María Canea, madrina del Patio de Amor, reparte ilusión y regalos entre los niños hospitalizados del Juan Ramón Jiménez
La bailaora, madrina del mes de marzo, llegó con decenas de juguetes y materiales para los más pequeños ingresados
El Patio del Amor, galardonado con el Premio Onubense del Año 2025 por sus valores humanos: "Nos acordamos de todos esos niños que ya han podido disfrutar de este espacio"
El Patio del Amor es un soplo de aire fresco para los niños y niñas ingresados en el Hospital Juan Ramón Jiménez. Este espacio elige cada mes una madrina o padrino para darle difusión a ese proyecto, y este marzo ha sido el mes de la bailaora María Canea. Lejos de contentarse con solo llevar el título de madrina, la sanjuanera ha movilizado a todo un ejército solidario para repartir ilusión y regalos entre los más pequeños. "No podíamos con todas las cajas de las cosas que llevamos", asegura la bailaora.
Desde lápices de colores hasta bicicletas. Canea se presentó en el complejo hospitalario cargada de regalos para los niños y niñas hospitalizados, pero no lo hizo sola. Su implicación ha ido mucho más allá de un gesto simbólico y se ha convertido en una pequeña cadena de solidaridad que ha unido a alumnos, familias y amigos de sus escuelas de baile de Moguer y Villarrasa, que se volcaron para aportar lo que pudieron y llenar de juguetes y materiales el Patio del Amor. "Todos aportaron algo, lo que pudieron y sumaron su granito de arena" para lograr arrancar sonrisas a quienes pasan sus días entre paredes de hospital.
Como la mañana del Día de Reyes, el Patio del Amor se llenó de risas y nervios al ver los juguetes. Pequeños correteando con la boca abierta hacia las llamativas cajas de colores explorando todas las opciones. Durante un momento, las batas, las pruebas y las largas horas de ingreso quedaron en un segundo plano para dejar paso a lo verdaderamente importante: jugar, descubrir y volver a sentirse simplemente niños. Un instante de normalidad que, para muchas familias, supone un pequeño respiro dentro de la dureza que implica una hospitalización infantil. "Tenía todo el tiempo a mi hija en mente", confiesa María Canea todavía emocionada por la visita al hospital, que ha vivido con "un nudito en el estómago, es que en realidad todo lo que demos y todo lo que aportemos nunca será suficiente porque las horas aquí se hacen muy largas". Aun así, asegura que ver la reacción de los pequeños compensó cada esfuerzo realizado para organizar la recogida de regalos.
El Patio del Amor también ha sufrido el desgaste tras el último tren de borrascas que ha cruzado la provincia. "Todo se rompe, todo hay que mantenerlo", asegura la bailaora que ha logrado con este gesto solidario llenar de vida un espacio pensado precisamente para ofrecer un respiro a quienes más lo necesitan. Un rincón que, gracias a iniciativas como esta, sigue renovándose para que los menores ingresados puedan disfrutar de momentos de juego al aire libre.
Este espacio permite dar cierta normalidad a las hospitalizaciones permitiendo a los menores poder salir a jugar como lo que son, niños que deben experimentar y disfrutar de su infancia todo lo que puedan. Un pequeño oasis dentro del hospital donde las risas sustituyen por un rato a la preocupación y donde cada juguete se convierte en una chispa de alegría en medio de días difíciles. Porque, entre tratamientos y batas blancas, también hay lugar para la esperanza, la imaginación y la infancia.
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