Día de la Discapacidad La atleta Teresa Perales comparte el diario encuentro con la felicidad

  • La atleta paralímpica comparte su experiencia en el Congreso de Motivación y Diversidad que tuvo lugar en el Foro Iberoamericano de La Rábida

Teresa Perales en un momento de su intervención en el Foro Iberoamericano. Teresa Perales en un momento de su intervención en el Foro Iberoamericano.

Teresa Perales en un momento de su intervención en el Foro Iberoamericano. / O. L. (La Rábida)

Teresa Perales levanta expectación allá por donde pasa y unos segundos después de comenzar a hablar, se entiende perfectamente la razón. En pocas oportunidades se tiene la ocasión de poder escuchar a alguien con una experiencia vital que contagia optimismo allá por donde pasa. A sus 43 años, lucha todavía con una enfermedad, pero lo mejor que se puede decir de ella es que apenas se le nota. Habla con pasión de su vida, de su familia y de pasada de las más de veinte medallas conseguidas en cinco juegos paralímpicos y ya mira a Tokio como un desafío que no le asusta. Ayer fue, junto con los representantes de 29 entidades onubenses y de otras provincias, la protagonista del Congreso de Motivación y Diversidad que tuvo en el Foro Iberoamericano su lugar para la celebración de su segunda edición.

La vicepresidenta de la Diputación María Eugenia Limón, recordó la edición del año pasado, con Irene Villa y El Langui como protagonistas y se felicitó por “tener la experiencia de poder escuchar este año a Teresa Perales y Sandra Ibarra, representantes de una visión positiva de enfrentarse a la vida de la que todo el tejido asociativo debe aprender”. Limón quiso recordar que casi una cuarta parte del presupuesto de la institución provincial, se dedica a políticas sociales”.

Por su parte, la presidenta de la Federación de Personas con Discapacidad Física y Orgánica (Cocemfe) Rocío Pérez, señaló la importancia de este tipo de eventos para “hacer ver a la sociedad lo que sí podemos hacer las personas con alguna capacidad no habitual, para que entiendan que no significa tener más obstáculos, sino planteárselo como cualquier otra cosa en la vida, siempre desde un enfoque positivo”.

Teresa Perales junto a María Eugenia Limón y Rocío Pérez antes del comienzo del Congreso. Teresa Perales junto a María Eugenia Limón y Rocío Pérez antes del comienzo del Congreso.

Teresa Perales junto a María Eugenia Limón y Rocío Pérez antes del comienzo del Congreso. / O. L. (La Rábida)

Teresa no paró de moverse, de gesticular, de guiños con los que deja a quienes la oyen pendientes de ella. Lleva en esa situación desde los 19 años y se ha enfrentado a no poder acceder a un servicio “por culpa de un estúpido escalón que me hacía bajar una planta y volver a subirla para poder ir”. Se enfrenta a las dificultades con la misma entereza que espera que lo hagamos todos, aunque reconoce que las más duras “son las que no vemos”. Cada una de sus palabras llega, porque las dice alguien que las siente de una manera especial.

Comparte esa extraña cercanía que tienen los que tienen que vivir con las mismas dificultades que ella por el humor negro, por esa manera de tomarse la vida con la seriedad justa, huyendo de quienes buscan afanosamente el drama en cada gesto que llevan a cabo. De hecho, supo sacarle partido al divertido tropiezo de una presentación que se empeñó en llamarla Teresa Campos, bien regateado con una buena razón de besos para su autora. Llama a las cosas por su nombre y es precisamente de ellos de los que huye, sin servilismos al lenguaje que les califica de discapacitados o minusválidos. Lo suyo es otra cosa, además de la gramática.

El Foro Iberoamericano estaba lleno para escuchar a la atleta paralímpica. El Foro Iberoamericano estaba lleno para escuchar a la atleta paralímpica.

El Foro Iberoamericano estaba lleno para escuchar a la atleta paralímpica. / O. L. (La Rábida)

“Algunos le dan más mérito de lo que lo tiene”, asegura sin tapujos y admite que le da aversión ese paternalismo con el que la tratan algunas de las personas “completas”, como ellas las llama, con las que comparte la vida, algo que le ha llevado a “cruzar de acera para que no lo hagan”.

Vuelta a la comedia negra: “esta situación me viene muy bien por ejemplo cuando voy con mi hijo a Eurodisney, que he estado hace poco, veo a muchos padres como sufren cuando tienen que cargarlos en brazos; a mi, cuando me pasa eso suelo decirle sírvete cariño y le pongo encima de mis piernas sin sentir ese cansancio, aunque luego la espalda lo nota”. Otra más: “estar en esta situación me hace encontrar utilidades, por ejemplo, en las botas puedo dejar muchas cosas y así no me hace falta llevar bolso”. No es una expresión más, nunca lo es, sino que se saca del calzado un bolígrafo para demostrar que es cierto.

La primera lección de vida se la dio su primer entrenador. Apenas sabía nadar y cuando probó la piscina experimentó la libertad de vivir sin ataduras. Le gustó y comenzó a imitar “a un chico que nadaba a mi lado. Ramiro, entonces me sacó de la piscina y cuando pensaba que me iba a reprochar lo mal que lo había hecho, me dijo que yo era un diamante en bruto que había que pulir. Fue mi motivación, aunque no me di cuenta hasta mucho tiempo después que eso mismo se lo decía a todo el mundo”.

María Eugenia Limón y Rocío Pérez en la apertura. María Eugenia Limón y Rocío Pérez en la apertura.

María Eugenia Limón y Rocío Pérez en la apertura. / O. L. (La Rábida)

Es esa su lección más importante, la que trasciende a su personalidad y la que quiere compartir, el ser tratada como una persona con sus particularidades, como todos en definitiva. Le asusta que le vayan con la mano por delante o que le abran los brazos sin tener en cuenta “que tardo en frenar y nos podemos dar un buen golpe”. Bautizó y registró la teoría del espiralismo positivo, esa forma geométrica en la que se ve inmersa a diario. Valga como ejemplo otra de sus luchas. Sucedió cuando, después de conseguir terminar su carrera de fisioterapia, con buenas notas, se dirigió a lo que pensaba que iba a ser su primera contrato de trabajo; la persona que le entrevistaba levantó la vista de los papeles que estaba leyendo y la preguntó “¿qué es lo que no puedes hacer?” Cualquier otra sí, pero ella no se amilanó y su respuesta fue: “no hay nada que no pueda hacer”.

Le molesta que le hagan referencia a la sonrisa que siempre le acompaña, aunque su disgusto va dirigido a aquellos que no entienden cómo una persona en su situación pueda sonreír. Lo que más le molesta es la inspiración de lástima. No la necesita y ayer se empeñó en demostrarlo en cada momento en que esa sonrisa contagiosa regalaba una esperanza a todos los que la escucharon, la admiraron y la aplaudieron; no por lo que es, sino por cómo es.

Por cierto, Teresa Perales va en silla de ruedas, pero ayer también llevaba un jersey blanco y ella le da tanta importancia a una cosa como a la otra.

Rocío Perez y María Eugenia Limón ayer en La Rábida. Rocío Perez y María Eugenia Limón ayer en La Rábida.

Rocío Perez y María Eugenia Limón ayer en La Rábida. / O. L. (La Rábida)

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios