José Muñoz y la Papelería Inglesa: un comercio moderno para una ciudad en transformación
Libros, revistas extranjeras, bicicletas, máquinas de escribir, tarjetas navideñas en inglés y telegramas de última hora: la Papelería Inglesa lo tenía todo
Detrás del rótulo de la Papelería Inglesa no hubo solo un negocio próspero, sino una personalidad singular que explica buena parte de su éxito. José Muñoz Pérez (1869–1921), propietario del establecimiento, director del diario La Provincia y figura destacada de la vida pública onubense, encarnó como pocos el modelo de empresario culto y cosmopolita, estrechamente vinculado a la colonia británica presente en la Huelva de entresiglos.
Nacido en el seno de una familia ya ligada a la imprenta y al periodismo local, José Muñoz asumió desde muy joven la gestión del entramado empresarial levantado por su padre, Francisco Muñoz y Morales, fundador de la imprenta familiar y del periódico La Provincia. Como primogénito, recayó sobre él la dirección efectiva de la imprenta y la papelería, además de la copropiedad del diario, del que fue director desde 1906 hasta su muerte en Madrid en 1921, cuando apenas contaba cincuenta y dos años.
Su perfil desbordó pronto el ámbito estrictamente empresarial. Muñoz fue concejal republicano en 1889 y 1909, alcalde de Huelva en 1916 y presidente del Círculo Mercantil y Agrícola entre 1918 y 1919, participando activamente en la vida institucional de una ciudad que crecía al calor de la minería y del comercio portuario. Junto a esa faceta pública, hubo otra igualmente decisiva: su condición de hombre profundamente influido por la cultura británica, adquirida durante los años de formación que pasó en Inglaterra.
Un anglófilo en la Huelva minera
Durante su juventud, José Muñoz residió varios años en el Reino Unido, donde perfeccionó su dominio del inglés y entró en contacto directo con nuevas formas de ocio, deporte y consumo. Aquella experiencia dejó una huella duradera en su trayectoria personal y profesional, reflejada en la incorporación a su establecimiento de productos, prácticas comerciales y referencias culturales directamente vinculadas al mundo anglosajón.
Ese contacto temprano con el mundo anglosajón explica su entusiasmo por los deportes británicos, entonces todavía minoritarios en España. Entre 1887 y 1888 envió crónicas deportivas desde Londres a La Provincia, ofreciendo a los lectores onubenses una mirada directa sobre la vida británica; una práctica que repetiría más tarde su hermano Francisco, también formado en Inglaterra.
En octubre de 1889 fue nombrado vocal secretario de la recién creada Sociedad de Gimnasia y Esgrima, y apenas dos meses después participó como único directivo español en la reunión fundacional del Huelva Recreation Club, germen del actual Recreativo de Huelva. Desde 1891 ejerció como secretario del club y en 1903 pasó a ocupar la vicepresidencia, además de formar parte de la comisión organizadora de los actos del IV Centenario del Descubrimiento de América en representación de dicho club.
Especial mención merece su implicación en el ciclismo, disciplina que impulsó activamente desde el periódico y desde el propio club. En 1892 colaboró en la organización de las carreras velocipédicas del IV Centenario, y en 1897 presidió el jurado y la comisión organizadora de las pruebas celebradas en el Velódromo. En 1901 fue nombrado socio honorífico de la Sociedad Velocipédica Onubense, en reconocimiento a su labor como promotor del deporte.
La Papelería Inglesa: mucho más que libros
Esa mentalidad abierta y cosmopolita se trasladó directamente a su negocio. Bajo la denominación de Papelería Inglesa, el establecimiento no solo ofrecía libros y artículos de escritorio, sino una amplísima gama de productos vinculados a la modernidad, al ocio y a las nuevas formas de consumo de la burguesía urbana.
Desde sus escaparates se anunciaban materiales escolares procedentes de casas europeas de prestigio, novelas españolas, francesas e inglesas, revistas ilustradas de alto nivel artístico y publicaciones periódicas de alcance internacional. En 1911, el diario informaba de la llegada de revistas como Mundial y Elegancias, ambas dirigidas en París por Rubén Darío, subrayando la calidad de sus colaboraciones y la presencia de artículos dedicados al pintor nervense Daniel Vázquez Díaz, acompañados de reproducciones de sus obras expuestas en los salones parisinos.
La política comercial del establecimiento incluía además campañas de descuentos, ventas a mitad de precio y promociones especiales destinadas a ampliar la base de lectores, una estrategia poco habitual en la Huelva de la época y reveladora de una concepción moderna del negocio librero.
La atención a la clientela anglófona y a los lectores en lengua original se materializó también en la distribución de la Tauchnitz Edition, la célebre colección de libros en inglés editada en Leipzig para viajeros y residentes extranjeros en el continente europeo.
Productos importados: bicicletas, máquinas de escribir y los afamados tintes Maypole Soap
Pero quizá uno de los aspectos más llamativos de la Papelería Inglesa fue su capacidad para diversificar la oferta más allá del libro. El establecimiento actuó como punto de venta e intermediación de productos importados.
