Calla, Hind, calla

11 de marzo 2026 - 03:08

Esta semana se celebra en Huelva el Wofest, una muestra de cine realizado por mujeres. Esta XI edición tendrá un regusto a tristeza. Pero esa es otra historia. A lo que iba: el viernes se proyectará “La Voz de Hind”, una película que me gustaría ver. O quizás no: prefiero no verla, no debe ser una película fácil. Así que aquí estoy: decidiendo si comprar o no una entrada para esa proyección.

Muchas personas ya sabrán de qué va esta película: Hind Rajab es una chiquita de 6 años atrapada en un coche, junto a los cadáveres de su familia, bajo el fuego del ejército de Israel. Pide ayuda a la Media Luna Roja.

Y sostiene con ellos una larga conversación mientras tratan de enviarle ayuda. No parece que sea una manera de pasar un viernes por la noche, la verdad.

Porque además no es una película de ficción. Ocurrió, tal cual. Esa escalofriante conversación está grabada. Más aún: no es un hecho aislado.

Situaciones similares se produjeron –y se producen– en Palestina, cada día. Israel no tiene ningún problema en golpear brutalmente a niños y niñas. El relato de Hind no es excepcional, es uno más entre miles de relatos similares.

¿Hay que ver o no hay que ver la maldita película? Dicho de otro modo: ¿qué grado de horror e injusticia podemos soportar sin que ese horror y esa injusticia nos bloqueen, nos paralicen? Vivimos en un mundo que nos muestra, casi en tiempo real, las guerras, la muerte, la sangre, el odio.

El otro día, ya en Irán, mostraban la mano amputada de una niña, entre sollozos. Y ese cementerio colectivo en el colegio. Más horror. ¿Podemos soportarlo? ¿Ver esas imágenes nos inspira a luchar contra la guerra? ¿Nos moviliza?

La alternativa es no mirar, volver el rostro, desoír el relato. Mantener la esperanza alejada del horror, ingenua e ignorante. Pero esperanza al fin.

Porque es complicado seguir creyendo en esta humanidad después de escuchar a Hind pedir ayuda, después de saber que su sufrimiento hace felices a otras personas. Voy a sacar una entrada para esa proyección.

Pero seguiré pensando si puedo o no puedo digerirla.

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