NOTAS AL MARGEN
David Fernández
El 28-F de la emoción y el entretenimiento
El presidente de la Junta de Andalucía tiene una virtud que, posiblemente, le deba a su compañera de partido y homóloga en la Comunidad de Madrid: parece un moderado. Agradecemos sinceramente que en situaciones de emergencia sepa comportarse y no se dedique a dar espectáculos histriónicos cuando lo que necesitamos es contención y, sobre todo, que todos los gestores, sean del partido que sea, se arremanguen en la tarea de responder esa emergencia. Claro, cuando hace eso nos alegramos de que no se esconda en los reservados de un bar, como hizo su compañero de partido de Valencia o de que no se dedique a enfrentarse con las instituciones con las que debe colaborar, como hace la de Madrid.
Pero eso no debiera confundirnos. La agenda de Juanma Moreno Bonilla es la misma que la de sus compañeros y eso nos debiera preocupar mucho, porque implica más dificultades para acceder a servicios básicos.
Varios ejemplos: el pasado mes de octubre el Diario de Sevilla se hacía eco de un informe que situaba la privatización sanitaria andaluza en un 32% desde que el PP gobierna en Andalucía. Ya se ha hablado mucho sobre las consecuencias de esto.
Con los Servicios Sociales el PSOE se lo puso fácil, ese sistema nunca se terminó de montar como servicio público y casi todo el peso de la intervención social se dejó caer en asociaciones y empresas privadas, el PP ahí ha tenido poco trabajo en su empeño privatizador.
Pero donde sí que ha hecho grandes esfuerzos es en la privatización de la educación. Desde la primera legislatura en la que gobernó, el resultado se notó enseguida y, desde entonces, se han visto proliferar como setas centros privados de Formación Profesional a la par de que aumentan las dificultades para acceder a este tipo de formación en centros públicos.
La Universidad no se ha librado y, a lo largo de este lustro largo de gobierno popular, hemos visto desplantes a los rectores de las universidades públicas, desvío de recursos públicos para empresas privadas, profundización en las condiciones de profesores sustitutos, licencias a universidades privadas de dudosa capacidad para desarrollar su labor…
Ahora, la Ley de Universidades Públicas de Andalucía (LUPA) viene a profundizar en ello y a consolidar ese proceso privatizador que, a la larga, aumentará las desigualdades y nos empequeñecerá como sociedad.
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