Monticello
Víctor J. Vázquez
Nobleza obliga
En la financiación autonómica, según el nuevo modelo presentado por la vicepresidenta y candidata María Jesús Montero, se produce una doble realidad que podría parecer contradictoria pero que más bien es complementaria. La primera es que todas las comunidades mejoran su posición relativa. La segunda es que todas, excepto una, la rechazan de plano, lo que convierten el modelo en inviable. Es fácil entender lo primero: todas las regiones ven favorecida su disponibilidad de recursos por la sencilla razón de que el Estado reparte más millones y otorga más porcentaje de recaudación de los dos principales impuestos de nuestro sistema tributario, el IRPF y el IVA. Todavía es más fácil entender lo segundo: la fórmula se ha hecho, en sus líneas fundamentales, a demanda de la que sale con diferencia como la más beneficiada, que es Cataluña. Por si había alguna duda, el estudio presentado por Fedea, una institución solvente y prestigiosa, sobre el reparto de ingresos por habitante la despejará de forma contundente.
¿Significa esto que Montero, sobre todo en su condición de candidata andaluza, se ha metido en un laberinto de complicada salida? Es posible. Seguro que la ministra de Hacienda contaba con que el PP iba a levantar un muro contra el nuevo sistema e incluso ese rechazo era previsible en Castilla-La Mancha. Hay un hecho objetivo para sustentar ese rechazo, que es el privilegio que obtiene Cataluña como única negociadora del sistema y como su principal beneficiaria. También hay una realidad política: nada que venga del Gobierno de Sánchez puede ser admitido en medio de un ciclo electoral en el que se ven posibilidades de giro político. La derecha no podía darle esa baza a un presidente y un partido en horas muy bajas.
Pero Montero cuenta para la campaña andaluza con una baza que no es fácil contrarrestar. Si el nuevo sistema se aprobara, Andalucía dispondría de 4.800 millones más al año para aplicar en sus políticas sanitarias o educativas. 800 más del máximo que pedía la Junta para compensar su infrafinanciación crónica. ¿Cómo podrá justificar Juanma Moreno que se rechaza esa lluvia de millones en una campaña electoral con los problemas de recursos en la sanidad pública? Si Montero está en un laberinto, Moreno parece que se puede meter en otro.
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