Jesús María García Pérez. Presidente de ANPE-Huelva “Por fin se ha consumado la Transición en Andalucía”

  • Persona inquieta, se ha movido en los campos de la docencia, la política y el sindicalismo aunque confiesa que se gran pasión ha sido ejercer de maestro

Jesús María García, en su despacho de la sede de ANPE. Jesús María García, en su despacho de la sede de ANPE.

Jesús María García, en su despacho de la sede de ANPE. / Alberto Domínguez (Huelva)

–Usted ha tenido actividad en diferentes facetas de su vida. ¿Con cuál se quedaría?

–Con lo que me quedo es haber sido maestro, aunque llegué de rebote. En mis ilusiones de adolescente no estaba ser maestro. Aterricé ahí porque no había otra cosa que estudiar en Huelva y no había otras posibilidades ya que en mi casa éramos siete hermanos. En aquella época en Huelva, o estudiabas maestro o perito de Minas. Sin embargo, después me enganchó. El trato con mis niños me llenó mucho.

–¿Cuándo comenzó su carrera docente?

–Empecé en 1977. Mi primer destino fue Isla Cristina, en unas unidades en Punta del Caimán que tenían unas condiciones deplorables. Ahí es donde me surgió la vena sindicalista. Así fui el patrocinador y los otros compañeros me siguieron, de hacer una manifestación para pedir que arreglaran unas instalaciones que cuando llovía, el agua llegaba al tobillo.

–Supongo que la educación ha mejorado mucho en todo este tiempo.

–Se ha cambiado para bien pero es que no se podía ir a peor. Había que evolucionar hacia bien. ¿Que se podía haber hecho mejor y más rápido? Eso está en las apreciaciones de cada uno pero se ha avanzado para bien.

–¿Cómo ve a las nuevas generaciones que se van incorporando a la docencia?

–Son distintas las circunstancias y su formación y visión de la enseñanza son diferentes. Antes teníamos una serie de instrumentos para educar y enseñar a los alumnos pero hoy en día se separa demasiado para mi gusto, lo que es educación y enseñanza. Son muchas voces las que dicen que los maestros no estamos para educar pero yo sigo diciendo que sí, en colaboración con los padres.

–¿No tuvo la tentación de dar el paso a la universidad?

–Hubo un momento en que tuve esa tentación. Al inicio de nuestra universidad, siendo ya abogado, hubo un par de convocatorias en las que participé y luego las deseché. Podría haberlo intentado con más ahínco pero no me llamaba tanto la atención. Me siento orgulloso de haber ejercido como maestro y del aprecio que me siguen teniendo en todos los pueblos donde he estado. Mis inquietudes las he colmado siendo maestro, ejerciendo como abogado y habiendo estado en la política pues fui concejal del PP en Bonares y también diputado provincial, lo que me dio la opción de conocer a mucha gente. Fui también el coordinador provincial del PP con Matías Conde cuando en 1995 conseguimos por primera vez presentar candidaturas en todos los pueblos de la provincia.

–¿Por qué se fijó en ANPE?

–Me fijé en ANPE por dos razones. Una porque ANPE nació como una asociación ya que aún no estaba vigente la ley de libertad sindical pero sí era legal montar asociaciones. ANPE empezó a ser importante en Canarias, donde yo trabajé también y sigue siendo la primera fuerza sindical allí y en toda España. Allí conocí a algunos compañeros, fundamentalmente al presidente regional. Luego me vine y tuve mi destino en Bonares, donde también había compañeros de ANPE. Luego, cuando apareció como sindicato, su primer presidente Amador del Pino, habló conmigo y entre unos y otros intentaron que me liberara. Como yo había empezado a estudiar Derecho (1987), les dije que no porque no podía con todo. Eso sí, le prometí que les montaría la asesoría jurídica y así lo hice.

–¿Por qué entró en política?

–Sentía que sindicalismo y política iban muy juntos: Querer hacer algo, participar en lo que estaba ocurriendo en la Transición, querer ayudar u colaborar. Eso le pasó a mucha gente. Yo no había pertenecido a Alianza Popular pero cuando se refundó en 1990, vi que proporcionaba una corriente nueva y diferente, con otra visión del futuro, de la política. El partido se centró mucho más y esa línea me atraía.

–¿Cuántos años estuvo en política?

–Desde las municipales de 1991 hasta 2003.

–Me imagino que a principios de los 90 no era fácil en Huelva ser del PP teniendo en cuenta la fuerza que poseía el PSOE.

–Ser del PP a principios de los 90 con el rodillo socialista, era dificil y muy complicado. También es verdad que una vez que llegué a la Diputación encontré tanto en los diputados de IU como en los del PSOE y obviamente del PP, un estilo diferente, más tolerante y creo que muchos hemos seguido siendo amigos. Eso me llenó de satisfacción porque la política tiene que ser así .

–¿Y por que dejó la política?

–La dejé porque pasé a formar parte de lo que llamaron Grupo Tartessos. Solo éramos un grupo de compañeros que veíamos las derivas del partido, que creíamos que debía haber otro estilo, otras formas e incluso casi hasta otra filosofía del partido. Fuimos injustamente masacrados por algunos que no habían estado en el partido nunca, que vinieron al olor de la sardina, a estar en el partido mientras tuvieron poder y vivieron del partido. Al ver eso, los que teníamos la posibilidad de dejar la política y no morirnos de hambre, nos fuimos. No habíamos venido a buscar al puesto de trabajo así que volví a mi magisterio y a mi abogacía.

