Huelva necesita una red de 400kV para no perder el tren del hidrógeno verde

02 de marzo 2026 - 03:06

Huelva lleva años construyendo su camino hacia la transición energética. Tiene industria, tiene puerto, tiene renovables y tiene –sobre todo– proyectos que podrían situarla entre los grandes polos del hidrógeno verde en Europa. Pero la publicación de los nuevos mapas de capacidad de acceso de Red Eléctrica, el pasado 20 de febrero, ha puesto negro sobre blanco lo que muchos intuían: la electricidad, concretamente la red de 400 kV, es ahora mismo el gran freno del futuro industrial de la provincia.

Durante mucho tiempo, el debate giró en torno al suelo, a los permisos o a las ayudas públicas. Hoy el foco ha cambiado. La infraestructura eléctrica se ha convertido en la nueva política industrial, la que marca qué territorios avanzan y cuáles se quedan atrás. Y Huelva, pese a su potencial, está pagando la falta de capacidad en los nudos estratégicos que alimentan su área industrial y portuaria.

Actualmente la conexión eléctrica en el entorno industrial de Palos de la Frontera y Huelva es limitada o en concurso, según se recoge en el documento de REE publicado hace unos días.

Puede sonar técnico, pero la idea es sencilla: los grandes proyectos del hidrógeno verde –electrolizadores, e-combustibles, industrias electrointensivas– necesitan conectarse a 400kV. No hay alternativa real. La red de 220kV, además de estar prácticamente colapsada, no ofrece la estabilidad ni la potencia que exige esta nueva industria. Insistir en conectar allí estos proyectos sería, como dicen los propios industriales, “poner un parche donde hace falta una carretera nueva”.

En los papeles todo parece avanzar: nuevas subestaciones, refuerzos, infraestructuras planificadas. Pero la distancia entre estar planificado y estar en servicio es, en este momento, la misma que separa la oportunidad del riesgo. Mientras no se ejecuten las obras, la capacidad real sigue siendo insuficiente, por mucho interés inversor que exista, y a la nueva industria por venir no le vale con planificaciones, quiere realidades.

El ejemplo más claro es la subestación de Fresón, clave para asegurar el suministro del entorno industrial. Está contemplada, sí, pero no construida. Y su ausencia se nota: los proyectos no pueden conectarse a la tensión adecuada, los nudos siguen saturados y la industria no puede arrancar al ritmo que prometen los anuncios. En una carrera global, empezar más tarde significa, muchas veces, no llegar.

En Huelva tenemos experiencia entre planificación y realidad: la presa de Alcolea y el canal de Trigueros llevan más de 20 años en el Plan Hidrológico Nacional, todavía los estamos esperando. Esperemos que no pase lo mismo con la planificación eléctrica.

Huelva no reclama privilegios. Reclama coherencia. Si el hidrógeno verde y la transición energética son realmente estratégicos para España y Andalucía, la red eléctrica debe adelantarse a la demanda. No se trata solo de construir más potencia, sino de hacerlo a tiempo. De convertir los planes en realidad y de asegurar que cuando la industria esté lista, la red también lo esté.

Porque el riesgo ya no es tecnológico. Es estratégico. Y en un momento en el que media Europa compite por atraer industria limpia.

Huelva no puede permitirse perder ese tren, –bastantes hemos perdido ya– por falta de una infraestructura que debía llegar antes.

stats