Histeria ‘therian’

25 de febrero 2026 - 03:09

Anda el mundo patas arriba con lo de los therians. Están por todas partes: en las redes, en la tele, en los periódicos… hasta en los colegios son el tema estrella del patio. Mi hija viene todos los días contándome algo nuevo, y anda impaciente con que si en Huelva no hay therians, papá, y yo le digo que no tengo ni idea, y que si no hay, ya llegarán, pero que tenga paciencia porque aquí todo llega tarde. La chavalería, por lo visto, se cita en las redes y monta quedadas para verlos en directo. Hordas de chiquillos con móviles en la mano grabando a cuatro tipos disfrazados de perros como si fueran los Beatles.

Por si viven en otro planeta y aún no se han enterado de qué va el asunto, los therians son personas que se autoperciben animales. O sea, uno siente que es una marmota, otro que un pez, otro que gato, y se comportan como tales. A mí cómo se perciba cada cual me la trae al pairo. Lo que me molesta es que si sienten que son perros, por ejemplo, pretendan que los dejen entrar a comprar al súper, subir a un taxi o entrar en el teatro. Vamos, digo yo. Esa manía que tienen algunos de tomar solo la parte que les conviene y obviar lo que no les interesa no es cosa solo de therians, claro. Miren ustedes, si no, a los negacionistas de la V16, que no les da la gana de gastarse el dinero y luego se cabrean cuando los multan, o a los estudiantes que van a la huelga solo si les aplazan el examen. Supongo que en este perfil es donde entra también la nueva caterva de muchachitos franquistas. Por lo visto quieren que vuelva Franco, angelitos, lo cual es imposible porque Franco está muerto, así que como mucho, podrían invocarlo, como a Imhotep, la momia chunga de la peli de Brendan Fraser. Aunque no creo yo que se refieran a eso. Lo que ellos quieren es retroceder en el tiempo porque dicen que con Franco se vivía mejor, que tampoco voy a discutírselo porque es verdad que hubo algunos que vivieron estupendamente. A mí, como con los therians, me da exactamente igual que crean lo que les dé la gana, pero no puedo evitar preguntarme cómo se tomarían los chavales eso de tener que hablarle de usted al maestro, la colleja que les vendría encima cuando tiraran la lata de Monster al suelo o la nochecita de calabozo el día que los pillaran arreándole patadas a los retrovisores o a las papeleras, porque esas cosas con Franco, su momia o su espíritu metido en el cuerpo de una muñeca, me da que no las van a poder hacer. Luego, que nadie se extrañe ni se ponga, con el arrepentimiento, a echarse las manos a la cabeza. Aunque dudo mucho que eso pase. De una sociedad como la nuestra, que ni siquiera es capaz de asumir las consecuencias de sus actos, no esperaría yo jamás que aceptara su propio fracaso.

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