–¿Está de acuerdo con la afirmación de que Pedro Rodríguez fue un buen alcalde y un nefasto presidente del PP?

–La suscribo al 100%. Él nunca fue del PP. Para mí lo importante es la institución y no las personas que venimos y salimos pero la institución debe permanecer. Todos han llegado donde han llegado, gracias al partido.

–Volviendo al mundo de la educación que usted conoce tan bien, ¿por qué Andalucía da tan malos resultados en todos los estudios que se realizan sobre este ámbito?

–Los profesionales andaluces son tan buenos o mejores que en otros sitios. No tenemos nada que envidiar. Lo que pasa es que si por la presencia y la actitud de algunos alumnos y sus padres, la clase se convierte en un sufrimiento, y eso ocurre con demasiada frecuencia, lo sufre el resto de los alumnos. Se ha invertido la visión que se tenía de la educación. Había una ley natural que era el reproche social donde el golfo estaba mal visto y el trabajador era bueno y honrado. Ahora el trabajador es un pringado y el golfo es un listillo. Trasladando eso a la educación, le reto a que venga a la puerta de cualquier colegio o instituto cuando lleguen las vacaciones de Semana Santa y escuche las conversaciones de los alumnos. Descubrirá con pavor que los que han aprobado prácticamente huyen y los que se vanaglorian de su triunfo son los que les han quedado 8 o 9.

–Se dice que el nivel de exigencia ha bajado.

–Es cierto. Los niveles han ido bajando desde que se implantó la Logse que es una de las peores leyes de educación que se haya inventado nadie. El fracaso es la violencia en los centros, el abandono escolar....

–También se ha cuestionado mucho el papel de los padres.

–Hoy en día uno de los factores que influyen es que muchos padres se creen que son los pedagogos más importantes del mundo y lo único que hacen es estorbar además de reírles las gracias a sus hijos. Los niños amenazan a los profesores en los colegios diciendo que se lo van a decir a su padre y efectivamente viene el padre al centro y echa la bronca al profesor.

–¿Llega a sentirse el docente desprotegido ante la Administración?

–En ANPE nos vimos obligados a crear el Defensor del Profesor donde les damos cobertura jurídica y psicológica que la Administración no da. No hay presunción de inocencia: el profesor tiene la culpa y los padres de los niños tienen la razón.

–¿Por qué cree que los sindicatos de clase han ido perdiendo importancia en el sector de la educación?

–Deberán ser ellos los que hagan autocrítica pero creo que están anclados en más de 100 años, en defensa no de los trabajadores sino de en defensa de unas formas y filosofía política concretas. En muchas ocasiones se han vendido al poder y han salido malparados y eso la gente lo va valorando.

–¿Cómo valora la situación actual del país?

–Estamos en una situación muy complicada por la existencia de los independentistas con el pulso que echan al resto de España. Quisiera patrocinar una campaña que llamo No con mi dinero. Esa campaña se basa en una propuesta de cambiar la financiación de los partidos políticos. Soy partidario de que se supriman todas las subvenciones, pues los partidos deben ser financiados por sus afiliados o introduciendo en la Declaración de la Renta, el porcentaje que se determine para los partidos políticos pero que cada uno señale a qué partido quiere que vaya su dinero o a ninguno.

–¿Sigue de militante del PP?

–Sigo manteniendo muy buenas relaciones con muchos del partido. Muchas de las cosas que nosotros decíamos, las han hecho después, como por ejemplo las primarias que en aquella época era nombrar la bicha. Protestábamos de la acumulación de cargos en una persona con varios puestos remunerados cuando lo que el partido necesitaba estructura.

–¿Pensaba que vería a un presidente de la Junta de Andalucíaque fuera del Partido Popular?

–Si le soy sincero no, porque casi hemos estado a punto de no conseguirlo. Pensaba que no lo vería porque la estructura del poder del PSOE es muy grande en Andalucía y es el gran miedo que ellos tienen: que se desmorone toda esa estructura que ha mantenido durante tanto tiempo.

–¿Volvería a la política?

–He tenido tantas actividades en esta vida que es imposible decir de este agua no beberé. No lo sé. Que pueda volver o no volver, lo que tenga que ser será pero no estaré rebuscando. Tampoco lo hice entonces pero siempre he estado a disposición del partido. Lo más importante de lo que hemos visto, es que por fin en Andalucía se ha consumado la Transición. Moreno se merece no solo 100 días, sino una legislatura como mínimo ya que a partir del 2 de diciembre se ha iniciado la consumación de la Transición. Llevábamos en Andalucía 80 años solo con dos regímenes: el primero el dictatorial y a partir de ahí, otro no equiparable evidentemente, pero solo con una manera de hacer política. En el Gobierno central, la Transición se consumó cuando empezó la alternancia. Los andaluces debemos ver como normal que haya cambios de Gobierno pues lo importante es la Junta de Andalucía y los ciudadanos, no los políticos que pasarán haciéndolo mejor o peor.

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