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Créanme, que, si no fuera porque la vida política está excesivamente polarizada, las Dolores podrían formar un dúo de canción española. Bueno, una de ellas haría algunos solos de voz para darle un cierto toque de tono federal a las actuaciones, pero sin proponerse una autodeterminación que pudiera romper la solidez del dúo, aunque permitiera reconocer la singularidad artística y, sobre todo, las capacidades de actuación de cada una de ellas. Lo que es motivo de discrepancias continuas llegando al punto en el que ya solo mantienen el vínculo de sus nombres: las Dolores.

No han editado todavía ningún disco, pero las pruebas de las grabaciones no tienen desperdicio, hasta el punto de que están ambas colocadas de número uno en las listas, a pesar de ser solo pruebas y de los esfuerzos de sus representantes. Uno, se ha vuelto tibio en su valoración y el otro, le propone a su pupila que siga, aunque la calidad es mediocre tirando a mala y mientras, el productor está empeñado en seguir con las grabaciones. Conclusión, en este negocio son todos parecidos, independientemente de que la vara de medir pública no resulte equivalente para ambas, puesto que las letras tienen dimensiones de aceptación variable según la sensibilidad de los fans, ya sean propios o ajenos. La verdad es que unos defienden -aunque sea con la boca pequeña- la veracidad en la explicación de los porqués de sus letras, y los otros pasan de puntillas sobre los contenidos de las suyas, con el regocijo de un productor que está acaparando, con su producción, la atención del púbico y haciendo temblar a muchos otros artistas del elenco de primera fila.

Como habrán comprendido, lo del dúo es virtual, el resto es evidencia de pura actualidad y los grandes títulos podrían ser: Conociendo a Gürtel y La comida oscura. Pero no es menos cierto que el conflicto está en la coincidencia de nombres, su conocimiento de la Ley y sus actuaciones en escenarios de primer nivel… y ante estas similitudes nace un nuevo debate artístico, cuál de las dos estaría por la renuncia del nombre y decidirse a cantar: "… no me llames Dolores, llámame Lola". Les doy mi opinión al respecto, también en términos folclóricos. La una estaba acostumbrada, ahora lo tiene muy complicado y el futuro de su trayectoria, ¿brillante? hasta el momento se está oscureciendo y la prueba es que ya no le preguntan: "… ¿con qué te lavas la cara que siempre te huele a flores?…". La otra se mantiene y proclama: "… que no consiento a mi vera, ni bromas ni comentarios…" y, por ello, es más proclive a pasar a ser Lola circunstancialmente.

Así pues, Dolores y Lola, dos figuras políticas con futuro complicado, pero peor para Dolores, en el corto plazo, que para Lola.

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