Cuando se apagan los focos

15 de febrero 2026 - 03:08

Las noticias vuelan, pero las personas y sus circunstancias, permanecen. Ha pasado casi un mes del accidente negligente de Adamuz y poco a poco la situación de tantas personas que han perdido a sus seres queridos y las que han quedado afectadas, en mayor o menor gravedad, se va diluyendo, eclipsadas por otras desgracias, como las inundaciones en Grazalema, con esos vecinos, muchos de ellos ancianos, que, de un día para otro, tienen serio riesgo de perder sus casas. Y a las de Grazalema las sustituirá lo siguiente, como pasó antes con la DANA de Valencia. Pero esto no es como en la película El show de Truman, no hay personajes, hay personas, y su realidad no termina por cambiar de canal.

Somos muy de jalear a los héroes inmediatos y muy de no sólo no reconocer, sino en ocasiones dificultar, la labor de tantos héroes anónimos y cotidianos. Aún recuerdo las medallas que algunos, arduos de notoriedad, se colgaron cuando la invasión de Rusia del este de Ucrania, por llenar una pequeña furgoneta con cuatro cajas de galletas e irse a la frontera de Polonia a traerse a una mujer ucraniana con niños, como si ahí terminara todo. Conozco gentes de bien que, cuatro años después, aún tienen a esas ucranianas en sus casas de la playa, y sin visos de regreso.

Volviendo a la tragedia de Adamuz, muchos afectados se quejan del trato posterior recibido, de la racanería habitual de las compañías aseguradoras por proporcionarles atención psicológica y legal, por una Renfe que navega entre la indiferencia y la incompetencia, hasta algunos han denunciado robos en los efectos personales que quedaron esparcidos por las vías al serles entregados en la estación, y no me refiero a un ordenador roto, sino a algo tan concreto como el dinero de la cartera.

El compromiso con los demás no debería ser una moda, y, mucho menos, ser mostrado como una retransmisión mediática. Hay personas que son héroes anónimos que no lo hacen sólo una vez, sino que muestran empatía y cercanía con quien más sufre durante años, o toda la vida. Esos, a lo mejor no son interesantes para ser entrevistados, pero son los realmente imprescindibles, aquellos que no se caen en la oscuridad que queda cuando se apagan los focos.

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