Huelva

Santiago Gómez: “La Iglesia tiene que vivir con radicalidad la atención social, pero su justificación es Cristo”

  • En su primer año se ha dedicado a conocer la diócesis, donde se siente bien acogido

  • Tras el cambio en las vicarías espera elaborar el programa pastoral para los próximos cinco años

Santiago Gómez Sierra mira a la ciudad desde el balcón del palacio episcopal.

Santiago Gómez Sierra mira a la ciudad desde el balcón del palacio episcopal. / Rafa del Barrio

Santiago Gómez Sierra cumple hoy su primer año como obispo de la diócesis, con este motivo hace para Huelva Información un balance de este tiempo, del que destaca la buena acogida de fieles, onubenses e instituciones. Realiza cambios en las vicarías buscando una mayor cercanía y operatividad. Un tiempo marcado por la pandemia y que espera pueda ir superándose.

–¿Un año después cómo se siente en Huelva?

–Me siento más en mi casa, de algún modo el hacerse a todo. Desde la propia casa, al paisaje nuevo, relaciones con personas a las que vas conociendo, celebraciones en las parroquias pasando prácticamente por toda la diócesis. Cuando voy a una parroquia nueva suelo decir en la monición inicial que agradezco al Señor la oportunidad de celebrar allí, porque el deber del obispo es conocer a la familia de Dios en Huelva.

–¿Qué impresiones guarda de su toma de posesión?

–La tomé como una boda, unos esponsales. El obispo se desposa con la Iglesia particular a la que es enviado, incluso el anillo episcopal te recuerda ese desposorio con la Iglesia de Huelva.

–Este primer año ha sido un periodo difícil por la pandemia, ¿cómo condiciona a su labor?

–Un año complicado y más en Huelva donde la primera ola y el primer confinamiento no tuvieron apenas víctimas y ahora en la provincia llega a las 400. Los confinamientos perimetrales han condicionado, con muy pocos encuentros diocesanos. Los más numerosos se suspendieron sucesivamente, solo al final se pudo celebrar una asamblea que era tradicional para los sacerdotes y diáconos. Es verdad que las confirmaciones y las celebraciones me permitieron recorrer la provincia y ahora me resulta familiar.

–¿Se están cumpliendo los objetivos?

–Sí, porque lo primero al llegar era conocer la diócesis. Uno puede tener unas prioridades pastorales pero lo más importantes es conocer la diócesis, que tiene su historia, su realidad presente, su psicología y sentir colectivo que la hace singular. En este tiempo he podido hablar con muchos sacerdotes y otras personas conociendo muchas historias, dándome una visión más cercana, más entrañable.

"La pandemia, con los cierres perimetrales lo condicionó todo, reduciendo las celebraciones”

–¿Podría recorrer esos pasos a modo de resumen?

–Una primera etapa fue el último trimestre del año pasado, el primero del curso pastoral, que por el calendario que dejó don José mi predecesor de confirmaciones me permitió recorrer toda la diócesis; conociendo desde lo más externo de la geografía, el paisaje, a las personas. Después con la Navidad llegaron las sucesivas olas de la pandemia que restringieron mucho la movilidad, pero continué con el conocimiento personal de sacerdotes, hablando con muchos, entrevistas personales sin prisas, sabiendo de su historia, su recorrido. Otro hito del curso fue el ir pensando y finalmente eligiendo el nuevo equipo del consejo episcopal con los vicarios.

Es verdad que tengo que agradecer al equipo que encontré, que dejó don José, su colaboración exquisita y franca, realmente cordial. Algunos de ellos habían pedido salir, llevaban años y pensaban que sería bueno una renovación. Está la renovación del equipo del seminario donde encontré un muy buen clima interno, comunitario. E, igualmente, con un rector que estaba solo, con un padre espiritual, llevaba en él un recorrido de años. He hecho una renovación con un equipo y, además, rejuveneciéndolo considerablemente. Por último, los nombramientos de delegados y algunos directores de secretariados.

–¿Se siente acompañando?

–Sí, sí. La verdad que me he sentido acompañado por el consejo episcopal anterior y ahora con los nuevos. Celebramos un consejo episcopal de tres días aquí en la casa, viviendo todos en el Obispado, resultó una experiencia de amistad, fraternidad, alegría e ilusión por trabajar en la diócesis. En todos los sitios a los que he ido, tanto instituciones no eclesiales, políticas, sociales, hermandades, parroquias... me he sentido acogido.

–¿Qué persigue con los nuevos cambios?

–Una estructura que me ayude más para servir a la diócesis, a la evangelización, que es en definitiva la misión. Quizás la novedad mayor es la estructura territorial de las vicarías. Lo territorial es un criterio muy importante en la vida de la iglesia, criterio de territorialidad son las diócesis en general o lo es una parroquia. Lo que da la territorialidad es vinculación igual que para un fiel cristiano vivir en un sitio, para un bautizado el hecho de vivir en un lugar le da una vinculación a una parroquia a una comunidad cristiana concreta. Es lo que he pretendido con esas vicarias territoriales. Para atender a 140 sacerdotes necesito ayuda, si para eso cada vicario tiene a unos 20 párrocos el acompañamiento y la cercanía puede ser más fácil, tanto para el vicario como para mí a través de él, y para el sacerdote en su cercanía a la diócesis, que siempre tiene el acceso al obispo.

