EDUCACIÓN

Ciudad de los Niños defiende su legado en Huelva

  • Fundado en 1970 por los Hermanos Obreros de María, el colegio se reivindica como referente educativo en la ciudad y en la provincia

El joven maestro Diego Gómez ante el mural de Man o Matic en Ciudad de los Niños. El joven maestro Diego Gómez ante el mural de Man o Matic en Ciudad de los Niños.

El joven maestro Diego Gómez ante el mural de Man o Matic en Ciudad de los Niños. / Josué Correa (Huelva)

Cincuenta años de historia contemplan el colegio Ciudad de los Niños. Desde Domingo, que llegó en los inicios, hasta Nazaret, que termina este curso sus estudios de Formación Profesional Básica en Informática, cientos de niños de la provincia e incluso de fuera de España han recibido en este centro onubense una educación integral, su santo y seña.

El aniversario llega en un momento complicado para el centro tras la pérdida de los Hogares de Atención y Protección de Menores. Ya no tienen a menores bajo su tutela, menores que primero abandonaron las residencias para vivir en pisos en la ciudad y posteriormente fueron escolarizados en los colegios que les correspondían según su zona. Un revés del que se resienten los miembros de esta “familia”, como insisten una y otra vez en considerarse y que no dan la batalla por perdida.

Pasado

Fue en 1964 cuando se adquirieron los terrenos en los que se construiría la entonces futura Ciudad de los Niños. Entonces, los Hermanos Obreros de María estaban a cargo del Tutelar de Menores y con esos mimbres hace ahora cincuenta años, en 1970, echaron a andar comandados por el hermano Villalba, primer director.

Domingo Martín comenzó sus estudios en el colegio San Vicente de Paúl, pero el nuevo centro le pillaba más cerca y aunque en principio no querían admitirle “porque no era el prototipo”, allí recaló. Ahora, cinco décadas después, sigue unido a su colegio, donde recibió “unos valores que han marcado nuestra vida en todos los sentidos”. Por eso, sigue siendo un miembro activo de la asociación de antiguos alumnos y ayuda en lo que se le necesite. 

Además del propio director, había más hermanos de la congregación con presencia en el colegio y también en la ciudad. Tanta, que dos calles de Huelva llevan nombres de sus religiosos, la Hermano Carlos Obrero de María, uno de los fundadores, y la Hermano Palomo.

El exalumno Domingo Martín y el exdirector Francisco Mora. El exalumno  Domingo Martín y el exdirector Francisco Mora.

El exalumno Domingo Martín y el exdirector Francisco Mora. / Josué Correa (Huelva)

La congregación contaba, y cuenta, con otros centros en Granada y en Málaga, “pero no eran tan referentes como Huelva”, explica Francisco Torralbo, para añadir que los religiosos “tenían mucho peso”. Francisco llegó a la Ciudad de los Niños como interno en 1978, fue a través del cura de Paterna y tenía cuatro años, se marchó a los 18 “para casarme”. “No tenía el afecto de un padre, pero en el colegio tenía el de muchos”, afirma ahora que él también tiene hijos, dos, el mayor con dos carreras y el menor a punto de terminar otra.

Él supo aprovechar la oportunidad que supuso en su vida Ciudad de los Niños, por donde pasó también su hermana, y señala que “el centro es una familia, lo ha sido todo, recuerdo a todos los profesores”. En ocasiones, ni siquiera abandonaba las instalaciones en las fechas más señaladas y pone como ejemplo que “aquí tenía regalos de Reyes y en mi casa, no”. Son motivos por los que se siente profundamente agradecido y “muy orgulloso” de pertenecer a una comunidad de la que “si oigo hablar mal, me acaloro”. Una comunidad que llegó a tener hasta cuatrocientos niños entre internos y externos.

Presente

En la Ciudad de los Niños hay actualmente alrededor de 150 estudiantes, ya todos externos. Cuatro años después de remodelar sus instalaciones para adaptarse a la nueva normativa y convertir las antiguas habitaciones en espacios más parecidos a apartamentos, los Hogares permanecen vacíos. “Lo han dejado morir”, lamenta Francisco. Todo empezó hace pocos años cuando desde la Administración se consideró que en beneficio de los menores y de su integración, era más conveniente que viviesen en pisos con monitores dentro de la ciudad.

La propia congregación corrió a cargo de los alquileres y los autobuses pasaban a recogerles para que asistieran con normalidad a sus clases en Ciudad de los Niños, en la carretera a Gibraleón. Sin embargo, posteriormente eso también cambió y el siguiente paso fue escolarizar a los niños en los colegios de sus respectivas zonas de referencia. Por último, el vínculo de la tutela también se rompió porque en el último proceso de licitación, la renovación no le fue concedida.

El director de Ciudad de los Niños, Félix Guerra, en las instalaciones del centro. El director de Ciudad de los Niños, Félix Guerra, en las instalaciones del centro.

El director de Ciudad de los Niños, Félix Guerra, en las instalaciones del centro. / Josué Correa (Huelva)

Miguel Ángel Polea llegó a Ciudad de los Niños con seis años y se fue con 17, siempre como estudiante externo. En la actualidad es monitor en el colegio, “una pieza clave”, aseguran el director, Félix Guerra, y el profesor Antonio Pereira, que lleva 35 años en Ciudad de los Niños. Como Domingo, Miguel Ángel llegó al colegio por cercanía y de la misma manera, si las clases terminaban a las seis, allí se quedaba hasta las nueve, “venía hasta los sábados”, recuerda.

Ahora lo mismo se ocupa del comedor, que del transporte y de hablar con las familias y por supuesto con los estudiantes. Con su profundo conocimiento del centro, de Educación Compensatoria, rechaza “los prejuicios” que existen contra él por el hecho de ser un colegio en el que algunos de sus alumnos provienen de familias en riesgo de exclusión social.

Francisco Mora, que fue director durante años de un centro con el que sigue firmemente comprometido, lamenta que está “excesivamente estigmatizado”. “Los niños nunca nos dieron ningún problema”, reivindica el maestro Pereira, que los acompañaba a las competiciones deportivas en otras provincias con las que el claustro estimulaba a los escolares para que se portaran bien con la ilusión de salir, y ganar a los niños de otros colegios mejor vistos.

“El objetivo es que el niño saliera con una educación integral” porque los profesores no se limitaban, ni se limitan, a impartir las materias, eran “padre, madre, amigo, una familia”, insiste en el concepto Pereira.

Una de las aulas de Ciudad de los Niños en plena clase. Una de las aulas de Ciudad de los Niños en plena clase.

Una de las aulas de Ciudad de los Niños en plena clase. / Josué Correa (Huelva)

Para Miguel Ángel, la Ciudad de los Niños “tiene que ser para Huelva como el Recre”, un símbolo, y en este sentido el veterano maestro defiende que “es una institución de Huelva y para Huelva” porque “es un recurso que no se tiene que perder”. Un recurso que se ha traducido en ocasiones en trabajar con niños de otros centros de la ciudad, de la provincia e incluso “del extranjero”.

Pereira recuerda los casos de atención a chavales “a los que no les daban respuesta” mientras en Ciudad de los Niños “tenemos una capacidad de paciencia que al parecer no tenían” en sus centros de origen. “Hay que vivirlo, la persona que está fuera no sabe valorarlo”, concluye el maestro. Para Pereira, “antes era todo a favor” pero “ahora nada más que ven números, la Administración no tiene esa parte de sensibilidad”.

Una sensibilidad que captó la actual coordinadora de Secundaria del colegio, Mercedes Blanco. Procedente de Sevilla, no conocía Ciudad de los Niños, un centro donde solicitó plaza, le llamaron y al llegar vio “que no era un centro como los anteriores, era diferente”. En él sigue doce años después y no se plantea cambiar. “Somos una familia”, vuelve a recordar Mercedes, que destaca la unión con los educadores en el día a día para “ver las necesidades académicas, personales...”.

La educación integral que también ha enganchado a Lorena Pérez, la jefa de estudios. Esta ingeniera informática de formación también da clases en la Universidad de Huelva en el grado de Ingeniería Informática y en el Máster de Educación Secundaria. Hizo sus prácticas en el María Inmaculada y posteriormente trabajó en el Santo Ángel, su colegio de toda la vida. Allí imaginó que se quedaría, pero por medio hizo parada en la Ciudad de los Niños y ya nada volvería a ser lo mismo. “Su labor social es lo que me llenaba, en otros centros era una mera profesora”, pero en Ciudad de los Niños “mi trabajo era útil”.

Lorena podría trabajar a tiempo completo en la Universidad de Huelva y también en otro centro, pero este es su cuarto curso allí y su elección está clara. Entre otras cosas, porque “Ciudad de los Niños es muy necesaria, pero necesitamos ayuda”. Como Antonio Pereira, incide en el papel del colegio como referencia para otros en cuanto a una atención más especializada destinada a niños con necesidades específicas.

En paralelo a los desafíos a los que se enfrenta Ciudad de los Niños, la congregación fundadora, los Hermanos Obreros de María, no han escapado a la escasez de vocaciones. Los religiosos tienen su sede centralizada en Granada y desde allí el hermano Juan visita periódicamente Huelva para ponerse al día.

Futuro

“Este centro tiene que volver a la residencia”, señala el director. Allí estudia su último curso Nazaret, de 18 años y alumna de Formación Profesional Básica en la especialidad de Informática y Comunicaciones. Es su quinto año en el colegio, donde “desde el primer día me sentí cómoda” en contraste, en su opinión, con otros centros “en los que somos números, aquí siento que salgo de mi casa y me meto en otra porque te ponen al nivel al que llegas”. Por eso, “siempre seguiré en contacto y seguiré ayudando”.

“Tenemos la ilusión de recuperar los Hogares, la Ciudad nació para estos alumnos”, dice Lorena Pérez, quien insiste en que “queremos seguir con esta labor como Granada y Málaga”.

Un grupo de escolares de Ciudad de los Niños. Un grupo de escolares de Ciudad de los Niños.

Un grupo de escolares de Ciudad de los Niños. / Josué Correa (Huelva)

La jefa de estudios imparte clases de Informática en la FP Básica, única e Huelva. Hasta allí llegan alumnos de toda la ciudad, algunos “con reparo”, y también los padres. La inclusión es un elemento fundamental y para propiciarla desarrollan todo tipo de actividades como convivencias, el día de romería, el día de campo, y “se dan cuenta de que son iguales, niños y niñas, con ganas de salir y pocas ganas de estudiar”, bromea.

La Ciudad de los Niños cumple cincuenta años y la comunidad de los que están y estuvieron reivindican la labor que se lleva a cabo en el colegio desde 1970 para los niños y jóvenes que necesitan más ayuda. “No tienen voz y tenemos que abogar por sus derechos como ciudadanos”, señala Pereira. “Que nos dejen trabajar”, concluye Francisco Mora.

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