el país que en el propio partido.

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