Así ocurrió con las bicicletas Naumann, procedentes de la casa alemana con sede en Dresde, cuya producción en serie del modelo Germania se había iniciado en torno a 1892. Anunciadas como “las más sólidas y perfectas que se conocen”, estas bicicletas conectaban directamente con la afición ciclista de José Muñoz, que las difundía desde su propio establecimiento.
También se anunciaba como depósito en Huelva y su provincia de las renombradas máquinas de escribir Remington, con suministro de papel, cintas y accesorios tanto para estas como para otras marcas, lo que la convertía en referencia para profesionales y oficinas.
Junto a estos productos, el establecimiento ofrecía artículos de uso cotidiano y decorativo –agendas, almanaques, devocionarios– y otros tan singulares importados del Reino Unido como los tintes Maypole Soap, recomendados para teñir tejidos sin dañarlos ni mancharlos.
Tarjetas navideñas en inglés
Particular atención merecen los productos dirigidos a la colonia británica asentada en Huelva. Coincidiendo con las fiestas navideñas, la Papelería Inglesa anunciaba un surtido específico de tarjetas de felicitación en inglés, con reclamos publicitarios redactados expresamente para ese público: “Great variety and latest and most elegant engravings”. Se aceptaban encargos de folding cards para felicitaciones de Navidad y Año Nuevo, impresas sobre papeles finos y decoradas con imágenes en platinotipia o colotipia, adaptándose a una costumbre social profundamente arraigada entre los residentes anglófonos.
El termómetro que marcaba la temperatura de la ciudad: el “Google Weather” de su tiempo
Entre las curiosidades más recordadas del local destacó la instalación, a finales del siglo XIX, de un gran termómetro publicitario de la marca británica Stephens Inks en la fachada del edificio. Fabricado en chapa esmaltada y con casi un metro de altura, permitía consultar la temperatura en escalas centígrada y Fahrenheit.
No fue un simple reclamo publicitario. El termómetro se convirtió en referencia cotidiana para los onubenses, hasta el punto de que el propio periódico lo citaba en sus crónicas durante los episodios de calor extremo. El 2 de agosto de 1898, La Provincia señalaba: “Ayer, a las doce del día, el termómetro de la Papelería Inglesa señalaba 33 grados centígrados a la sombra”. Más allá de su función práctica, aquel artefacto simbolizaba la voluntad del establecimiento de situarse a la vanguardia de la modernidad comercial.
Tablón de anuncios y centro de información en tiempos de guerra
La Papelería Inglesa fue también un auténtico centro de información pública. Desde allí se gestionaban anuncios de búsqueda de empleo y hospedaje, recompensas por objetos perdidos –desde billeteras hasta animales extraviados–, encargos especiales e invitaciones para eventos deportivos.
Antes de la era de la inmediatez digital, el establecimiento se convirtió en uno de los lugares más rápidos para conocer las últimas noticias. Durante la Guerra de Cuba en 1898, los onubenses se congregaban ante sus puertas para leer los telegramas de la Agencia Fabra sobre el conflicto, hasta que las autoridades prohibieron su exhibición. Esa misma expectación se repetía cada 22 de diciembre, cuando vecinos y curiosos acudían a consultar las listas del sorteo de Navidad, buscando alguna errata que les devolviera la ilusión del premio.
Durante años, la administración del diario compartió espacio en la planta superior con el negocio de papelería y librería, y el constante trasiego de clientes y profesionales de la prensa convirtió el local en un lugar de encuentro y conversación.
Un legado cultural y familiar
En el plano personal, José Muñoz contrajo matrimonio en 1895 con María Luisa de Vargas Soto, perteneciente a una destacada familia local. El matrimonio residió en un chalet con jardín en la Alameda Sundheim, cuya parcela posterior albergaba las instalaciones de la imprenta familiar, dotada con modernas “máquinas a vapor”, desde donde se editaron no solo La Provincia, sino numerosos libros y folletos.
La pasión por la literatura y el periodismo se transmitió a sus hijos. María Luisa Muñoz de Vargas, bajo el seudónimo de Félix de Bulnes, se convirtió en la primera mujer onubense en colaborar en la prensa escrita y en una de las voces literarias más destacadas de su generación. En 1922 se casó con el escritor Rogelio Buendía Manzano, hijo del librero Rogelio Buendía Abreu. Otro de los hijos, Federico Muñoz de Vargas, dirigiría el periódico en su última etapa.
José Muñoz falleció en 1921, dejando tras de sí un gran legado empresarial, periodístico y cultural. La editorial publicada al día siguiente de su muerte lo describía como un “padre” venerado por la redacción y subrayaba su perfil liberal, su labor como alcalde y su capacidad para sanear las arcas municipales.
Hoy, el edificio modernista de la calle Palacio y la Casona de la Alameda Sundheim son algunos de los escasos vestigios materiales de aquel ecosistema cultural y comercial. Ambos espacios evocan una época en la que Huelva se pensaba como una ciudad abierta al mundo y en la que los llamados santuarios del libro no solo facilitaban el acceso a la cultura escrita, sino que actuaban también como auténticos bazares de la información y del progreso.
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