"Yo sé cómo son los colores..."

Historias del Fandango

Cuarto capítulo dedicado a recordar a los artistas flamencos invidentes de la historia, con el que rememoramos a las cantaoras Niña de la Puebla, María la Sabina y Pepa la Calzona

Cantaores invidentes: La Ciega de Jerez

María la Sabina, en un fotograma de 'Rito y geografía del cante', de RTVE.
María la Sabina, en un fotograma de 'Rito y geografía del cante', de RTVE.
Miguel Ángel Fernández Borrero

16 de febrero 2024 - 05:00

NO los había visto nunca en su vida, porque tenía solo días cuando se quedó ciega a causa de un colirio mal aplicado. Pero decía saber cómo eran los colores, situar todas las cosas en orden o percibir cómo era una cara. Dolores Alcántara, la Niña de la Puebla*, nació en La Puebla de Cazalla en 1908 y fue una de las grandes cantaoras que protagonizaron el tiempo de la ópera flamenca, aunque se dedicara principalmente a los cantes que más demandaba el público, como sus famosísimos Campanilleros, los fandangos y los cantes de ida y vuelta..

Sobre su ceguera, Dolores expresó un pensamiento que definía su actitud: “Vivo mi vida sin envidia de los videntes. Sé que es una carencia, pero estoy tan hecha a ser como soy que siempre saco el jugo de la vida a mi forma. Yo siento el mundo maravilloso, porque asimilo aunque no lo vea; me doy cuenta de dónde estoy, respiro hondo y capto el ambiente muy bien”.

Tuvo siempre la capacidad de ver con los ojos del alma, que es un mirar profundo. Su vida la llenó el cante, el amor de su familia y la lectura. Así que su cerebro no pudo asimilar las imágenes sino por medio del tacto, el sonido y su emotividad. Desde pequeña, el cante fue su refugio.

Todo empezó por un fandango

En los comienzos de su carrera estuvo el fandango como la llave que le franqueó el escenario. Contaba ella que la afición al flamenco le empezó, precisamente, por un fandango de Paco Mazaco, que cantó en Morón cuando tenía veinte años. Fue la primera vez que le acompañó una guitarra, haciendo unos tercios muy valientes que gustaron mucho al público. Los olés que recibió la animaron tanto que por ahí se le despertó el gusto por el cante y los escenarios. Se corrió la voz por Sevilla de cómo cantaba la joven ciega y ahí empezó su carrera, debutando en el Salón Olimpia el mismo día que se proclamó la República, el 14 de abril de 1931, con veintitrés años. Por entonces, se hablaba ya de la Niña de la Puebla como de una gran figura. Con su voz tan delicada y aquella imagen de fragilidad, inspiraba ternura a los críticos, que se referían a ella como “la cieguecita Lolita Jiménez (Niña de la Puebla)”. Actuando en Sevilla, a comienzos de abril, declaró a los periodistas que sentía viva simpatía por la República, que se proclamaría justo diez días después.

Su cante por fandangos

El fandango es un palo que grabó con mucha frecuencia. De los de Huelva, o en su aire, los encontramos hasta en siete de sus discos. En 1935 grabó los Camperos de La Puebla, que encajan también en el compás y el aire huelvanos; en el de 1940 cantó una variante de Rengel; en el de 1941 recordaba los personales de Niño León, y ya en las grabaciones que realizó a partir de 1964 fue cuando se decantó claramente por variantes de Alosno, Valverde, Santa Eulalia, Paco Isidro y José Rebollo. También grabó sevillanas bíblicas alosneras.

“Era muy bonita…”

Juanito Valderrama, al que acogió como artista siendo un niño, la recordaba en su memorias diciendo que cuando la conoció Dolores “era muy bonita, una preciosidad, delgada, la nariz preciosa… Siempre con las gafas puestas, no parecía ciega”. Ya integrado en su compañía, llegaron un día a una fonda, su padre le dejó la maleta en su habitación y ella se dispuso a ordenar “cada cosa en su sitio, la ropa, todo, como si toda su vida hubiera estado en aquel cuarto. Inmediatamente se dio cuenta de dónde estaba el armario, el lavabo, la cama, la mesa de noche y fue colocando todo como si fuera su misma casa. Igual que una persona vidente; era inteligentísima. Me decía –cuenta Valderrama–:

Yo sé cómo es el color azul, y el color verde. Y también sé cómo es tu cara.

La Niña de la Puebla era una cantaora de cuerpo entero. Conocía todos los cantes y cantaba con una personalidad muy suya”. [1]

Carátula de un disco de La Niña de la Puebla.
Carátula de un disco de La Niña de la Puebla.

María La Sabina

María la Sabina fue una cantaora gitana nacida en Cádiz en el último tercio del siglo XIX, donde falleció en 1979. Su nombre era María Macías Moreno, y descendía de una familia de larga tradición flamenca. No fue artista profesional, pero su afición al cante fue muy valorada por los aficionados. Cantó con especial gusto y brillantez en las fiestas por bulerías, solares y fandangos por soleá, como los que dejó grabados en el programa de RTVE Rito y Geografía del Cante en 1971, que la hicieron ser conocida por los aficionados más allá de su ambiente gaditano. Fue madre del cantaor Santiago Donday y padeció ceguera de un ojo, probablemente a consecuencia de un accidente nunca contado. [2] .

María la Sabina, en un fotograma de 'Rito y geografía del cante', de RTVE.
María la Sabina, en un fotograma de 'Rito y geografía del cante', de RTVE.

La Calzona

Pepa la Calzona fue una bailaora gitana de Triana, de nombre Josefa Filigrana Moreno, que nació en 1903 en el seno de una familia gitana cuyo padre, fragüero, se dedicaba a fabricar herraduras para las caballerías y su madre trabajaba en la Fábrica de Tabacos. Es tradición en Sevilla que la familia Filigrana se dedicó a fabricar palillos o castañuelas. Se casó siendo todavía muy niña y su marido murió en la Guerra Civil.

Se aficionó al baile en las fiestas familiares de los casamientos, bautizos y comuniones de los corrales trianeros, en las tabernas de la Cava. Bailaba porque desde muy niña le salía esa gana de bailarle a su padre cuando cantaba. Cantes sin guitarra por aquella época: soleares, seguiriyas, bulerías, fandangos... Y bailaba por tangos con un embrujo especial que recordaba las maneras antiguas de bailar las gitanas.

Era celebrada en su barrio, pero se dio a conocer al gran público en un capítulo de la serie Rito y geografía del Cante, de RTVE, y del espectáculo Triana Pura, a comienzos de los años 80. Cristiana como casi todos los gitanos de su barrio, Pepa se encomendaba a su Cristo todas las noches: “¡Ay, Dios mío de mi alma, dame suerte, que me güerva la vista!”. Y que se produzca un milagro y pueda volver a Triana –pidiendo un imposible en sus oraciones–, porque a Pepa La Calzona, como a la gente que vivía en los corrales y que fueron ¿expulsados? de su hábitat trianero en los años 50, para reubicarlos en polígonos de la periferia de la ciudad, la arrancaron de su ambiente y ni ella ni su Triana volvieron ya nunca a ser lo que fueron. En mayo de 2023 le dedicaron un homenaje para recordarla. [3].

Cartel del festival en memoria de La Calzona
Cartel del festival en memoria de La Calzona

(Continuará).

(*) Nota: A la Niña de la Puebla ya le dedicamos dos capítulos en esta serie de Historias del fandango, los días 12 y 19 de junio de 2022.

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