Historias del Fandango

El aprecio de Antonio Chacón por Huelva

  • El conocido como ‘emperador del cante’ declaró su aprecio a Isla Cristina “con más afecto que a ninguna otra tierra”, después de su Jerez natal. Su relación con Huelva debe recordarse sin recelos

Antonio Chacón con Ramón Montoya.  Foto de Mundo Gráfico, 06-02-1929.

Antonio Chacón con Ramón Montoya. Foto de Mundo Gráfico, 06-02-1929.

EL emperador del cante, que así se le conocía, despreció al fandanguillo, como ya hemos tratado en anteriores artículos, porque no lo consideraba ni tan siquiera cante flamenco,  y esa descalificación, junto a la no menos corrosiva de la Niña de los Peines, dejaron un poso contra el cante huelvano que sigue dando la impresión, un siglo después, de que aún no se ha superado del todo. No hay más que salir de la provincia y testar algunas valoraciones que se hacen en otros ámbitos flamencos andaluces para comprobar el desconocimiento y el prejuicio que todavía perviven sobre nuestros fandangos.

En El Heraldo de Madrid aparece la última entrevista que le hicieron a Chacón y que se publicó días después de fallecer, en la que volvía sobre el fandango y se refería a un tal “Manuel Urzaiz”, que podría ser un lapsus de memoria y haber querido referirse a José Pérez de Guzmán y Urzaiz [1].

El Heraldo de Madrid, 14-02-1929 El Heraldo de Madrid, 14-02-1929

El Heraldo de Madrid, 14-02-1929

Pero Chacón tuvo una relación muy afectuosa con Huelva y conviene recordarla sin recelos. Esta tierra jugó un papel muy notable en los comienzos de su carrera. Cuando tenía 16 ó 17 años, emprendió una aventura con los hermanos Antonio y Javier Molina, que partieron de gira desde Jerez, en tren o en burro, y actuando por  varios pueblos de la provincia hasta llegar a la capital, donde les acogió Salvaorillo, veterano cantaor discípulo de Silverio que “entusiasmado por las facultades y el estilo de Chacón estuvo todo un mes aleccionándole”, dice la biografía de Julián Pemartín. Le dió lecciones de soleares, seguiriyas, polo y caña. Lo cual supuso para aquel mozalbete una verdadera enseñanza de los cantes básicos. (No sabemos si le enseñaría también los fandangos, que Salvaorillo cantaba con aires seguiriyeros plenos de jondura, según se dice). Chacón recordaría con verdadero afecto aquella gira, en la que tan bien tratado fue por tierras huelvanas [2].

Recorrido que efectuaron los tres jerezanos buscando ganarse la vida con el flamenco siendo todavía muy jóvenes, allá por los años 1886 o 1887 . Recorrido que efectuaron los tres jerezanos buscando ganarse la vida con el flamenco siendo todavía muy jóvenes, allá por los años 1886 o 1887 .

Recorrido que efectuaron los tres jerezanos buscando ganarse la vida con el flamenco siendo todavía muy jóvenes, allá por los años 1886 o 1887 .

Muchos años después, el maestro recordaba cómo desde la capital viajaron a la costa, a la industriosa Isla Cristina, que tenía un ambiente flamenco importante y donde permaneció unos meses ganando buen dinero y amigos. Y arraigando afectos [3].

El Defensor, 24-07-1923 El Defensor, 24-07-1923

El Defensor, 24-07-1923

Un completo innovador

En 1893 visitó de nuevo la capital para cantar en el Teatro Colón con el acompañamiento de Paco del Águila, pero ya convertido en figura superior del cante; revolucionaria por lo que cantaba y por su presencia en el escenario, porque Chacón rompió con todos los moldes. “El señor Chacón, a más de una persona fina y presentable en el proscenio de un teatro, es un verdadero artista que siente y expresa el arte; es, en fin, una notabilidad en el género andalúz”, decía la crónica del diario La Provincia [4].

La Provincia, 02.05.1893 La Provincia, 02.05.1893

La Provincia, 02.05.1893

Nada tenía que ver la presentación escenográfica, su cante, su actitud personal con el ambiente habitualmente ordinario y chabacano que había en los cafés cantantes. Chacón fue un innovador y un revolucionario, tanto en los cantes como en las formas, con una personalidad que irradiaba elegancia. En aquel espectáculo, mixto con concierto de guitarra, cantó un surtido de sus malagueñas y cartageneras. ¿Y las seguiriyas, y las soleares? También las cantaba, porque Chacón lo cantó todo, pero él tenía una conciencia clara de lo que atraía al gran público de los teatros... y también de que sus mejores registros no eran, precisamente,  los cantes considerados jondos. A finales del siglo XIX, el flamenco estaba migrando de los tablaos a los escenarios, de los cafés cantantes a los teatros.

El afecto por Huelva

Su consideración hacia Huelva queda reflejada en estos extractos de la entrevista firmada por “Maese Langostino”, en El Defensor, en 1923, cuando actuó en el célebre Concurso de Cante Jondo [5]. En 1892 actuó también en un café cantante de la capital y así lo recordaba en 1923 [6].

El Defensor, 24-07-1923 El Defensor, 24-07-1923

El Defensor, 24-07-1923

El Defensor, 24-07-1923 El Defensor, 24-07-1923

El Defensor, 24-07-1923

Cuando escuchó cantar a Rengel

En otra de las ocasiones en que actuó en Huelva, mientras estaba en los camerinos escuchó cantar a un chiquillo de cuyo eco se prendó: era Antonio Rengel, del que toda la afición estaba tan enamorada como enamoró esa vez al maestro, y le hizo repetir para escucharlo en su presencia.  Otra vez, le presentaron para que le cantara al tan extraordinario como desconocido cantaor onubense José Muñoz ‘El Feo’ y al finalizar le dijo: “¡Pero, hombre... ¿Cómo tienes las manos así -manos encallecidas, de obrero-, cuando podías ganar mucho dinero y ser figura del cante?!”.

También fue Chacón el artista moderno que se acogía a las nuevas fórmulas de publicitarse, como en este anuncio de unas pastillas para la garganta que llevaban mentol y cocaina [7].

El Noticiero Sevillano, 20-01-1906 El Noticiero Sevillano, 20-01-1906

El Noticiero Sevillano, 20-01-1906

Antonio Chacón fue el cantaor que sacó al cante del cuarto de las tabernas y dio nueva vida al flamenco; el que ganó cuarenta mil duros de entonces grabando cilindros con sus cantes, el que cantaba en selectas fiestas para la nobleza y se hacía escuchar por reyes y aristócratas. Y el que descubrió que en Huelva había una afición flamenca tan de primer orden como en otras ciudades andaluzas.    

La próxima entrega: El olvidado Cojo de Huelva.

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