Trump y Netanyahu, como en el Oeste
Lección de ida y vuelta
Dicen que lo más profundo donde ha llegado el ser humano en la Tierra ha sido junto al Abismo Challenger. Por supuesto, eso es falso; quien ha estado más bajo en nuestro planeta ha sido el recreativista tras el doble descenso y luego del palo de conseguir remontar lo más rápido posible esas dos divisiones pero haber regresado a una de ellas con el regalito que nos hicieron, entre unos y otros, la pasada temporada.
Lo de que el escudo, la historia o la grada, aunque en ciertos momentos ayudan, no ganan partidos, siempre lo tuvimos presente pero, evidentemente, en esta década ominosa eso lo notamos demasiadas semanas. Espero que el partido de Chapín fuera para muchos de una gran lección; como unas cuantas lecciones juntas, mejor dicho: por enésima vez se hizo patente que, por muy bueno que tú seas, como no vayas al límite desde que saltas del túnel del vestuario el de enfrente te va a triturar con saña a la más mínima oportunidad. Ese exceso de confianza en un pase, ese no meter la pierna con la misma fuerza que el rival o esa falsa tranquilidad de “ya se impondrá nuestra calidad” funciona en momentos puntuales y ante rivales más puntuales aún, pero cuando te estás jugando los cuartos, ay, amigo, o espabilas rápido o te aplastan. Sí, sí, te aplastan, sin piedad.
La lectura hecha por Arzu en Jerez, compartida por casi la totalidad de la peña por evidente, deja al menos la esperanza de saber que se conoce parte de la solución; y es sólo parte porque a veces hasta siendo igual o mejor que el rival no ganas, pero siendo menos listo e intenso que él es cuando, casi siempre, la pifias; eso es así en la Champions y en Octava Regional. El déficit de puntos de un inicio de liga muy desperdiciado sigue pesando como también pesa este último tramo foráneo triste en puntuación (las casualidades no existen) y que nos deja con más dudas de lo normal.
Capítulo aparte merece lo de la afición. Las estampas de las calles jerezanas sembradas de albiazules y de ese gol norte casi repleto a cientos de kilómetros de casa, en la cuarta categoría, en un partido no definitivo animando como pocas veces, todos garganta en mano, pese a lo que se recibía de abajo, echa más sal en la herida al mismo tiempo que llena de honra. Cuando el final merecía pitos allí se tragaron sapos e indignación para dar lo contrario, para volver a decirle al platel que por entrega y entusiasmo de la gente no va a quedar. Otra lección de fidelidad y de cariño, otro motivo para la exigencia, para que no se vuelva a fallar. Si alguno no sabía de verdad de qué iba esto quizás también esa lección la aprendió el domingo ya.
También te puede interesar
Lo último