Ponce informa a sus lectores onubenses de una venta que escandalizó a Europa

Crónicas de otra Huelva

El periodista hace una advertencia a sus seguidores de Diario de Huelva sobre el peligro de legalizar o normalizar fórmulas afectivas carentes de compromiso

Una esclava. / M.G.
José Ponce Bernal / Felicidad Mendoza Ponce

Huelva, 09 de febrero 2026 - 05:00

El comentario

EL ESCÁNDALO COMO ARGUMENTO PERIODÍSTICO

El artículo de Blanqui-Azul plantea una crítica mordaz a la concepción contractual y utilitarista del matrimonio, utilizando un suceso llamativo —la supuesta venta de una esposa por dos pesetas— como detonante narrativo. El periodista no se limita a relatar el hecho, sino que lo presenta como síntoma de una degradación moral: la reducción del vínculo conyugal a una transacción económica. La ironía reside en que el episodio ocurre en Austria, país al que se atribuye una alta cultura y un respeto tradicional hacia la mujer, lo que intensifica el contraste entre la imagen idealizada de la civilización europea y la persistencia de conductas que el autor considera propias de sociedades primitivas.

Para sostener su crítica, el autor recurre a diversos recursos retóricos. Destaca el uso constante de la ironía y el sarcasmo, visibles en términos como “mercancía” o “ganga”, que imitan el lenguaje comercial para evidenciar su brutalidad aplicada a las relaciones humanas. Asimismo, emplea comparaciones provocadoras, como la alusión al “gitano” y la referencia al deán anglicano de San Pablo de Londres, con el fin de desmontar prejuicios y subrayar que la hipocresía moral no es exclusiva de los márgenes sociales, sino que alcanza a instituciones respetables y figuras de autoridad. La exageración deliberada y el tono sentencioso refuerzan el carácter satírico del texto.

El impulso que mueve al periodista a contar esta historia parece ser una voluntad de advertencia y denuncia dirigida a sus lectores. Más allá del hecho anecdótico, el autor pretende reflexionar sobre el peligro de legalizar o normalizar fórmulas afectivas carentes de compromiso, ya sea mediante la venta literal de una persona o mediante contratos matrimoniales temporales avalados por el Estado. El artículo busca, en última instancia, provocar indignación y reflexión, señalando que la diferencia entre ambas prácticas no es moral, sino meramente económica, y alertando sobre una modernidad que, bajo apariencia de progreso, puede encubrir formas renovadas de barbarie.

Un señor marido acaba de vender a su esposa por dos pesetas. Y no crea el lector que quien vendió a su mujer en tan bajo precio ha sido un gitano, capaces, según la fama secular de que disfrutan, de vender, ya no su mujer, sino su propia alma; no.

Este reflejo atávico de lo que esa práctica corriente y habitual entre los pueblos primitivos, se acaba de registrar en un país de alta cultura y cuyos pobladores han dado reiterados ejemplos de su respeto hacia la mitad más bella del género humano, como es Austria.

Recorte vende mujer por dos pesetas. / M.G.

Pues según las informaciones periodísticas que hemos leído, un zapatero de Kied (sic) advirtiendo que ya no sentía hacia su esposa el amor que le impulsó a casarse con ella, decidió liquidar el pacto matrimonial a fin de ahorrarse las molestias y dilaciones del expediente de divorcio, acordó venderla.

Para ello ofreció la “ganga” a un amigo suyo y después de mucho regatear, convinieron en que este se quedaría con ella por el precio de dos pesetas.

Claro es que la “mercancía” al enterarse promovió un escándalo tremendo merced al cual se produjo la intervención de la policía, frustrándose así la venta.

Justo es reconocer que en esto el zapatero austriaco es más franco que el deán anglicano de la catedral de San Pablo de Londres, quien en un libro puesto a la venta en estos días propone que se introduzca una nueva forma de matrimonio para uso de personas que no quieran comprometerse con votos de fidelidad perpetua, fórmula que tendría el carácter de contrato limitado, valedero por un breve período de tiempo, rescindible de común acuerdo y que será reconocido por el Estado.

¿Qué diferencia existe en realidad entre la fórmula inglesa y la práctica austriaca?: Si acaso hay alguna será tan sólo la que suponga el precio de los respectivos contratos.

Blanqui-Azul

Diario de Huelva, 21 de septiembre de 1930

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