Jesús Corbacho y su cante más íntimo en la Exaltación: "Llevaba muchos años sin cantar saeta y el recuerdo de hacerlo me llevó a mi padre"

El cantaor logró hacer temblar los muros del templo y el alma del público, que se emocionó con él

Jesús Corbacho sobrecoge el corazón de Huelva a los pies de Jesús de la Pasión

El cantaor Jesús Corbacho en la XXXII Exaltación a la Saeta de Huelva. / Josué Correa

Jesús Corbacho es sentimiento y pureza. Es flamenco en estado puro. Es quejío de las entrañas y giros que sobrecogen. Los años de trayectoria perfilan el estilo, pero el talento innato no se ejercita, se tiene o no, y el cantaor onubense derrocha agudeza con el flamenco desde que muy temprana edad. Ese niño de apenas once años que ya embelesaba con su canto prestaba este pasado jueves su voz para la XXXII Exaltación a la Saeta.

"Acepté de primeras. Cantar en mi tierra, en un acto tan emotivo como la Exaltación de la saeta, fue muy emocionante, lo voy a guardar conmigo para siempre", asegura el cantaor que se colocó a las plantas de Jesús de la Pasión en la Parroquia Mayor de San Pedro, sede canónica de la Hermandad de Pasión, para rozar con su saeta el corazón de los presentes. Corbacho aceptó la responsabilidad de poner la voz a la exaltación en una de las citas cofrades que se erige como un pórtico sonoro que abre el tiempo de túnicas y cirios, de incienso y silencio. Este momento, marcado en los calendarios tras 32 años de tradición, para el cantaor es "algo muy importante y para una persona que es cristiana y flamenca como yo, tener la oportunidad de rezarle una saeta a Jesús de la Pasión en su tierra, en esa iglesia, es algo muy bonito".

Corbacho admite que tuvo que concentrarse en mantener la cabeza fría para que los sentimientos del momento no lo desbordasen durante su rezo cantado. "Llevaba muchos años sin cantar saeta y el recuerdo de cantarla me llevó a mi padre que falleció hace un año, el estar allí hizo que me acordase mucho de él", confiesa a este periódico el cantante que logró con su voz hacer temblar los muros del templo y el alma del público, que se emocionó con él en cada verso. En ese instante, la saeta fue también memoria y herencia, un hilo invisible que une generaciones a través del cante.

Este profeta en su tierra ha recorrido los más grandes festivales flamencos "diciendo que soy de Huelva y llevando a Huelva como bandera", una seña de las profundas raíces que unen al cantaor con su ciudad, una que se siente orgullosa de la trayectoria de aquel chiquillo que ha visto crecer en los escenarios más humildes para coronarse como una de las voces más destacadas del flamenco. Porque Corbacho no olvida de dónde viene. En cada escenario, por grande que sea, late la misma humildad del niño que empezó cantando con los ojos cerrados y el corazón abierto.

Tras la demostración de talento, Jesús Corbacho se encuentra centrado en continuar su carrera en solitario con "muchos festivales y en proyecto de grabar un nuevo disco este año". Este trabajo discográfico, que está en sus inicios, "va a ser un disco con bastantes colaboraciones", asegura el cantaor que mantiene en secreto los nombres de los artistas con los que compartirá micrófono en este proyecto que sin duda sorprenderá y volverá a demostrar por qué en 2024 se alzaba con la prestigiosa Lámpara Minera en la 63ª edición del Festival Internacional del Cante de las Minas de La Unión, un reconocimiento que no hizo sino poner negro sobre blanco lo que el mundo del flamenco ya sabía, que su voz pertenece a esa estirpe de cantaores que dejan huella.

Jesús Corbacho cantándole a Jesús de la Pasión en la Parroquia Mayor de San Pedro. / Josué Correa

Esta distinción le acreditaba como lo que es, una de las voces contemporáneas más representativas del flamenco. Sus años en los escenarios le han permitido vivir desde dentro la evolución de este género, uno que asegura que "pasa por un buen momento". Este progreso ha traído nuevas mezclas, sobre todo en el cante, que están engrandeciendo el género y acercándolo a un nuevo público. "No soy contrario a que se experimenten cosas, pero sí que no se pierda la raíz, que se haga con respeto", porque el flamenco nace de las entrañas y ese sentimiento que brota de dentro debe seguir latiendo en las nuevas composiciones.

"Hay muchos artistas, sobre todo en nuestra tierra, que tienen un nombre importante. Huelva precisamente está pasando por un buen momento en el flamenco, se está haciendo un hueco importante" y a este lugar que la tierra onubense se está haciendo en el panorama es gracias a artistas como Jesús Corbacho, que no ejecuta un palo, lo habita, lo desgarra y lo devuelve al aire convertido en verdad. En él conviven la hondura antigua y la sensibilidad del presente, el respeto reverencial por la tradición y la valentía de quien sabe que el arte solo es grande cuando se entrega sin reservas.

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