Adamuz, tarde o temprano

20 de enero 2026 - 03:06

Asistimos a una paradoja entre la macroeconomía y las economías de las familias y las empresas: entre los grandes números de inflación, crecimiento y tasa de desempleo y el poder adquisitivo del español medio. Mientras los porcentajes de lo agregado están boyantes o su apariencia es del todo saludable, la gente corriente ve empobrecida su vida diaria, sobre todo por el efecto del brutal aumento de los precios derivado de la invasión de Ucrania por parte de la Rusia putiniana. Con quien, dicho sea de paso, el bocachancla global de Trump (Bocachancla: “Alguien que habla sin discreción, sin pensar; que revela secretos, dice tonterías o mentiras sin empacho, y habla más de la cuenta”) y el silente Xiping perfilan la reedición a trío de una Guerra Fría contemporánea, y ojalá sea esa la temperatura bélica. Equilibrio de grandes potencias militares en la que Europa es objeto de todo desprecio, e indisimuladamente por parte de su aliado USA. Valga en esto decir que lo de Groenlandia es disfraz del objetivo de Trump verdadero: liquidar la OTAN. Apuesto yo doble contra sencillo, ya puestos a jugar al póker en un vapor del Mississippi. No hay que ser tampoco un Nostradamus, verás.

En las horas graves tras la tragedia de Adamuz, uno ve una rendija para comentar sobre un porqué de las lustrosas cifras macro de las que, como es lógico, alardea el Gobierno del Lego (juego Made in Denmark). Es una columna, ésta, y no debe eludir la urgencia de la gran muerte. En breve: las dos potencias de la UE. Alemania y Francia, nos obligan a ser destino turístico Airbnb/Booking a cambio del maná de los fondos UE (Next Generation, los últimos). Y exigen vender industria del ferrocarril concesionario, privatizado en parte. Se multiplica el tráfico de las vías, sin ampliar vías y, ¡ay Presupuestos!, siquiera mantenerlas bien. Un embudo que no puede traer nada bueno, aparte de la bajada de los precios finales: la lowcostización de la Alta Velocidad. Culpar a Puente es tirar con una mirilla muy estrecha: hace tiempo que la Obras Públicas responden al cubano dicho de supervivencia: “Por el dinero no te preocupes, que dinero no hay”. Qué horripilante noche pasaron los viajeros del Alvia público tras ser golpeados y lanzados talud abajo por el privado Iryo. Las continuas incidencias lo presagiaban. Mientras se dilucidan las causas, ¿se trata de escasez para mantener y vigilar lo que se sobreexplota?

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