Crítica musical

Un arte con gusto sublime

  • El Festival Internacional de Música de Cámara de Isla Cristina se confirma en su tercera edición como apuesta cultural de prestigio en la provincia

En verano, la gran música resurge para regocijo de la provincia de Huelva. Tenemos la suerte de escuchar instrumentistas de experiencia caudalosa. Isla Cristina y su festival de música de cámara abre horizontes en la cultura onubense con una programación de conciertos que están sentado precedente en nuestra tradición.

Incentivo el de poder asistir a gran repertorio barroco en un formato esencial. De hecho, las partituras mantuvieron su calado en una plantilla de siete instrumentistas. El Settecento se asomó con toda la gracia y el brillo a un teatro cuyo aforo se mostraba expectante al comenzar este tercer Festival: Corelli, Vivaldi y Albinoni fueron una insuperable inspiración que perfilaba muy bien Suyeon Kang, la violinista-directora que obtuvo lo mejor en los conciertos solistas; de los que subrayamos el segundo movimiento del opus 3 nº 9 de Vivaldi y el Primero del opus 9 nº 4 de Albinoni. Estupenda conjunción la de la Orquesta Barroca de Sevilla en el concerto grosso de Corelli y la sonata de Albinoni, muestra altísima de las mejores escuelas. Cierto es que el espíritu del Barroco nunca deja de sorprender al oyente con sus profundos tesoros. La velada inaugural era todo un ejemplo.

Unidos para la solidaria causa contra enfermedades, los Jóvenes Talentos Andaluces mostraron lo mejor de su quehacer. Primero, un tándem camerístico que defendió partituras del Romanticismo y el siglo XX en versiones fluidas y ricas tímbricamente que conectaron de inmediato con la sensibilidad del público.

Carla Román afrontó en solitario obras pianísticas que son una hermosa cabecera de recitales; el sello venía con géneros de Chopin, que prestigian el contenido de un concierto, acompañados de piezas más trascendentales, algo que la intérprete aprovechó haciendo una lectura de emociones a flor de piel. Con esta joven pianista nos convencimos de que la gran música es un campo sin límites ante el que debemos ser receptivos. Añadimos el acierto de contar con promesas en los festivales, pues se crea afición desde edades muy tempranas. El futuro irá consolidando este caminar.

Característica del Festival es agrupar a intérpretes de trayectoria internacional que trabajan con otros músicos y directores de orquesta. Fruto de ello, el Ensemble Insula. La sinergia es extraordinaria en programas que alternan obras célebres con piezas específicas. Jugosa sonoridad la ofrecida por este cuarteto que adentraba al auditorio con el arreglo del Adagio de Barber, cuyo envolvente drama no deja impasible. La presencia de Puccini era un viraje en preparación a una de las obras camerísticas más nombradas de Joaquín Turina, desgranada con noble compromiso. Y en Schubert se culminó el encuentro de estos solistas en una interpretación reflexiva y palpitante, donde cada frase parecía el tú a tú de palabras transformadas en música. Éste es el aporte de madurez que define la idiosincrasia de un festival de música de cámara.

Estreno con Los colores primarios, de la compositora isleña María José Arenas: un abanico que interpelaba al oído exaltando el lenguaje del siglo XX; Verde, con un sereno piano que daría entradas por turno al quinteto; Amarillo, rico en temas y recursos; y Café, en el que un acorde penumbroso era el alma de lo contemporáneo. Mozart fascinó con frescura y claridad de voces (bellísimo sonido en Kang); Andante óptimo cuando el segundo violín unía las secciones y un Finale cuya fértil sección interna estaba matizada con mimo. Sibelius de aire contemplativo donde la luz se hacía música. Y con Dvorak, el apogeo: Allegro desarrollado concienzuda y brillantemente hasta la cumbre; Dumka genial, cuyo tema cantado por el piano acababa como una cajita de música; excelente el pizzicato del Scherzo y un Finale que tras cierta ansiedad se liberaba en el canon.

Aplaudimos la labor de Mundoarte por haber puesto en pie este gran proyecto. Y los melómanos de la provincia son optimistas en la continuidad de la música de cámara: la Costa de la Luz se ha vuelto a nutrir con este Festival.

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