Los bares de Huelva facturan a estas alturas un 10% menos que el año pasado como consecuencia de los temporales

La hostelería pierde reservas y suma cancelaciones, especialmente en aquellos negocios donde se vive de las terrazas, y esperan una Semana Santa libre de inclemencias meteorológica

El temporal obliga a cortar dos carreteras de la Sierra onubense entre 20 días y un mes para poder arreglarlas

Terrazas en Huelva esta semana, una vez ha pasado ya el temporal.
Terrazas en Huelva esta semana, una vez ha pasado ya el temporal. / Josué Correa

Leonardo y Marta han hecho mella en Huelva. Después de semanas marcadas por una sucesión casi ininterrumpida de episodios de intensas lluvias, acompañadas de fuertes vientos, la provincia se ve en la posición de hacer balance de su impacto, que es desigual. La cara positiva la reflejan los embalses del sistema Andévalo-Chanza-Piedras-Los Machos que, gracias a las últimas precipitaciones, se encuentran prácticamente llenos, garantizando recursos hídricos para unos cuatro años y marcando un cambio radical respecto a la sequía de los últimos años.

Eso sí, no todos los sectores reciben con el mismo optimismo el paso de un tren de borrascas como el de estas últimas semanas. La persistencia de las lluvias deja su huella en carreteras, campos agrícolas e infraestructuras, con especial incidencia en la Sierra, donde dos vías continúan siendo objeto de actuaciones para recuperar la normalidad. A estos daños se suma un perjuicio que quizá no es tan visible para la ciudadanía en general, pero sí que es especialmente sensible para la economía local. Hablamos de la hostelería, uno de los sectores que más acusa la inestabilidad meteorológica debido a las cancelaciones de última hora, a terrazas que son impracticables a casi cualquier hora del día y a la preferencia por comer o cenar en casa cuando el día es lluvioso.

De acuerdo a los datos recogidos por la Asociación Provincial de Bares, Restaurantes y Cafeterías de Huelva (Bareca) -en base a las consultas a sus miembros asociados, y remitidos a este periódico-, la facturación de la hostelería onubense en lo que va de año es entre un 10% y un 12% inferior como consecuencia, sobre todo, de un lluvioso inicio de año que no ha favorecido la actividad en la calle. "Hay terrazas en Huelva que dan mucha vida a sus propios restaurantes y estos negocios hosteleros, que viven precisamente de sus mesas fuera, son los que más están notando la caída de la facturación", reconoce el presidente de Bareca, Rafael Acevedo. "Han pegado un bajón gordo porque no han podido sacar las mesas fuera y, si bien es cierto, que los días de diario ya son de por sí flojos, hemos visto cómo los episodios fuertes de lluvias también han estado presentes el fin de semana", lo que redunda en una pérdida de oportunidades para estos negocios hosteleros.

Acevedo explica que la facturación del sector en Huelva acostumbra a depender mucho del calendario, de manera que "es a partir de San Sebastián cuando bajan mucho las ventas, y la actividad importante no vuelve a arrancar más hasta la Semana Santa, o la primavera con el buen tiempo". Además, si bien la festividad de San Sebastián suele dejar una buena ocupación en los restaurantes, cabe indicar que este año la tragedia ferroviaria de Adamuz obligó a la suspensión de todos los actos enmarcados en la celebración del patrón, lo que también repercutió en el sector hostelero.

Al margen de ello, lo cierto es que las precipitaciones persistentes y el fuerte viento no han permitido un funcionamiento normal de bares y restaurantes, obligados a convivir durante semanas con terrazas vacías, cancelaciones de reservas y una notable caída de la actividad. Un escenario que ha llevado al sector a mirar de lleno a la Semana Santa, fecha marcada en rojo en el calendario por brindar a los negocios una intensa actividad, y a cruzar los dedos para que, si vuelven a repetirse episodios meteorológicos adversos, lo hagan antes o después de esas jornadas señaladas.

Porque, al final, la hostelería en Huelva vive del pulso de la calle, del trasiego de vecinos y visitantes, del ambiente y del buen tiempo que invita a sentarse, consumir y alargar las horas. Pulso que se detiene con el mal tiempo.

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