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Cultura

Jorge Grundman, de la 'Movida' a la ópera

  • Junto a la soprano Susana Cordón, el Cuarteto Brodsky graba para el sello inglés Chandos 'A Mortuis resurgere', un oratorio original del autor madrileño

Grundman: A Mortuis Resurgere. Susana Cordón, soprano. Brodsky Quartet. Chandos (Sémele Music).

En su web oficial se define a sí mismo como "escritor de música" y no como "compositor". Y lo justifica así: "Es que habiendo gente tan valiosa que ha sido capaz de crear música de la nada, de la forma pura, incluso a base de silencio, creo que lo mío no tiene el mismo rango. Yo necesito tener un mensaje que transmitir desde la melodía. Sin melodía no soy capaz de crear una estructura musical. Por eso, prefiero llamarme escritor de música. No tengo el don de imaginarme una música hecha para explorar un nuevo territorio de sonoridades o texturas sin más... Tengo que contar algo, una historia".

La carrera musical de Jorge Grundman (Madrid, 1961) es desde luego cualquier cosa menos convencional. Con unos compañeros de COU creó a finales de los años 70 Farenheit 451, un grupo que tendría notable significación en la Movida madrileña. "Yo estudiaba entonces en el Conservatorio, pero teníamos necesidad de hablar de la música de otra manera. Otros veían aquello como un modo de expresión o de reivindicación de una cultura. O vendían sólo una imagen. Nosotros lo veíamos como una forma de disfrutar de la música. Nos la planteamos muy en serio. Ensayábamos muchísimo. Nuestro estilo no se parecía a nada de lo que había en la movida. Eso nos hizo ser singulares y nos abrió las puertas del mercado discográfico". El grupo pasó a llamarse Trópico de Cáncer y fichó por el sello Virgin en 1983. "El mercado del disco me rompió el sueño romántico. Nuestra música pasó a ser un simple producto, así que corté con aquello". Pero la música seguía ahí: con un sintetizador y un grabador de cuatro pistas empezó a trabajar en la síntesis electrónica, dejando algunos de los primeros ejemplos en España de lo que luego sería conocido como new age.

"Esa vía también se me quedó pequeña. Entré entonces en contacto con el violinista Ara Malikian, que me impulsó a componer para él. Era el año 2002, y desde entonces empecé a tomarme la música de otra manera. En 2003, escribí los tres tríos de cuerdas, que considero casi mis primeras obras musicales". Vino luego la creación de un sello discográfico, Non Profit Music, que se convirtió en fundación. "Yo colaboraba con Médicos Sin Fronteras desde el año 96, y prácticamente todo lo que ganaba con la música iba a esta organización o a Medicus Mundi, de modo que la fundación fue el modelo más adecuado para hacer todo esto desde la legalidad". Non Profit Music acaba de cumplir diez años con unos números que lo llenan de orgullo: "Hemos reunido cerca de 10.000 espectadores en los 23 conciertos que hemos organizado no sólo en Madrid, sino en otros auditorios españoles. Tenemos publicados 15 discos que han recibido nominaciones y premios nacionales e internacionales. Pero lo más importante es haber podido trabajar con grupos como el Cuarteto Brodsky y el Trío Arbós, con solistas como Daniel del Pino o Susana Cordón".

Hace unas semanas apareció en su propio sello un disco con sus Sonatas para violín y piano interpretadas por Vicente Cueva y Daniel del Pino y el próximo miércoles se presenta en Madrid un cedé registrado por la soprano Susana Cordón y el Cuarteto Brodsky en el sello británico Chandos con A Mortuis Resurgere (La resurrección de Cristo), un oratorio escrito en el año 2013 para ser presentado en forma de doble espectáculo junto a las 7 últimas palabras de Haydn. "Partí de la versión que hizo José Peris Lacasa de la obra de Haydn, que es para mezzo y cuarteto. Incluso me puse en contacto con él, y le pareció genial. Yo partí del punto donde lo deja Haydn, el terremoto tras la muerte de Cristo, de modo que las dos obras podían verse como un díptico para la Semana Santa: un día se interpretaba la obra de pasión de Haydn y al siguiente, mi obra sobre la resurrección. Desde el principio tuve claro que quería escribir la obra en latín, que es el idioma de la iglesia, pero tuve dudas sobre su contenido: al final opté por usar directamente el evangelio de San Juan. Y es curioso, porque investigando me di cuenta de que no hay en toda la literatura musical un oratorio sobre la resurrección que use exclusivamente el texto evangélico como hago yo".

La obra, escrita para iglesias de la diócesis de Madrid, se presentó también en Bilbao y en la Parroquia del Salvador de Sevilla en interpretaciones del Cuarteto Habemus y Susana Cordón, pero rápidamente se interesó por ella el Brodsky. "Habíamos grabado juntos mi God's Sketches, y casi se molestaron por el hecho de que yo, por no abusar de su amistad, no les hubiera mandado esta obra. Les encantó y les pareció que les venía especialmente bien, porque en su repertorio llevan la obra de Haydn y también Las siete palabras de José Luis Turina, así que la propusieron al sello Chandos, y este es el resultado".

Mientras sigue escribiendo obras camerísticas, Jorge Grundman lleva seis años embarcado en la idea de hacer una ópera de Cinco horas con Mario de Miguel Delibes. "Estoy ahora con el libreto. Conseguí el permiso de la familia Delibes y de la agencia de Carmen Balcells. Hay un teatro interesado en el estreno, pero aún no puedo decir cuál es. Será un proyecto orquestal, pero siempre dentro de mi estilo". Un estilo tonal, como el de los compositores que produce y difunde desde su sello, Nikolai Kapustin, Gerald Finzi, Elena Kats-Chernin, Marjan Mozetich, Kurt Atterberg, Vladimir Martynov, Giovanni Sollima, Vakhtang Kakhidze..., eso que él ha llamado música consonante. "No me refiero a la acepción armónica del término. Hablo de poner en consonancia a compositor, intérprete y audiencia, es decir, lo que era la música antes de los postulados de Adorno. Tras la Segunda Guerra Mundial las vanguardias hicieron evolucionar muchos aspectos de la música, pero con el alto coste de que acabaron haciendo música elitista, para entendidos, y eso ha hecho mucho daño a la relación entre los compositores y el público. No es una guerra entre consonancia y disonancia. Hay mucha música actual que se maneja entre ambas categorías con absoluta naturalidad: pienso en obras como Las campanas de Henio Eller o en Schubert Blues de Elena Kats-Chernin. Por otro lado, el XX es el siglo en el que más música tonal se ha escrito de la historia. Y yo siempre pongo un ejemplo: imaginemos que Beethoven no hubiera compuesto su Sinfonía Pastoral y la escribiera un compositor actual, ¿no sería legítimo disfrutar de esa música maravillosa?".

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