Análisis

Mª auxiliadora rodríguez borrero

Licenciada en Historia Contemporánea y Diplomada en Estudios Avanzados por UCM

En memoria de Manuel Burgos y Mazo

En el centenario de su nombramiento como ministro de Gobernación el 22 de julio de 1919

En memoria de Manuel Burgos y Mazo En memoria de Manuel Burgos y Mazo

En memoria de Manuel Burgos y Mazo

Manuel Burgos y Mazo, nacido en Moguer el 13 de enero de 1862, vivió y desarrolló su actividad política en la España de la Restauración.

Burgos empezó su vida política como cacique local. Pero, como apunta Mª Antonia Peña, “tuvo claro desde el principio que su ámbito de actuación pública no debía ser el de la política local”.

A partir de 1893, año en el que consiguió su primer acta de diputado por el distrito de La Palma del Condado, el cacique de Moguer va a convertirse en un político nacional, además de seguir siendo cacique –si bien lo fue siempre sui generis. No hay duda de esa peculiaridad de Manuel Burgos y Mazo, peculiaridad que parece no permitir encuadrarle entre los caciques locales típicos de la Restauración que la visión tradicional de ese periodo de la historia de España nos ha trasmitido. Burgos, según lo estudiado hasta el momento, no es fácilmente estereotipable. Estuvo presente en la política española y no sólo a escala local y provincial. Fue a un tiempo cacique y diputado, cacique y ministro. Pero fue, hay que señalarlo, en acertadas palabras de María Antonia Peña, un “cacique afanado en la crítica, en la denuncia del caciquismo”.

Manuel Burgos y Mazo fue diputado por el distrito de Huelva desde 1903, acta de diputado que mantuvo hasta la legislatura de 1914, durante la que fue nombrado senador vitalicio por designación regia. Ya entonces había ejercido, además, los cargos de: director general de Gracia y Justicia del Ministerio de Ultramar, desempeñado en 1897; director general de Penales, en 1899; subsecretario de Gracia y Justicia, en 1901; director general de Obras Públicas, en 1903; vicepresidente del Congreso en 1904, aunque no llegó a tomar posesión del cargo debido a la anticipada disolución de las Cortes. En ese año de 1904 fue nombrado académico de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas. Posteriormente va a ser nombrado consejero de Estado para el bienio de 1916 a 1918 por un Real Decreto comunicado al Senado con fecha de 17 de mayo de 1917.

Si añadimos al desempeño de los citados cargos el hecho de haber ejercido de ministro de la nación en tres ocasiones –de Gracia y Justicia, del 15 de enero al 9 de diciembre de 1915; de la misma cartera, entre el 11 de junio y el 3 de noviembre de 1917; y de Gobernación, del 19 de julio al 12 de diciembre de 1919, difícilmente podríamos formarnos la idea de un político localista y aferrado a su tierra. Sus rasgos, su talante y su trayectoria inclinan a pensar que tuvo una visión amplia de los problemas nacionales. Esta dimensión de la política la puso de manifiesto en varias ocasiones. Ejemplo de ello puede ser los disgustos que le ocasionó (y las críticas de que fue objeto) el hecho de que, siendo ministro, no permitiera que se desviara la línea de ferrocarril Sevilla-Huelva para que pasase por Moguer, teóricamente su cacicato. Como señala María Jesús Moreno, lo verdaderamente caciquil habría sido lo contrario.

Dada la naturaleza de este artículo, no es posible citar su gran obra escrita ni sus intervenciones y discursos parlamentarios, pero no quiero terminar sin aludir a su intervención a primeros de agosto de 1919, reciente su cargo de ministro de Gobernación, sobre una proposición de ley para la reforma de la Ley Electoral. Burgos no sólo aceptó la propuesta sino que se adhirió a ella e incluso argumentó que se hacía necesario reconocer el derecho al voto de las mujeres. No fue aprobada.

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