Celebración El Rocío refuerza su seguridad este fin de semana con motivo de la celebración de la Candelaria

Acariciando a parasceve

Parasceve se aproxima

Cinta Ortega.

Cinta Ortega. / M.G.

….Todo se va consumando. Como irremediablemente ocurre cada año, esta Cuaresma, a la que aún, quedan algunos momentos, se nos escapa, se nos va, nuevamente, por las rendijas del tiempo. Ese tiempo, en el que el cofrade empieza a respirar el aroma de lo que ha de venir, nos vuelve a abandonar, haciendo “mutis por el foro” imperceptiblemente, tras los aplausos recibidos. Y seguro, que a esta Cuaresma, cada uno de nosotros, hemos sacado el jugo que la misma merecía… Actos, cultos, pregones, ensayos de costaleros, traslados, etc…Los periodos cuaresmales de cada año pasado, en ese devenir de la vida, han tenido sus instantes especiales, oportunidades que han quedado grabadas en nuestros adentros, pero esta que se nos va, probablemente, haya sido de las más particulares para todos los que tienen ese sentir cofrade, ya que ha sido y sigue siendo la Cuaresma del reencuentro, la Cuaresma que nos ha devuelto esa normalidad soñada…Y hemos podido vivir momentos de efemérides en algunas de nuestras hermandades, momentos de celebraciones en todas, y, seguro que, momentos de reflexión y de introspección personales… ¿Y qué es la vida? Sólo momentos…

…Doña Cuaresma, se nos va, acariciando a esa luna de Parasceve que nos envuelve en nuestra Semana Mayor. Y, mi cuerpo, nuestros cuerpos, volverán a vestir esos hábitos nazarenos. ¿Recordáis ese primer año que vestisteis vuestra túnica? Yo sí recuerdo el mío, a la perfección… ¿cómo lo podría olvidar? De mi mente se han borrado distintos instantes de la infancia, pero nunca se marchó de ella la evocación de aquel día. Mis pupilas visualizan las caras de nerviosismo, de alegría no contenida, de ilusión, tanto de mi hermano, como las de los otros niños, así como, la de quien suscribe estas líneas, que ese año, por primera vez formábamos fila, acompañando con nuestra luz a Soledad de María. Todos los que nos movemos en este mundillo hemos vivido, a una edad u otra, esa primera experiencia y poco a poco hemos ido percibiendo esa sensación de pertenencia, esa sensación de cobijo, de paz y de gloria por acompañar a nuestros titulares. Y la inocencia ha sido la nota clave en esos primeros años. Pues, permitamos que este año vuelva a aparecer esa inocencia en nuestros semblantes, que vuelva a ser esa primera vez después de lo vivido. Y, por supuesto, celebremos con esos niños o adolescentes que debutan con su hábito, o, con aquellos, que ya, se iniciaron, pero que por su corta edad, tras este impasse de dos años, vuelvan a tener las sensaciones de esa primera vez.

Que la calidez humana brille en estos días, porque, a fin de cuentas, esa afectuosidad es la que hace que tanto los hermanos de una hermandad, como los que no lo son, acudan al calor que se les brinda.

Y…que nos encontremos por esas calles, por esos, nuestros rinconcitos. Que asistamos a esas citas ineludibles, a esas que se han hecho tan nuestras, porque las vivimos desde antaño. A mí me encontraréis en las mías, en esas que Parasceve me regala todos los años.

¡Señoras, señores, hermanas y hermanos que esta Semana Santa nos lleve al esplendor divino, y que todos tengamos una muy feliz Pascua de Resurrección!

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