NADA: aprender a respirar en la oscuridad
Trinchera Sonora
Rubén Mantero firma en ‘Bajo la gravedad’ un viaje interior donde la oscuridad también es refugio, belleza y verdad
Nietzsche escribió que quien mira durante mucho tiempo a un abismo termina viendo cómo el abismo le devuelve la mirada. El nihilismo no es solo una negación del sentido, sino también una pregunta radical: ¿qué hacemos cuando las certezas se caen?, ¿cómo seguimos caminando cuando el suelo ya no es firme? Bajo esa tensión —entre la nada y la necesidad de significado— se mueve Bajo la gravedad, el primer EP de NADA, el proyecto más personal y honesto deRubén Mantero. Un trabajo que no busca respuestas fáciles, sino que se atreve a habitar la pregunta.
NADA no es un nombre escogido al azar. Es máscara y armadura. Es refugio y exposición al mismo tiempo. Es una forma de tomar distancia para poder decir la verdad sin concesiones, pero también de protegerse mientras se hace. Bajo ese alias, Rubén canaliza una obra que llevaba más de una década gestándose en silencio, esperando el momento justo para existir. No hay urgencia aquí, no hay ansiedad por ocupar un lugar ni por cumplir expectativas ajenas. Bajo la gravedad llega cuando tiene que llegar, con la serenidad de quien ya no necesita demostrar nada y con la valentía de quien decide abrir una grieta para que entre la verdad.
El EP se construye como un viaje interior profundamente introspectivo, pero nunca hermético. Las canciones dialogan con el nihilismo, con la idea de la pérdida de sentido, con la fragilidad del individuo en un mundo saturado de ruido, dogmas y falsas certezas. Hay una conciencia clara del peso que ejerce el entorno sobre la identidad, sobre el pensamiento y sobre la emoción. Sin embargo, lejos de instalarse en el cinismo o la derrota, NADA encuentra una forma de belleza en la oscuridad. Una belleza áspera, honesta, sin maquillaje, que nace precisamente de mirar de frente aquello que duele. Aprender a ver luz en la sombra no es rendirse: es comprender.
Las letras de Bajo la gravedad funcionan como pequeñas piezas de pensamiento emocional. Hablan de identidad, de miedo, de vacío, de incomunicación, de la presión que ejerce el mundo sobre los cuerpos y las conciencias. Pero también de resistencia íntima, de la necesidad de seguir sintiendo incluso cuando todo empuja hacia la anestesia emocional. Rubén escribe desde un lugar reflexivo, casi filosófico, pero siempre con los pies en la tierra. No pontifica, no adoctrina; expone. Y en esa exposición hay una honestidad que desarma, porque no se presenta como una verdad absoluta, sino como un proceso en marcha.
Musicalmente, el EP acompaña ese discurso con una atmósfera densa, contenida, que refuerza el peso emocional de las canciones. Las composiciones avanzan con una gravedad medida, dejando espacio al silencio, a la respiración, a la escucha atenta. Hay tempo, hay pausa, hay intención. Nada sobra. Nada está puesto para impresionar. Todo parece responder a una necesidad expresiva concreta, como si cada sonido tuviera que justificar su presencia. El resultado es un conjunto coherente, elegante y profundamente atmosférico, que invita más a la inmersión que al impacto inmediato.
Hay en Bajo la gravedad una sensación constante de equilibrio precario: entre el derrumbe y la lucidez, entre el desencanto y la ternura, entre la negación y el deseo de sentido. Esa tensión atraviesa todo el trabajo y se convierte en uno de sus grandes aciertos. NADA no pretende salvar a nadie ni ofrecer consuelo prefabricado. No promete finales felices ni redenciones fáciles. Ofrece compañía. Y eso, en tiempos de discursos huecos, eslóganes vacíos y optimismos impostados, es un gesto profundamente político y artístico.
Este proyecto no nace para competir ni para encajar en etiquetas cómodas. Nace de una necesidad interior, de una pulsión creativa que ha encontrado, por fin, su forma. Y eso se nota en cada verso, en cada pausa, en cada decisión estética. Bajo la gravedad es el resultado de alguien que ha aprendido a escuchar(se), a aceptar la complejidad del mundo y a transformarla en materia artística sin edulcorantes ni trampas.
NADA no grita, no golpea, no busca el foco. Camina despacio, con una linterna encendida en mitad de la noche, señalando caminos posibles para quienes se atrevan a mirar hacia dentro. Y cuando el EP termina, queda una sensación extraña y hermosa: la de haber descendido a cierta profundidad y haber regresado con algo entre las manos. Tal vez no sea una respuesta. Tal vez solo sea una certeza mínima, pero suficiente: incluso en la nada, incluso bajo la gravedad, hay belleza. Y a veces, eso basta.
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