Andar y contar
Vacuna contra la amnesia
No hay nada más hipócrita, más falso ni más miserable que la vida política en España; ante una farsa tan odiosa hay que revestirse de un escepticismo profundo. La frase es de Pérez Galdós en conversación con Julio Camba en la calle del Turco, junto al Congreso, en mayo de 1907; don Benito acababa de ser elegido diputado a Cortes. La vida sigue igual 119 años después. El politiqueo hipócrita nos intoxica hasta la náusea. El Gobierno finge indignación porque a los jubilados no les incrementarán sus pensiones, y culpa a la derecha. Pero oculta aviesamente que el decreto ómnibus rechazado mezclaba la subida de las pensiones con una docena de otros asuntos, entre ellos prorrogar por sexto año la paralización de desahucios.
El miércoles, en el Centro Cultural La Malagueta, el catedrático granadino Agustín Ruiz Robledo sostuvo que la tendencia a gobernar por decreto difumina al Parlamento: “Los procedimientos legislativos garantizan a los ciudadanos enmiendas, discusión, control de la opinión pública. El decreto ley como práctica habitual es una degradación de la democracia. La Constitución lo limita a casos de extraordinaria y urgente necesidad”. El PNV, brújula de cualquier minoría precaria en el Congreso, ha exigido al presidente del Gobierno que deje de jugar a la ruleta rusa con la subida de las pensiones y presente un decreto separado. Hipocresía ha habido también en la regularización de inmigrantes pactada por PSOE y Podemos. La impostada irritación del PP contrasta con iniciativas parejas de Aznar. Y la ácida reacción gubernamental, obvia que el decreto excede el marco de la ley orgánica del 2000.
Otro caso de farsa se ha producido tras la catástrofe de Adamuz. El presidente de la Junta adopta una actitud moderada, centrada en los aspectos emocionales. Mientras, desde su partido se pide la dimisión del presidente del Gobierno y del ministro de Transportes. Un lugarteniente de Moreno, Juan Bravo, llegó a decir que sería cruel que Óscar Puente fuese al funeral del jueves en Huelva. Y en paralelo, Feijóo criticó a Sánchez por no ir al mismo funeral. Para tanta hipocresía hay que valer. Trotsky decía que su hijo Sedov tenía todas las virtudes necesarias para ser un gran dirigente, pero carecía de algunos defectos indispensables para ejercer el poder político con eficacia, como la dureza extrema, la frialdad táctica y la capacidad de ser implacable.
Lo contrario sería demasiado íntegro.
También te puede interesar
Andar y contar
Vacuna contra la amnesia
Por montera
Mariló Montero
Una imagen vale más que mil palabras
En tránsito
Eduardo Jordá
Trincheras
La esquina
José Aguilar
Sánchez acierta en inmigración