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La coyuntura internacional da una tímida oportunidad al PSOE de movilizar a su desanimada parroquia regional, pero la realidad del antiguo partido hegemónico no da para mucho. Dirigentes actuales y pasados retratan una organización bajo mínimos, con los brazos caídos. Un partido inexistente, con una líder inasistente. Un año después de convertirse en secretaria del PSOE andaluz, por un dedazo de Pedro Sánchez, y a tres meses de elecciones autonómicas, nadie se explica que María Jesús Montero no haya dimitido de sus cargos nacionales y esté a tiempo completo desarrollando una intensa agenda andaluza. Fue lo que hizo Juan Manuel Moreno en 2014, designado presidente del PP, tras un dedazo de Rajoy.
Montero no sólo no ha dimitido, sino que su función como vicepresidenta primera le endosa el índice de rechazo de Sánchez. Y las concesiones como ministra de Hacienda a los socios independentistas del Gobierno le dan una apariencia de trato desigual a Andalucía. No encuentra el tono para hacer oposición al actual Gobierno regional. Su equipo en el Ministerio tiene una alta capacidad técnica, pero bajo nivel político, quizá como ella misma.
El partido está envejecido, sin pulso ni esencia. Hay además división en varias provincias, en particular Jaén y Cádiz. Se nota una desconexión con la sociedad, que no es nueva. Empezó cuando en la Junta se fusionó el partido con la institución. Se administraba el PSOE andaluz desde San Telmo. Chaves, Griñán y Díaz fueron presidentes de la Junta antes que secretarios del PSOE-A. Y a sus sustitutos los eligió Pedro Sánchez entre los principales cargos institucionales; primero el entonces alcalde de Sevilla y después la vicepresidenta del Gobierno. Lo contrario que un natural proceso de liderazgo: social, orgánico y finalmente institucional. El sistema de primarias, de todo el poder para el ganador sin contestación, ha acabado creando un sistema cesarista, que agrava la habitual manera de escalar en los partidos con el elogio permanente al jefe.
Con estos mimbres, movilizar al votante socialista será más fácil con la polarización que con la guerra. Y haciendo coincidir las autonómicas con elecciones generales.
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