Análisis

Gumersindo Ruiz

No estamos en Europa para dudas

Europa es muy sensible a los conflictos por los desplazamientos de población, encarecimiento de la energía, y disrupciones en suministros que acarrea, de ahí que aunque no se implique en acciones militares en Irán y los ataques a barcos, intenta tener voz para frenar a Israel mediante una solución internacional impuesta. Esta voz ha sido muy débil y dividida, de ahí la oportunidad de que Irlanda y España, con Noruega, se hayan unido a los 100 países que reconocen el estado de Palestina. El terrorismo de Hamás no es Palestina, de la misma manera que Netanyahu y su entorno corrupto no son Israel, como no era antisemitismo las crónicas de Arendt, ni lo que dice la teórica del género y crítica del sionismo Judith Butler, que tiene que soportar, ella, educada en la más pura tradición judaica y víctima del nazismo, la ira de los sionistas a los que deslegitima. Al igual que las docenas de miles de admiradores de Butler se impacientan con su paciencia, ya es hora de discernir en el asunto de Israel y Palestina, y la oposición en España ha de mostrar si tiene alguna idea que oriente hacia la paz en la zona.

Más grave es el caso de Rusia, y las palabras de Emmanuel Macron en The Economist (4 de mayo) muestran una preocupación extrema por la amenaza militar, agresiones en fronteras, sabotajes, ataques informáticos, espionaje, y difusión de contenidos falsos. “Si Rusia gana la guerra de Ucrania no habrá seguridad en Europa”, dice Macron, pues apoyando a Rusia está China, y los que adoptan posiciones ambiguas fuera de Europa como extremistas republicanos en Estados Unidos, y dentro, en partidos populistas de Hungría, Eslovaquia, Italia, Francia, y España, entre otros; por eso es un alivio que el Rey haya mostrado tanta cercanía en la recepción a Volodimir Zelensky. El artículo que escribe el canciller Olaf Scholz (The Economist, 25 de mayo) coincide con Macron en lo fundamental, sabe que el apoyo a Ucrania no es popular cuando se habla de dinero que hay que pagar con impuestos, y de ahí lo importante de tener claro en qué nos afecta la guerra, y que la seguridad cuesta el 2% de lo que producimos; pero Alemania -dice Scholz- apoyará a Ucrania el tiempo que haga falta, cambia la constitución para dotar 100.000 millones de euros y modernizar su ejército, y pasa a la acción con una brigada de combate permanente en Lituania. Hay discusiones laterales como la implicación de la industria armamentista, y si Europa debe contar sólo con sus propios medios, o los de una comunidad política, que incluye prioritariamente a Reino Unido. Estas cuestiones encontrarán sin duda un nuevo ámbito de discusión y pactos en el Parlamento Europeo que se elija, por eso es importante escrutar los propósitos y voluntades concretas de los partidos, más allá de la retórica para agradar a algunos votantes, pues no estamos en un momento dulce, y como dice Macron: “Una civilización puede morir, las cosas suceder más rápidamente de lo que pensamos, y el final puede ser brutal”; algo que también advertía el finísimo Jorge Manrique a los que confían en que las cosas van a seguir estando más o menos igual: “No se engañe nadie, no/ pensando que ha de durar/ lo que espera,/ más que duró lo que vio/ pues todo ha de pasar/ por tal manera”.

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