"El informe Dafo nos da muchas pistas sobre la Iglesia de Huelva. Me llama la atención la falta de sentido de pertenencia”

–Recientemente se conoció el informe Dafo de la Iglesia de Huelva, hay muchas ideas, ¿cómo tomarlas?

–Es la opinión de gran parte de la diócesis, intervinieron arciprestazgos, parroquias, algunas asociaciones, movimientos y hermandades. No es un análisis científico en el sentido de que hayamos empleado herramientas de un estudio sociológico o religiosos exhaustivos con pretensiones de ser científicos entre comillas. Es un sentir, una muestra suficientemente significativa, que ayuda a tener una perspectiva a la hora de expresar esa opinión o sentir de la Iglesia en Huelva.

–Habla de muchas cosas, de párrocos cansados, falta de liderazgo... ¿cómo presentar a la Iglesia en el mundo de hoy?

–Es verdad que este tipo de informes muestra muchas pinceladas contradictorias. Lo mismo que se habla de sacerdotes cansados también de ilusionados y es que las dos cosas son verdad. Lo importante de este informe es que pretende darnos pistas para unas orientaciones pastorales, cómo enfocarlas. Me llama la atención, como una debilidad que se detecta en la vida de la Iglesia de Huelva, que tampoco es una original nuestra, es algo general, es como una falta de sentido de pertenencia, de vinculación a la comunidad cristiana. Ahí encontramos algo que reclama nuestra atención, como cuando habla de fortalecer se apunta las oportunidades que ofrecen los sacramentos, la presencia de la Iglesia en el ámbito social, particularmente en la caridad con los más pobres. Se dice que la fortaleza de la Iglesia es su propia identidad, lo que la Iglesia es. Esto son pistas importantes para pensar ahora en unas orientaciones pastorales.

Santiago Gómez en un momento de la entrevista. Santiago Gómez en un momento de la entrevista.

Santiago Gómez en un momento de la entrevista. / Rafa del Barrio

–Como acaba de señalar está la labor social de la Iglesia, ¿cuál es el camino a seguir?

–La evangelización. En esa evangelización la caridad es uno de los pilares fundamentales, pero no solo la caridad sino la palabra de Dios y la celebración de la fe en los sacramentos. La caridad nace de la experiencia del encuentro con Cristo, que se da cuando se abraza la palabra que se anuncia. El Kerigma técnicamente dicho, que es el anuncio de Cristo muerto y resucitado, ese es el camino de la Iglesia ayer, hoy y siempre. La Iglesia tiene que vivir con toda la radicalidad que pueda la atención a los pobres y la atención social, pero su justificación no es por la acción social que hace sino porque que Cristo ha muerto y resucitado y sigue siendo el salvador de todos los hombres y nos envía a anunciarle a todos los pueblos.

–Para quienes se encuentran alejados de la Iglesia, ¿qué ofrecerles?

–Hay que mostrarles a Jesucristo, dar a conocer el evangelio, la palabra, la obra, la vida, la muerte y resurrección de Jesús de Nazaret. Una comunidad cristiana donde vivir esa fe en Jesucristo, los sacramentos que son el encuentro con Cristo hoy y el acompañamiento en la sociedad en la que formamos parte.

"Ha habido un acercamiento hacia las hermandades. La piedad popular es el evangelio que se ha hecho carne de un pueblo“

–Siguiendo con el informe Dafo, se reconoce la importancia de las hermandades, algo que hace unos años era sólo una relación de enfrentamientos, ¿cuál es el camino?

–Ciertamente en estos últimas décadas ha  habido un acercamiento de los pastores, de la Iglesia, los sacerdotes a las hermandades. Hubo un momento determinado, quizás en el inmediato posconciliar, cuando se produjo un alejamiento mayor. La causa de ese reencuentro es el aprecio a la piedad popular, que se expresa en la comunicación con Dios, con la Virgen y los santos que una persona tiene a través de una imagen, muchas veces trasmitido en la familia, en el pueblo. La piedad popular es el evangelio que se ha hecho carne de un pueblo, que se hace cultura de un pueblo. El papa dice que la piedad populares es la fórmula que tiene el pueblo en el que se evangeliza así mismo.

Descubrir esto es realmente lo que ha provocado ese reencuentro. La tarea es actuar con responsabilidad, en definitiva, no quedarnos en un romanticismo de la piedad popular, como si no hubiera pasado nada en la piedad popular en lo últimos 50 años, también ha pasado, se ha transformado mucho esa piedad popular. Es recorrer ese camino de experiencia religiosa que la piedad popular tiene a través de imágenes devocionales a las cuales las hermandades en general sirven.

