Rocío Jurado, cantaora de fandangos

Para el mundo, Rocío Jurado fue la polifacética artista española que dio brillo a todo lo que hacía con la fuerza extraordinaria de su voz, su imagen y su personalidad

4. Rocío Jurado, con Onofre López, al que le unió una gran amistad.
Miguel Á. Fernández Borrero

02 de enero 2026 - 03:42

"LA más grande”, como se le llamó desde Italia, cantando canción española, baladas, temas de la música sudamericana o flamenco. Fue considerada la “voz femenina del milenio” en Nueva York. Y en lo personal fue una mujer moderna, adelantada a su tiempo en cuestiones sociales, y con una actitud decidida y valiente. Desde su conciencia de libertad, la liberación de la mujer le debe reconocimiento a aquella Rocío que cantaba letras y vestía ropas elegantes y atrevidas que derribaban tópicos y prejuicios y derretían con su sensualidad a los más recalcitrantes. Hasta 150 discos de oro y 63 discos de platino dan idea de lo que logró. Y muchos, muchos reconocimientos más, como la Medalla de las Bellas Artes y al Mérito del Trabajo. Lady España, segunda como Lady Europa, el Trofeo América a la mejor voz latina, una estrella y un día dedicado a ella en Miami, hija predilecta de Cádiz… y un sinnúmero más de reconocimientos.

Por el fandango empezó

Todo lo flamenco que cabía en un espectáculo lo cantó Rocío. Pero aquí nos interesa como cantaora de fandangos, que también lo fue, y con una personalidad muy poderosa. Por ahí comenzó su carrera, precisamente: por el fandango de Huelva.

En una entrevista para el diario Odiel en 1966, viviendo ya en Madrid, Rocío manifestaba que no conocía Huelva, pero que le gustaba y que la llevaba dentro [1].

1. Odiel, 9 julio 1966.

–La afición onubense es muy especial con sus fandangos. ¿Crees que gustan los que tú cantas? Y ella respondía con la lógica de los hechos: [2].

2. Odiel, 9 julio 1966.

(Una anécdota. La madre de la artista, presente en la entrevista, dijo al periodista que Rocío acababa de cumplir 19 años. No podía ser; eso significaría haber nacido en 1947, cuando la realidad era que nació en 1943. Tenía 23. Se quitaba años).

Cuando llevaba ya grabados dieciocho discos [3], en la mayoría de ellos había aires de Huelva. En el verano de 1966, estaba preparando una grabación de villancicos de Huelva, “que serán con música de fandangos, algo nuevo que espero sea recibido con agrado”. Cerca de cuarenta años después, en 2004, también tenía preparados unos villancicos, Navidad en la Rocina, que le había compuesto Onofre López, pero la aparición de su enfermedad dejó el proyecto sin hacer [4].

3. Carátula del primer disco de Rocío Jurado, 1962.

Cuando actuó en la capital onubense por primera vez, en 1968, ya llevaba varios años de una carrera espectacular, pero todavía seguía siendo el fandango para ella lo que el público le demandaba: “Mi número fuerte son los fandangos de Huelva. Me gustan, los siento”, dijo en la entrevista al periodista Ike Seijas, de Odiel. Seis años antes, en 1962, ya había ganado un premio en el I Concurso Internacional de Arte Flamenco de Jerez, precisamente cantando fandangos de Huelva. ¿Y cómo fue que la chipionera había tenido ese contacto con el fandango sin haber visitado Huelva? [5].

5. Odiel, 23 febrero 1968.

Después de la actuación de Huelva le aguardaba una amplia tourné que mostraba la amplitud de su fama: Francia, Argentina, Chile, Perú, Uruguay, Brasil, Méjico… Su público eran todos los públicos, porque igual cantaba flamenco que canción española, que canción moderna: unas bulerías, una ranchera, un blues, un romance… Todo lo cantable: [6].

6. Odiel, 23 febrero 1968.

De nuevo en Huelva

Rocío volvió a Huelva en febrero de 1968, con un espectáculo titulado Rosa y aire, en el que la base de su actuación eran las coplas andaluzas. Espectáculo de cante y baile con Enrique Montoya y el ballet de Ángel Pericet como artistas principales [7].

7. Odiel, 22 febrero 1969.

Espectáculo que fue un éxito rotundo, según la crónica, donde no faltaron sus fandangos de Huelva –¡cómo no!–, el cante que unos años atrás le había dado el triunfo y la fama.

La infancia perdida

¿A costa de qué triunfa una cría en el mundillo de la música y el espectáculo? A costa de renunciar a lo que es propio de la adolescencia: al juego, a vivir con otros chiquillos, a la calle, al ambiente de los escolares. “Yo no tuve la niñez que tiene todo el mundo, en que se sale y se entra con las pandillas de amigos, de tontear con los niños… A todo eso renuncié por la canción… Pero volvería a renunciar a mi adolescencia porque yo, aparte de la vocación, me imponía la obligación de sacar adelante a mi familia”.

Por esa niñez perdida, quizas, recordaba tanto y siempre a su Chipiona no vivida. Cuando triunfó clamorosamente en el Madison Square Garden de Nueva York, ¿se acordaba de su pueblo?, le preguntaba el periodista. “Cuando salí a cantar, delante de veintidós mil personas, que era cuatro veces la población de Chipiona; antes de empezar a cantar me veo a la sala puesta en pie, aplaudiendo. Creí que alguien importante de Estados Unidos venía detrás de mí y yo no lo había visto. Miré para atrás y no vi a nadie. Entonces me di cuenta de que los aplausos eran para mí”.

(Continuará).

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