¿Inteligencia emocional o artificial? No te equivoques
Liderazgo Inteligente
Liderar bien en tiempos de Inteligencia Artificial empieza por no relegar las herramientas humanas que tenemos para decidir, y saber priorizar una u otra en cada momento
Vivimos un momento fascinante, sí. Pero también muy peligroso para el liderazgo. Me refiero al liderazgo humano, claro. Es fascinante porque nunca hemos tenido tantos datos, modelos predictivos y herramientas de análisis a nuestro alcance. Y es peligroso porque ese exceso de medios puede llevarnos a una trampa muy sutil: creer que todo se decide mejor desde lo técnico solo porque la IA puede hacerlo. Cuidado.
En esta situación, yo creo que una de las competencias críticas del liderazgo actual no es aprender a usarla —que también—, sino saber cuándo una decisión necesita datos… y cuándo necesita humanidad. Decidir mal hoy no suele ser por falta de información, sino por falta de inteligencia emocional.
Si lideras, pregúntate esto
Antes de abrir el seguimiento de los indicadores, pedir un informe o consultar a ChatGPT, para un segundo y responde con honestidad a esto: ¿lo que está en juego aquí son principalmente resultados o personas? Ya tienes una primera guía sencilla y eficaz. Si son los resultados, venga, análisis técnico. Pero si son las personas, las relaciones, el clima, la confianza o el compromiso, ponle todo el criterio emocional que tengas.
Parece básico, ¿verdad? Pero en la práctica muchos liderazgos en la era digital fallan justo aquí. Y la IA, mal utilizada, amplifica ese error.
Cuándo usar la IA y cuándo la IE
En conflictos interpersonales, la IA puede ayudarte a reconstruir hechos, pero no a recomponer relaciones. Aunque sea tentador “analizar objetivamente” quién cumplió, quién falló, quién tiene razón… No delegues esta reflexión solo por evitar el malestar que pueda suponerte. Si hay emociones intensas, daño acumulado o el clima del equipo está en juego, la inteligencia emocional no es opcional.
Si las decisiones que debes tomar pueden afectar a la motivación, mucho ojo. En cambios de rol, redistribución de tareas, reconocimientos o promociones, la IA seguro que te sugerirá opciones óptimas, pero no puede anticipar cómo las vivirán las personas. Liderar exige anticipar emociones, explicar el porqué y cuidar la forma. Y en tiempos de IA, la forma importa más que nunca, porque lo técnico ya no te diferencia, pero tu inteligencia emocional sí.
Cuando hay que comunicar malas noticias, como recortes, retrasos o errores, la IA tampoco es buena compañera. Sí puede ayudarte a estructurar el mensaje, pero no a generar confianza. Eso lo consigues con tu inteligencia emocional. Párate a asumir responsabilidad antes de justificar, validar emociones antes de ofrecer soluciones y elegir bien el momento y el canal.
Está claro que la era de la IA tiene sus ventajas en otros escenarios donde el liderazgo emocional se la juega si no se apoya en el análisis técnico. Inversiones, contrataciones, endeudamiento, cambios estructurales o decisiones financieras relevantes tienen en la IA una aliada extraordinaria, siempre que no se use para justificar intuiciones, impulsos o miedos.
Al final, lo cierto es que la mayoría de las decisiones importantes no son ni blancas ni negras. Por eso te sugiero un método rápido y eficaz que combina estas dos poderosas herramientas a tu alcance: la inteligencia emocional y la artificial. Consiste en encadenar tres preguntas para tomar decisiones.
La primera pregunta es: ¿qué dicen los datos? (IA incluida). La segunda: ¿qué impacto tendrá en las personas? Y la tercera: ¿qué ajuste mínimo reduce daño emocional sin comprometer el resultado?
En tiempos de inteligencia artificial, el liderazgo no consiste en decidir con el corazón ni en delegar en los datos, sino en saber cómo combinarlos. Porque sigue siendo una responsabilidad profundamente humana decidir cómo y cuándo usar la inteligencia artificial. Eso es un liderazgo maduro.
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