Huelva

El colegio Ciudad de los Niños teje una red de ayuda integral a las familias

  • El Departamento Social del centro desarrolla un proyecto de atención a los escolares que incluye a todo su entorno

Alumnos del colegio Ciudad de los Niños durante una de sus actividades.

Alumnos del colegio Ciudad de los Niños durante una de sus actividades. / M. G. (Huelva)

La ayuda prestada por el colegio Ciudad de los Niños más allá de sus paredes ha sido una constante en sus cincuenta años de historia. En la actualidad, con unas características muy diferentes a las que tenía con anterioridad, esta vocación de ayuda permenece, y así la desarrolla el Departamento Social del centro.

Desde el pasado mes de enero, la educadora social Nazaret trabaja en un proyecto de atención a las necesidades de sus alumnos desde una perspectiva integral, que rebasa los límites físicos de las aulas y los temporales del horario lectivo. “Para que los alumnos estén bien, eso debe partir desde casa”, asegura esta docente, que además quiere acabar de una vez por todas con las etiquetas y estigmas que pesan sobre el centro. Precisamente con el fin de procurar este bienestar de los pequeños, contemplan al entorno más inmediato, a las necesidades que puedan tener en sus casas, con sus familias.

Con este planteamiento nace esta iniciativa y a día de hoy presta atención a quince familias de la capital onubense gracias a la red de entidades que colaboran en ello, incluidos los Servicios Sociales del Ayuntamiento.

Nazaret cuenta con el apoyo de Jose Mari y Alicia, alumnos en prácticas del ciclo superior de Integración Social y futuros educacores sociales que con ella al mando llevan meses tejiendo esa red que les permita cubrir la atención requerida. Es una tarea enorme que toca todos los palos, desde el trabajo en la empleabilidad y solventar problemas con el padrón hasta facilitar calzado para los niños, cubrir la alimentación de la media mañana, el comedor más un pack de alimentos, donaciones de todo tipo, atención del dentista y hasta los Reyes pasando por la tarta de cumpleaños en ese día especial sin dejar de lado el material escolar.

Gloria estudió en Ciudad de los Niños hasta 8º de EGB, “me he criado allí”, cuenta, y es que en el centro también colaboraba su padre, conocido como Pedro el tapicero, en los trabajos de mantenimiento que realizaba sin coste. “Para mí el colegio lo es todo, ayuda mucho y apoya a la familia”, afirma, y por eso sus hijos, de 14 y 8 años, estudian también en Ciudad de los Niños.

Ellos conforman una de las familias acogidas al proyecto, que ha facilitado a Gloria su incorporación a la cocina comunitaria de la Fundación Don Bosco y también le han abierto la conexión a internet en su casa. Es un trabajo personalizado en el que “intentamos darle a cada uno lo que necesita”, explica Nazaret, también maestra del equipo de orientación y especialista en Pedagogía terapéutica y Audición y lenguaje. En el caso de Gloria, su hijo recibe una atención por hiperactividad con la que ha mejorado su rendimiento académico y hasta le han buscado un traje para hacer la primera comunión.

La agenda de Nazaret tiene pocos huecos porque trabaja en la ampliación de ese ámbito colaborativo que permita ampliar su radio de acción a familias que lo necesiten de otras poblaciones, “estamos abriendo el abanico ante la crisis que se avecina”, señala. Además de la citada Fundación Don Bosco, otras entidades como Mujeres en Zona de Conflicto, AOCD o Huelva Acoge participan en la iniciativa y así, “conociendo cada caso lo derivamos a la necesaria, otra cosa importante es que entre las mismas entidades hay buena relación porque para todas, el fin es el bien de las familias”.

En este sentido, hay entidades sociales con las que trabajan que tienen adjudicadas determinadas calles en el marco de la Estrategia Regional Andaluza para la Cohesión e Inclusión social (Eracis), un plan de intervención para zonas desfavorecidas. Pero la necesidad no entiende de geografía y se presenta fuera de ese mapa establecido, lo que les supone un impedimento. “Hay asociaciones que sólo trabajan con el callejero Eracis y otras no se rigen por él, pero hay que atender a quien le haga falta” y buscar la manera de solventar esos escollos administrativos “para poder dar salida a esas familias”, explica Nazaret.

Alicia y Jose Mari finalizarán en junio su periodo de prácticas, pero esta experiencia les ha servido para encaminar su futuro porque gracias a ella han sabido que quieren ser educadores sociales y para ello comenzarán a estudiar ese grado el curso próximo. “Llegaron como agua de mayo”, dice Nazaret, y aterrizaron en una realidad que no conocían.

El día anterior habían llevado una lámpara a una familia que la necesitaba y antes tuvieron una de esas reuniones para abrir ese abanico de colaboración. “En Ciudad de los Niños se tocan todos los palos”, explica Alicia. “Nos ha pasado que después de que la familia nos contara su historia, hemos acabado llorando; no sabemos lo que tenemos, lo que supone poder darse una ducha caliente cada día”. Jose Mari coincide y recuerda a una madre que les recordaba “por favor, los zapatitos del niño” mientras otro de los destinatarios se preguntaba, al recibir el pack de alimentación, “¿los seis litros de leche son para mí?”.

La labor que desarrolla Nazaret junto a Alicia y Jose Mari en el colegio Ciudad de los Niños es integral porque “no sólo se educan cerebros sino también corazones. No sólo es importante el currículum, hay que ir más allá y educar las emociones, las habilidades sociales y los valores”.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios