Antonio Carrasco

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Que nadie nos quite la ilusión

E SCRIBÍA una amiga hace unos días a cuento del alumbrado en la capital onubense que al menos no nos quiten nunca la ilusión. En tiempos tan duros, en los que tristeza brota por cada poro de la sociedad hay que cuidar el estado emocional casi tanto como el físico. No es la primera vez que en este espacio aludo a lo mismo. La pandemia es transversal. Nos ha destrozado como sociedad, desde el corazón al bolsillo. Nuestra recuperación como colectivo también debe ser sentimental.

Quien esto escribe se encuentra bastante alejado del costumbrismo navideño, las tradiciones y el folclore que acompaña las fiestas. Si algo me gusta de la Navidad es la oportunidad de reencontrarme con la familia que vive en la distancia. Sin llegar a ejercer de Grinch podría haber vivido sin los adornos, el alumbrado o los villancicos sin acordarme de ellos cualquier otro año. Sin embargo, en pocos tendrá más valor que el presente.

El viernes tras el encendido se llenaron las redes de imágenes sobre mareas ingentes de personas supuestamente agolpadas. Como la mayoría de ellas eran de esta casa (que nutre de fotos por la cara tantas cuentas y perfiles que se pasan la propiedad intelectual por donde estiman) preferí preguntar a los compañeros gráficos como profesionales y testigos directos. Las imágenes eran idénticas a las de aquel primer domingo de salida de los niños en la desescalada que hasta provocó un absurdo comunicado del Ayuntamiento. Una foto tomada sin perspectiva genera una sensación de aglomeración ficticia. La misma imagen desde altura varía totalmente. Da igual. Lo importante no es el hecho, sino el impacto. Vale lo más el debate que genera que el hecho que reproduce. Las redes sociales han demostrado ser en estos tiempos pandémicos una fuente inagotable para el contagio de una enfermedad silenciosa que nos azota y perdurará más allá de la ansiada vacuna: la desinformación.

Bienvenidos sean la iluminación y todo lo que nos permita recordar que vivimos un tiempo especial de luz entre tanta oscuridad. Se puede y se debe hacer dentro de los márgenes de la seguridad sanitaria. En Huelva, Vigo o en mi Bonares. Lo mismo me da. Que un niño pase por la calle vea una ciudad que lucha por esbozar una sonrisa ante la adversidad, que cuando llegue el día de Reyes pueda ver a sus majestades desde el balcón de su casa montado en un camión de bomberos con las sirenas a todo trapo si hace falta, que el día 31 veamos por televisión las uvas en la Puerta del Sol… Que nadie nos quite la ilusión porque el día que vivamos sin ella habremos enfermado como sociedad.

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