El parqué
Álvaro Romero
Continúa la tendencia
Esto hoy va de números; como va todo en la vida, en la realidad. Con permiso:
UNO. El gol logrado por Caye el domingo, cuya celebración dice tanto que merece un capítulo aparte; intentaremos que sea pronto.
DOS. Las asistencias de Bernal en el último partido, el único fichaje, hasta hoy, que parece justificar las expectativas. Y que así siga.
CUATRO. Los minutos que se echó de siesta el equipo al final del duelo. Imperdonable. A los rivales hay que machacarlos cuando se puede por mil motivos (la diferencia de goles, que puede ser decisiva, entre otros). Mal los del césped y mucho peor el banquillo por no poner las pilas cuando debía. Hace falta colmillo, mucho colmillo, SIEMPRE. Y más estando donde estamos.
CINCO. Los movimientos -mínimo- que aún se esperan -que espero, vaya- este enero. Es ya la segunda semana del mes. Mí no entender, que diría aquél.
SEIS. Los puntos que nos separan del líder tras una primera vuelta raquítica. Sí, pienso lo mismo que usted: ay, con poco más en verano… y ay, que ahora toca último y penúltimo... Pues eso.
Y DIEZ. Este 2026 se cumple ya una década de aquella locura que estalló un 15 de marzo con lo del “último partido”, que siguió con una permanencia milagrosa/maravillosa gracias a una provincia y una ciudad volcadas para salvar un símbolo que recibió el cariño de toda España y que finalizó un 30 de junio tras días llenos de ilusión y miedo. A ver si queda claro: a nuestro Recre casi lo mata un tipo que ha sido lo más terrorífico que le ha pasado al Decano en toda su historia aunque se equivocaran muchísimo los que estaban antes que él y los que llegaron después. Que sí, que el dinero público gastado y tal, cual y Pascual. A mí me empezará a molestar esa pasta cuando se iguale la cantidad invertida en mi Recre, y en todo su entorno, a la de los CIENTOS Y CIENTOS DE MILLONES empleados, por ejemplo, en las mil y una reformas que se han hecho en dos décadas en un estadio durante años abandonado, que llaman olímpico y no lo es, y sobre el cual los mismos que lloran por el indispensable dinero de todos no dicen ni mú jamás. Es más, por lo que se gastan en observatorios, instituciones y otras entidades de auténtica hez con mis impuestos los ridículos y sectarios políticos de mi país, incluidos los impresentables pinganillos de traducción del congreso, a mí me faltan aún mil millones de dinero público invertido en el Recre, en su estadio, en Huelva y en su provincia. De ese barco no me baja nadie así pasen diez siglos más.
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