Marcela Valencia: cruzar el océano sin perder la raíz
Trinchera Sonora
La cantautora colombiana afincada en Huelva presenta ‘Moneda de cuero’, un single que fusiona pop-rock, country y raíz latina para hablar de desamor y dignidad
Mudarse de país es una forma de vértigo. Cambiar de acento, de calles, de luz. Aprender a leer los silencios de otra gente, a entender otros códigos, a empezar de nuevo cuando ya no eres una promesa sino alguien con historia. Pero hay algo que no se empaqueta en ninguna maleta: la identidad. Esa moneda íntima que no se devalúa aunque cambies de continente. Marcela Valencia sabe bien de eso. Y desde esa certeza nace Moneda de cuero, su nuevo single, una canción que habla de engaño y desamor, sí, pero también de dignidad, de carácter y de saber quién eres cuando todo alrededor cambia.
Cantautora colombiana afincada en Huelva desde hace apenas un año —tras una trayectoria sólida en Latinoamérica y dos discos grabados en Ecuador— Marcela atraviesa un momento especial: madurez artística y nuevo comienzo vital. No es una artista que esté empezando, aunque esté empezando otra vez. Y esa diferencia es importante. Aquí no hay ingenuidad, hay experiencia. No hay ansiedad por demostrar, hay convicción.
Moneda de cuero parte de una expresión popular colombiana —“más falso que una moneda de cuero”— para construir una historia de traición narrada con ironía y temple. No hay dramatismo exagerado ni victimismo impostado. Hay lucidez. Hay una sonrisa ligeramente torcida que dice: ya te vi venir. Y en esa manera de contar el desamor sin llorarlo a gritos hay algo profundamente elegante. Porque no todas las rupturas se cantan desde la herida abierta; algunas se cantan precisamente desde esa sonrisa que llega cuando ya no duele tanto.
Musicalmente, la canción transita entre el pop-rock y ciertos aires country que aportan ligereza rítmica sin restar profundidad emocional. En esa mezcla hay ecos de aquel pop latino de los noventa que entendía la canción como territorio narrativo —esa etapa más orgánica y menos industrial de artistas que apostaban por la personalidad antes que por la fórmula— pero Marcela no juega a parecerse a nadie. Hay una pulsión orgánica, pero también una instrumentación que respira, una estructura que deja espacio a la voz para contar. Y en esa voz reside buena parte del secreto. Marcela tiene un timbre personal, reconocible, con esa mezcla de dulzura y firmeza que no necesita impostar fuerza para transmitirla. Sabe modular. Sabe esperar. Sabe insinuar antes que subrayar.
Su interpretación tiene algo confesional, pero sin caer en la exhibición emocional. Parece que te canta a ti, pero sin invadir. Como si compartiera una historia en voz baja en medio del ruido. Esa capacidad de cercanía es la que convierte la canción en algo más que un single: la transforma en relato.
Hay, además, una dimensión cultural que no se puede ignorar. Moneda de cuero es mestizaje. Es Colombia dialogando con Andalucía. Es producción que cruza el Atlántico —con Pablo Estrella desde Ecuador— y voces grabadas en Estudio Mathica en Huelva bajo la producción de Santi García. Es una canción que nace en varios lugares a la vez y que demuestra que la música no entiende de fronteras cuando la identidad está clara.
Y aquí es donde el viaje cobra sentido. Porque Marcela no ha venido a adaptarse diluyéndose. Ha venido a sumar. A aportar su acento, su imaginario, sus referencias. A mezclar paisajes. A construir desde la raíz sin renunciar al presente. Está trayendo su equipaje emocional y cultural tal como es, y colocándolo en un nuevo territorio sin pedir permiso. Eso requiere valentía. Y también convicción, porque cambiar de país no significa cambiar de piel. Significa ampliar el mapa.
Este single formará parte de su tercer disco, un trabajo que apunta a consolidar esa identidad híbrida: latina de raíz, abierta al pop-rock contemporáneo, con narrativa propia y mirada madura. No será un disco de transición, será un disco de afirmación. De alguien que sabe lo que quiere contar y cómo quiere contarlo.
En un momento histórico donde la polarización y el miedo al diferente vuelven a levantar muros, el mestizaje cultural no es solo una elección estética, es una declaración de principios. La música ha avanzado siempre mezclando, contaminándose, cruzando orillas. Y Marcela Valencia encarna esa idea con naturalidad: una artista que viaja sin perderse, que cambia de escenario sin cambiar de esencia.
Hay algo muy poderoso en eso. En saber que tu valor no depende del lugar donde estés. Que tu voz sigue siendo tuya aunque el público sea nuevo. Que tu identidad no es una moneda de cuero que alguien pueda falsificar o tirar a la basura.
Moneda de cuero habla de desenmascarar lo falso, pero también de reafirmar lo auténtico. De aprender a reconocer cuándo alguien no merece tu tiempo. De entender que hay despedidas que, más que derrotas, son actos de amor propio. Y todo eso contado sin resentimiento, con una ironía inteligente que convierte la herida en aprendizaje.
Marcela Valencia está escribiendo un nuevo capítulo en Huelva. Y lo hace con la serenidad de quien ya ha caminado antes. Con la valentía de quien empieza de nuevo sin perder la raíz. Con la certeza de que el viaje no borra lo que eres, lo amplifica. Lo transforma. Lo expande. Lo pone a dialogar con otros paisajes.
En tiempos de ruido y velocidad, hay algo profundamente valioso en una artista que decide cantar con identidad, con memoria y con mezcla. Porque al final, lo único que nunca pierde valor es lo que está hecho de verdad. Y eso vale más que cualquier moneda.
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