El Malacate
Javier Ronchel
Huelva, entre España y Portugal
EL viernes es un día importante para Huelva. La Rábida acoge la 36ª Cumbre Ibérica de jefes de Gobierno de España y Portugal. Es la primera vez que aquí se celebra un encuentro internacional de esta magnitud. No es la Cumbre Iberoamericana que tantas veces se ha solicitado pero sí se le acerca mucho, porque pone al mismo tiempo el acento en la condición fronteriza onubense y su vecindad con el Algarve, región portuguesa más allá de la Raya que marca el Guadiana.
Mucho tiempo se ha llevado Huelva de espaldas a una tierra con la que tiene muchas cosas en común. Los pueblos, por encima de las naciones, aprendieron a convivir dejando atrás guerras en otros tiempos, dictaduras, recelos y hostilidades, antes del escenario planteado hace ahora 40 años con la entrada en la Unión Europea para pasar a compartir un espacio común.
Cinco años después de aquel momento histórico que trajo el 1 de enero de 1986, Huelva y el Algarve ascendieron a otro nivel en su particular relación con la inauguración del Puente Internacional del Guadiana. Se abría así por fin una vía terrestre directa en la costa para comunicar ambas regiones.
Hasta entonces sólo había en la provincia un paso fronterizo por carretera al norte, en Rosal de la Frontera. Por eso se abrían en ese momento de par en par las puertas de ambos países sobre el río, que en ese punto sólo era franqueado por un servicio de transbordadores diarios que había transportado más de 2,2 millones de personas el año anterior, en 1990.
Esa unión por carretera entre Ayamonte y Castro Marim fue un punto de inflexión para ambos territorios y abrió el camino –mucho después– también para nuevas conexiones en la provincia, como el puente del Bajo Guadiana, inaugurado en 2009 entre El Granado y Pomarao; el del Chanza, entre Paymogo y Serpa, operativo desde 2012; y ahora el proyectado (y pendiente de ejecución) entre Sanlúcar de Guadiana y Alcoutim, vecinos ribereños que por fin se darán la mano sin necesidad de remar previamente.
Esa experiencia, sobre todo la del litoral, demuestra la importancia de una buena comunicación para la cohesión territorial y para el estímulo social y económico entre dos territorios que deben unirse para hacer frente a sus propias carencias, y para fortalecerse y crecer juntos. En tiempos de competitividad excesiva, las alianzas cercanas ofrecen el mayor apoyo para el desarrollo local en este actual contexto global.
Toca avanzar en esa línea y, si no llegar a concretar la idea de una Iberia única planteada por José Saramago (quizá no tan descabellada), sí mirar a nuestro vecino peninsular para encontrar un claro beneficio mutuo y el de la propia Europa.
Esa relación de la provincia de Huelva con Portugal nunca tuvo antes el dinamismo socioeconómico que alcanzó a partir de 1991 con la autovía sobre el Guadiana. Es un ejemplo claro –hay que insistir– de los beneficios múltiples que dejan las buenas infraestructuras de comunicaciones para la permeabilidad de los territorios.
Queda mucho por avanzar desde ese punto al que llegamos hace 35 años. No se debe esperar otros 25 (hasta 2050) para que Huelva y Faro, Andalucía y el Algarve, se acerquen más con ese tren de alta velocidad que es la evolución natural y lógica de la relación de ambas regiones. Sin excusas por la falta del desarrollo ferroviario portugués o por las conexiones ya planteadas en Castilla, Galicia y Extremadura. Incluso ahora vamos tarde.
Hace unos días, el comisario europeo de Transportes, el griego Apostolos Tzitzikostas, se mostró convencido de la necesidad de la línea entre Andalucía y el Algarve, así como la conveniencia de acelerar los plazos para tenerla, y las oportunidades de obtener financiación europea para ello. Fue lo que le transmitió a la delegación de Sevilla y Huelva que viajó a Bruselas para transmitirle directamente esa demanda del suroeste peninsular. Si el ministro europeo de Transportes lo ve claro, así tendría que ser también en los gobiernos luso y español, que esta semana tienen la oportunidad de avanzar en esa dirección para una convergencia tan necesaria como urgente.
A finales de 2024, en la última Cumbre Ibérica, en Faro, se pasó de puntillas por esa conexión, sólo con el compromiso de encargar un estudio de viabilidad, del que ahora tocaría ver los resultados en el nuevo encuentro en La Rábida.
Tras 35 encuentros bilaterales entre España y Portugal, ambos gobiernos se ven por primera vez en Huelva, la frontera peninsular más meridional. Por eso aquí se tiene la esperanza de entrar de lleno en la estrategia de inversiones de ambos países, para que Huelva deje de quedar descolgada del resto de España y tenga el Algarve también como salida y no como un muro de su celda.
No sólo es el AVE trasfronterizo o el puente de Sanlúcar y Alcoutim. Es el agua de ese río que debe unir más que separar. Es la minería, el hidrógeno verde, la logística, el turismo... Y por encima de todo, las personas en esa Raya que debe ser un gran punto de encuentro. El sur merece su oportunidad y esta semana debe llegar su momento.
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