Quizás
Mikel Lejarza
Razones para la esperanza
Debe de ser por las abundantes lluvias caídas sobre terrenos habituados a las sequías, pero no a que el Cielo llore con tanta energía. O por los trenes que descarrilan en un país que enarbolaba orgulloso su liderazgo en el transporte por ferrocarril. O porque el PP gana, pero ni convence, ni ilusiona. EL PSOE pierde una y otra vez, y aunque sigue gobernando lo hace sin presupuestos, ni más proyecto que esperar a que sus votantes vuelvan a asustarse ante la perspectiva de que Vox pueda estar en el próximo Ejecutivo y aún con una pinza en su nariz, les voten. O por el hecho de que el mundo está en manos de Trump, Putin, los petrodólares y el PC Chino, ninguno de ellos un adalid de la democracia y las libertades. Será por eso, o por el ruido constante proveniente de los medios de comunicación enfrascados en una permanente cruzada por encontrar conflictos que les permitan alzar su voz entre tanto barullo. El caso es que cunde el pesimismo y el cansancio se está asentando en la sociedad en forma de hartazgo y una falta de ilusión en un futuro mejor. Pero sin negar las razones que lo justifican, el pesimismo nunca ayuda a arreglar los problemas. Como mucho convierte a las enfermedades incurables en patologías crónicas. Es la esperanza la que nos mueve en la dirección correcta y hay razones para tenerla sin caer en ingenuidades, puesto que, a lo largo de la historia, la humanidad ha demostrado una habilidad extraordinaria para reinventarse frente a la adversidad. Innovamos, colaboramos, aprendemos y seguimos adelante.
La IA aplicada a la salud está acelerando diagnósticos, optimizando sistemas y ampliando el acceso a tratamientos personalizados. La biotecnología continúa avanzando en enfermedades antes consideradas intratables, y la transición hacia energías limpias se acelera. Las nuevas generaciones han demostrado una capacidad notable para organizarse, movilizarse y exigir cambios. Su visión más global, su sensibilidad hacia la diversidad y su dominio de las herramientas digitales están impulsando transformaciones que hace una década parecían lejanas. La crisis climática sigue siendo uno de los mayores retos de nuestro tiempo, pero cada vez más países adoptan políticas de reducción de emisiones, y las energías renovables baten récords de implantación.
Está siendo un invierno duro, pero la primavera no ha desaparecido. Pronto, como todos los años, volverá.
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