La hermandad también debe ser consciente, como toda la Iglesia, que no somos dueños de la piedad popular, sino que estamos para servirla, e igualmente la hermandad está para servir a esa piedad popular. En las hermandades hay muchos círculos, igual que en la vida de la Iglesia, es que se repite la misma radiografía en una parroquia que en una hermandad. Hay muchos hermanos, como hay muchos bautizados, pero luego algunos hermanos o bautizados son bastantes indiferentes a la vida de la hermandad, que están porque lo apuntaron sus padres o sus abuelos, ni lo saben, la cuota las pagan los padres o los mayores.

Otros tienen una experiencia religiosa más bien puntual en torno a la hermandad ya sea la procesión o la fiesta, igual que pasa en la propia parroquia que la vinculación con ella es muy esporádica. Hay otros que sí, su vinculación impregna más tiempo, más continua en su vida, le lleva a una práctica religiosa mayor, a una piedad personal que está alimentada por esa devoción. Y luego están quienes comprometen su vida en la hermandad, todo esto se repite también en la vida de la parroquia.

Entonces creo que el campo de misión, de evangelización, está dentro de la propia hermandad, unos hermanos con otros hermanos, aquellos que han descubierto más y que viven con mayor intensidad esta fe a través de la piedad popular con aquellos con quienes la viven más esporádicamente o más casualmente, irlos conquistando para que descubran un camino realmente de crecimiento en la fe y en la experiencia de Jesucristo, en el sentido de cómo esa experiencia llena la vida a una persona.

–¿La Caridad en qué nivel debería estar?

–Es parte del ADN de la vida de la Iglesia y de una hermandad. No puede haber realmente una institución eclesial que no ejerza la caridad. Sabiendo que la pobreza tiene muchas caras, a veces nos quedamos con la pobreza material que ciertamente es la persona que no tiene para comer o que necesita ayuda para pagar la luz o el agua, tiene necesidad material importantísima que en la medida en que podamos tenemos que acudir, que también es importante. Hay una pobreza de marginación social, de soledad, una pobreza cultural que igualmente es importante. El que en algunos de nuestros barrios le sea difícil a un chaval estudiar bachillerato -por ejemplo- aunque tengan capacidades por el ambiente. Eso denota, como en tantas otras manifestaciones, que hay una pobreza cultural que puede ser simiente de sucesivas pobrezas a lo largo de la vida, por eso hay hermandades que tienen apoyo escolar en proyectos sociales en barrios pobres. Me parece que esa acción social es muy importante. No hay nada que mejor facilite el ascensor social entre distintas capas sociales como es la educación. Y luego hay una pobreza religiosa, una persona pobre en su alma, pobre de esperanza, de sentido para afrontar la vida, el trabajo, el amor y el dolor. Por tanto, todas esas pobrezas de una manera integral en todas ellas tiene que ver la Iglesia, naturalmente, y las hermandades.

"Es prematuro hablar de salidas procesionales, de extraordinarias. Entiendo las ganas de volver a la normalidad”

–Después de más de un año de pandemia sin procesiones en las calles ¿no es aventurado hablar en este momento de retomar salidas e incluso de extraordinarias? ¿Qué aconseja?

–Efectivamente es prematuro hablar de cosas extraordinarias. Yo lo entiendo, tenemos tantas ganas de volver también en estas manifestaciones religiosas a hacerlas con normalidad que cuando vemos un rayito de luz, pues nos lanzamos con grandes proyectos. Bueno, creo que hay que empezar poco a poco, la rehabilitación tiene que ser poco a poco. Espero efectivamente que con la extensión de la vacunación a la población vayamos ganando en posibilidades en volver a la normalidad en la lucha contra esta pandemia. Que haga que las manifestaciones religiosas que han sido habituales hasta hace dos años pues las podamos seguir retomando con normalidad, eso es un paso importante.

–Después de este primer año de toma de contacto, ¿qué objetivos se marca el obispo?

–El curso que viene va a estar fundamentalmente orientado por tres temas. Uno, la fase diocesana del sínodo que el papa convoca para el año 2023 que es precisamente sobre este tema de la sinodalidad y la corresponsabilidad en la vida de la Iglesia. Un segundo tema es la continuación del Año de la Familia 'Amoris Laetitia' (La alegría del amor), conmemorando ese mismo documento del papa Francisco que quiere reactivar la pastoral familiar, ese año se concluye en junio de 2022, con lo que abarca el curso pastoral próximo. En tercer lugar elaborar entre todos las orientaciones pastorales de la diócesis para los próximos cinco años o próximo periodo, yo quisiera que a final del curso fuese una realidad. Lo haríamos a partir del análisis Dafo y con el trabajo del congreso de laicos que tuvo una fase diocesana muy importante. Por ahí irían el trabajo y las líneas de fuerzas del curso próximo.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios