La otra orilla

víctor rodríguez

Nacimientos importados

Hubo un tiempo, no muy lejano, en que la preocupación de la humanidad era la superpoblación, con un escenario de lugares abarrotados y falta de alimentos. Sin embargo, la raza humana está caminando hacia el sentido contrario: la mayoría de países están reduciendo su tasa de fertilidad, esto es, el número de hijos que las mujeres tienen en edad fértil. Solamente Níger tiene una tasa de más de seis hijos por mujer (habiendo reducido uno en la última década). Níger es uno de los países más pobres de la Tierra. Sorprende ver a otros países africanos con tasas de apenas tres hijos por mujer, como Ghana o Kenia, esto hace unos años sería impensable. El caso de España es altamente preocupante. Según la ONU estamos en el puesto 194 de un total 200 países en tasa de fertilidad, con 1,24 hijos por mujer.

Como ocurre con la mayoría de los temas realmente importantes y que son tendencias que sólo se ven a medio y largo plazo, como ocurre con el clima, la mayoría de nosotros no tomamos consciencia de lo que supone un país (y un mundo) sin niños ni gente joven.

Podemos verlo desde un aspecto filosófico: el mito del eterno crecimiento, que tanto le gusta a la economía neoliberal, tiene los días contados también en este tema. La humanidad va en retroceso. Desde un aspecto medioambiental: puede bajar la demanda de recursos naturales y de alimentos. Desde un aspecto urbanístico: las ciudades deberían empezar a hacer planes de decrecimiento de habitantes y barrios (como lleva haciendo años Detroit). Y desde el aspecto laboral: la presión de personas jubiladas sobre cotizantes va a ser muy alta.

Ya puestos a pensar en distopías, no va a pasar mucho tiempo en que las fronteras de Europa no sólo no se van a cerrar, sino que van a tener que incentivar a personas de aquellos países que conserven cierta tasa alta de población joven (que ya hemos visto que cada vez es menor) para que faciliten su salida y poder sostener así las economías y los servicios necesarios para que nuestra sociedad no colapse. Algunos me dirán que la robótica vendrá a suplir la falta de mano de obra, puede que en el transporte o la distribución, pero dudo mucho que para los cuidados, la educación, la medicina o la psicología encontremos sustituto en las máquinas.

Si pusiéramos la mirada más allá, veríamos las alambradas de Melilla como un anacronismo, una estupidez y una ignominia.

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