Decía Unamuno que "hay que desconfiar mucho de los talentos naturales sin cultivo, de quienes, habiendo tenido ocasión, medios y tiempo para cultivarlos, no lo han hecho". Y algo así ocurre con nuestros políticos. Es como si en su tiempo, Zapatero le dijera a su señora: "¿Has visto dónde ha llegado el tonto?". Uno escucha hablar a nuestros representantes y se acuerda del tonto del pueblo en la juventud. Pero resulta que, en más de una ocasión, ese tonto no tenía ninguna maldad, y a veces, hasta resultaba que otorgaba destellos con un poco de sentido común. Lo de nuestros políticos, además de tontos, es que son malos. Sí, malos. Mi amigo Jaime dice que prefiere a un ladrón antes que a un tonto. Y un día se atrevió a demostrarme, con peculiar destreza, como su argumento le había convencido con creces. Jaime decía: "Desde hace 2020 años nos están robando, y lo siguen haciendo. Pero roban y ya está. En cambio, el tonto está ausente de capacidad, ha ocultado sus talentos naturales, o no dispone de ellos".

Jaime es bastante elocuente en sus planteamientos. En la mayoría de ellos no estoy de acuerdo, pero me gusta escucharlo porque se aprende, como aprenden los niños en el colegio. Me explicó eso de que ahora quieren subir el salario mínimo, y las pensiones no contributivas. Pero en cambio, el que trabaja más, pagará más, pero tendrá (o tal vez no tendrá) una pensión el día de su jubilación a los tropecientos años.

Cuando el tonto llega al poder nos tenemos que echar a temblar. No por su escasa inteligencia, en absoluto, sino porque las decisiones que va a tomar son eso, decisiones de tontos, de pobrecitos. Jaime, en su inagotable elogio (malvado) del tonto, dice que solo tienen derecho a votar los que producen, los que pagan impuestos, los que generan riqueza. Si el saldo es favorable, pues a votar, si eres un perroflauta que en la vida has dado un palo al agua, y deseas vivir del cuento de nunca jamás, de las pensiones no contributivas, de las paguitas el Estado, pues ese, ese no tiene derecho a votar. Y repite, "con esto otro gallo cantaría".

Dice que ya hay trabajadores que no quieren cotizar más. A este ritmo, van a cobrar más sin cotizar (y sin dar un palo al agua) que haciéndolo. También escribía Unamuno: "Porque, aunque parezca mentira, aún hay que estar repitiendo, con machaqueo continuo, como lección de párvulos, las cosas más elementales". Verdades de Pero Grullo, y sin talentos naturales.

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