La vía Adamuz

El Alvia implicado en el accidente ferroviario de Adamuz.
El Alvia implicado en el accidente ferroviario de Adamuz. / J.J. Guillén

23 de enero 2026 - 05:45

LA tragedia de Adamuz nos ha noqueado: como individuos, como país. En primer lugar, por la pérdida de 45 vidas en un acto tan cotidiano para millones de personas durante los casi 33 años que lleva en servicio la primera línea ferroviaria de alta velocidad que tuvo España. Una tragedia que, además, tiene acento andaluz y singularmente onubense: los pasajeros del Alvia 2384 que viajaban de Madrid a Huelva copan la lista de fallecidos.

El azar, que siempre desempeña un papel protagonista en una catástrofe de esta naturaleza, quiso que el fatal descarrilamiento del Iryo 6189 se produjese en los escasos segundos en los que ambos convoyes iban a cruzarse a más de 200 kilómetros por hora. La honda impresión que nos causa no se explica sólo por el elevado número de vidas truncadas, sino porque todos somos muy conscientes de que cualquiera de nosotros ha estado ahí: ese zumbido sordo, el leve vaivén que tantas veces sentimos al paso de otro tren en sentido contrario. Pero el accidente no sólo ha dejado huérfanas a decenas de familias. También ha hecho saltar por los aires el ya deteriorado prestigio de la alta velocidad española. Sus trenes dejaron de ser puntuales –y de indemnizar las demoras–; dejaron de ser fiables –con averías y retrasos constantes–. Ahora, además, sabemos que han dejado de ser seguros. Y, aún más inquietante, no sabemos por qué son mortales.

Es evidente que un siniestro de esta magnitud no puede esclarecerse en unas horas, ni siquiera en pocos días. Pero tras cinco jornadas de conmoción –tres de ellas de luto oficial– empieza a calar la percepción de que existe un interés deliberado en abrir todas las hipótesis posibles –incluso las más inverosímiles– para evitar un señalamiento rápido de los responsables.

No conozco ningún tren que rompa las vías. Y mucho menos un modelo de fabricación reciente, homologado y en uso en varios países de la Unión Europea. Los indicios conocidos apuntan con mayor fuerza a la infraestructura: una red sometida a una presión creciente por el uso intensivo y mantenida, proporcionalmente, con menos recursos. Sin embargo, el Gobierno central, que es el competente en esta materia, juega al despiste.

No ha aprendido que la verdad siempre emerge. Que retrasarla, aun sin mentir, es un error. Y que resulta directamente inmoral hacerlo cuando el calendario electoral empieza a marcar las decisiones. A pesar de ello, hasta hoy se ha mantenido una lealtad institucional digna de elogio. Y ese factor diferencial es andaluz. Se llama Gobierno de Juanma Moreno. O, si se prefiere, vía andaluza.

stats