El lado bueno
Ana Santos
VII Feria Transfronteriza de Arte Contemporáneo
Este año se cumple el noventa aniversario del comienzo de la Guerra Civil Española: 18 de julio de 1936. Es lógico pensar que ante la evocación de tan desgraciada efemérides habrían de surgir congresos, foros, encuentros, seminarios o debates en torno a un acontecimiento histórico de tan decisiva trascendencia,como a lo largo de tantos años ha generado multitud de publicaciones en distintos género, novelas, estudios históricos, ensayos, relatos diversos, como también se han producido en el teatro, el cine, la televisión, la poesía, el periodismo, desde muy diferentes perspectivas, criterios, opiniones e ideologías, todas ellas dignas de tenerse en cuenta a la hora de considerar el conjunto y con él un análisis exhaustivo y sereno sobre tan ingrata conflagración para el argumentario popular de todos los españoles. Tras el paso de nueve décadas ya es hora de decantar en sus justos términos una etapa aciaga de nuestra historia sin caer de nuevo en rencores, odios y dolorosas discrepancias, sino desde la moderación, el sosiego y entereza que proporcionan los años y la necesidad de analizar con coherencia y ponderación un enfrentamiento que debió evitarse.
En estos días nos vimos sorprendidos por la noticia de que el escritor Arturo Pérez Reverte y el periodista Jesús Vigorra, organizadores del congreso “Letras en Sevilla, 1936 ¿La guerra que todos perdimos?”, anunciaban la cancelación de la cita, ante “la intención expresada en las redes sociales por grupos de ultraizquierda, proponiendo manifestarse de forma violenta ante el lugar donde está previsto celebrarse, deciden aplazarla hasta nueva fecha, añadiendo “Tal es el resultado de una campaña intolerable de presiones que desde el partido Podemos y medios afines se ha estado ejerciendo sobre alguno de los participantes a fin de hacerles renunciar a su intervención”.
Sobrecoge comprobar que a estas alturas ciudadanos de ideologías opuestas no puedan dialogar sobre la guerra civil con libertad y serenidad. Es el caso de la izquierda sumida siempre en su obsesivo onanismo ideológico y en su denodado empeño de alentar viejos rencores, revanchismos imposibles, y, por lo que se ve, en su denodado empeño sectario seguir utilizando el conflicto como instrumento de hostilidad.
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