No nos merecemos esto

21 de enero 2026 - 03:07

La vida es una extraña lotería. Un sorteo en el que entramos a jugar todos, lo queramos o no, y que nos deja muy poquito margen de decisión aunque creamos que sí. A la vida es imposible controlarla porque está sujeta a sus propias e inciertas leyes. Fíjense, si no: en los últimos cien años ha habido alrededor de 200 millones de viajes en tren en España y en torno a una quincena de accidentes graves. Existe, aproximadamente, una posibilidad por cada 13 millones, un 0,0000077%, de sufrir un accidente ferroviario con más de diez víctimas mortales, y solo una opción entre 68 millones de que tú viajes en él. Estadísticamente, es cinco veces más difícil que acertar los seis números de la Primitiva. Si hacen un ejercicio de imaginación y piensan en las posibilidades que hay de que el vehículo accidentado tuviera como origen o destino Huelva, que representa un minúsculo 0,04% de todo el tráfico nacional, entenderán lo difícil que es que nos toque. Pero nos ha tocado. Digo ‘nos’ porque en Huelva los famosos seis grados de separación de Karinthy encogen mucho. Aquí somos cuatro gatos. De hecho, podría decirse que nos conocemos todos, así que, de una manera u otra, a todos nos ha tocado de cerca la tragedia de Adamuz. Hemos perdido a familiares, a amigos, a conocidos o a gente a la que admirábamos, y estamos sufriendo con sus familiares la angustia de la incertidumbre, la impaciencia del silencio, la tristeza de la pérdida, la impotencia de la desgracia. Y yo, con todo lo que tenemos encima, no puedo evitar sorprenderme de lo irónico y cruel que puede llegar a ser el destino trayendo su mayor e improbable golpe precisamente aquí, a la provincia más abandonada de España. Qué paradoja más cruel de la estadística, ¿verdad? Que una probabilidad tan minúscula nos venga de vuelta haciendo tanto daño. Huelva no se merece esto, no nos lo merecemos, pero tampoco nos ha dicho nadie nunca que la vida tenga que ser justa. Para administrar justicia yo siempre he confiado más en nosotros mismos que en la cosa divina, así que, puestos a merecer, lo que de verdad se merecen nuestros paisanos fallecidos y los supervivientes, todas las víctimas del accidente y sus familiares es, primero, que no los utilicen para hacer política, como lo están haciendo ya algunos miserables; segundo, que sepamos con toda claridad por qué ha pasado esto, para depurar culpas y responsabilidades -si las hay-, pero, sobre todo, para evitar que se repita; y tercero, seguramente lo más importante, se merecen es que no nos olvidemos de ellos cuando pasado mañana venga otra noticia cualquiera a nublarnos el juicio. Ni de ellos ni de la gente que han dejado aquí. Yo, desde luego, no pienso hacerlo. Hay exactamente un 0,0% de posibilidades de que eso ocurra.

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