Daños colaterales en el Mobile
Antonio de Punta
Tras lo del domingo es difícil no escribir de Jero, de su exponencial crecimiento -a la par que el del equipo- y de ese paradón que puso a todos en pie; o de la pareja de centrales, que cuajó un partido ante la Minera quasi perfecto, de la garra de Miki o la mejoría de López. De la (posiblemente) mejor representación de Romero o de los minutazos de ese diamantito -y sin el diminutivo- llamado Vela. No se pueden obviar las filigranas de Aitor o ese otro gol de Caye que le sitúa un poco más arriba aún entre en los nombres históricos del Recre. Es complicado no alabar a un conjunto entero que ganó a un equipazo descarado, pequeño en nombre pero grande en fútbol con Checa al mando. Y es imposible no decir nada de Antonio, Antonio Domínguez; nuestro Antonio de Punta.
Este domingo el zurdo no marcó a balón parado, no partió telarañas ni embocó desde medio campo… ni falta que hizo. Como tantas otras veces los mejores pases salieron de él, los huecos imposibles los encontró él, los envíos teledirigidos de larga distancia -que a veces me recuerdan, con perdón y sin él, a cierto uruguayo- los logró el diez. ¿Que falla? Claro, porque es terrenal y también porque arriesga; y porque no es Pedri, caramba; ni Pedri creció junto al salitre de Punta Umbría, y eso que se perdió ese figura.
Cuando empezó a destacar de verdad aquí prefirieron a otros más insulsos y mucho menos comprometidos, hace casi dos lustros ya. Nada más volver vimos lo que nos perdimos tantos años y en el pasado más reciente jugó, porque hasta ahí le pusieron (haciéndole un flaco favor) de medio centro, y si le hubieran colocado de portero estoy seguro de que se hubiera colocado los guantes sin rechistar. Sus carreras en la banda celebrando los tantos de sus compañeros cuando calentaba banquillo dicen tanto de él como sus golazos o discursos maduros de capitán. Se quedó para devolvernos al sitio de donde nunca debimos marchar y, si le dejan, no va parar hasta conseguirlo.
Ahora él y los suyos tienen que poner otra pica en Jerez; que mira que allí hay arte, pero para arte, el que hay en Punta. Anda que no, ya me dirán
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