Crítica de Cine

Al hombre se le rompió el saco

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Al hombre se le rompió el saco

Afortunadamente a veces los malos pierden y los buenos ganan. En la historia esto tiene consecuencias decisivas que en el cine, afortunadamente, son mucho menos graves. Pero no por ser menos letales los efectos de las malas películas deja de producir satisfacción que a veces no logren hacer pasar su gato por liebre. Y en el caso de Slender Man lo que se sirve es gato viejo y correoso. Por lo que ni los paladares más endurecidos por los atracones de películas de superhéroes y supervillanos, o -lo que es peor- por el terror gore con variados apellidos (creepy, torture porn, slasher, splatter, etc.), han podido digerir este bocado basado en un personaje perteneciente al universo de las leyendas urbanas de terror nacidas a través de pequeñas historias en los portales de Internet (creepypasta les llaman). Y se ha estrellado. En buena hora.

Sordidez de diseño, miseria y suciedad de mentirijillas, ruina humana propia de lo que en Estados Unidos se llama basura blanca, padres estúpidos, hijas imbéciles y una delgada presencia asesina y monstruosa que se aparece al ser invocada escapándose de las redes y circulando por portátiles y móviles (las largas sombras de The Ring, Candyman y tantas otras, además de los cuentos del hombre del saco) son los trillados ingredientes de esta mala película que supone el salto fallido a la pantalla del personaje creado por un tal Victor Surge en las redes. Dirige este artefacto Sylvain White, un realizador televisivo y cinematográfico condenado por su filmografía: Atrapado por el sexo, Sé lo que hicisteis el último verano 3 o Los perdedores.

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