Cien años de los azulejos de Daniel Zuloaga en el santuario de la Cinta de Huelva

Los paños cerámicos son obras de Daniel Zuloaga y recogen la leyenda del hallazgo de la Virgen y de la invocación de los marineros del descubrimiento a su regreso a España

Paño cerámico de la invocaicón de Colón a la Virgen de la Cinta el 3 de marzo de 1493.
Paño cerámico de la invocaicón de Colón a la Virgen de la Cinta el 3 de marzo de 1493. / Alberto Domínguez

El 12 de octubre vuelve a poner de relieve el sentido colombino del santuario de Nuestra Señora de la Cinta. Este año, además, al conmemorarse el centenario de la colocación de los paneles cerámicos del importante artistas a nivel nacional Daniel Zuloaga.

Se encuentran en los muros laterales del altar del santuario que vienen a representar el Milagro del Toro o de la aparición de la imagen de la Virgen de la Cinta a un pastorcillo y el de la invocación de Cristóbal Colón al encontrarse las naves descubridoras de regreso en una gran tempestad el 3 de marzo de 1493 e invocar la tripulación a Santa María de la Cinta en Huelva, una promesa que realizó el propio almirante.

Azulejo del Milagro del Pastorcito
Azulejo del Milagro del Pastorcito / Alberto Domínguez

La ejecución de estas piezas artísticas se producen en un momento muy importante tanto para la devoción cintera como para la explosión colombina que por aquel entonces se vive en Huelva y quedará reflejada en el santuario de la Cinta, Patrona de los marineros. Este impulso se le debe al hermano mayor Francisco García Morales, que ya había propuesto realizar nuevas corona de oro para la Virgen de la Cinta y el Niño y que también se estrenan en ese año de 1920.

Se ve, por tanto, que hay un periodo floreciente en la Hermandad de la Cinta, que es reflejo del sentido colombino que vive la ciudad, un acuerdo que se toma el 20 de septiembre de 1919.

Se realizan en 1920, en plena esfervescencia y reivindicaicón colombina en Huelva

El origen de esta iniciativa puede estar asociado al movimiento americanista que se relanza en la ciudad en esos años, cuando se reivindica la fiesta de la Raza o de la Hispanidad. Aludiendo a ese carácter de fiesta nacional que promulga la Reina Regente María Cristina en La Rábida en 1892, durante las celebraciones del IV Centenario del Descubrimiento de América, que declara “perpetuamente Fiesta Nacional el día 12 de octubre, en conmemoración del Descubrimiento de América”.

En las primeras décadas del siglo XX se reivindica esa fiesta y es que como señala el diario La Provincia en 1915, sólo en Huelva se venía celebrando la fiesta del 12 de octubre. Al año siguiente ese despertar colombino se refleja en la rotulación de la Plaza del 12 de Octubre, a orillas mismas de nuestra puerto.

Conscientes de que hacían falta más esfuerzos para ser escuchados, en 1917 hay una gran manifestación en la calle para exigir la declaración efectiva de Fiesta Nacional en el 12 de Octubre.

Al año siguiente, 1918, los esfuerzos se ven recompensados por el decreto de Alfonso XIII, por el que “se declara Fiesta Nacional, con la denominación de Fiesta de la Raza, el día 12 de Octubre de cada año”. Los estragos de la epidemia de aquel año hacen que las fiestas pasen desapercibidas sin celebración alguna.

En 1919 aquella manifestación reivindicativa se convierte en procesión cívica colombina. Desde el Ayuntamiento llega a la Plaza 12 de Octubre, con la presencia del ministro de marina, el almirante Flores.

El mes antes es en el que se toma el acuerdo de emprender la gran obra de los azulejos del altar mayor de la Cinta, con el panel evocador a la invocación de Cristóbal Colón a la Virgen de la Cinta.

Esta es la antesala a un año 1920 en el que se produce la vuelta de los franciscanos a la Rábida, que promueve el diputado a Cortes Antonio Mora Claros. E, igualmente, la inauguración de los paneles de Daniel Zuloaga en el santuario de la Patrona de Huelva.

Una importante obra en un periodo de resurgir de la Hermandad de la Cinta, no solo en su devoción, sino en importantes actuaciones, como es la restauración y embellecimiento del Humilladero, mejoras en el patio del santuario y la adquisición de presas para la Virgen de la Cinta o el nuevo Paseo del Conquero que acercaba el santuario por un lugar especialmente hermoso. Así lo refiere Juan Cádiz Serrano en ‘Mis memorias’ (1920): “La actual junta de la Cinta necesitaba hacer algo que se saliera de los moldes ordinarios y corrientes y el señor hermano mayor pensó que el gran Zuloaga podría embellecer el santuario y emprendió la conquista del gran artista honra y prez de la España artística e industriosa”.

La Hermandad de la Cinta recibe de Daniel Zuloaga un primer boceto del paño de Colón, pendiente aún el del Milagro del Toro en el que estaba trabajando. La recepción debió producirse a finales del año 1919, pues la junta de gobierno se reúne el 2 de enero de 1920.

Es importante señalar que el encargo que se realiza a Daniel Zuloaga se produce en su última etapa, en lo más alto de su carrera artística. Es el penúltimo trabajo que aborda antes de que se produzca su fallecimiento el 26 de diciembre de 1921. Su última obra la realiza para la sacristía de la catedral de Barbastro, decoración para Fiat Hispana de Madrid.

Daniel Zuloaga está considerado en la actualidad uno de los artistas más importantes de la cerámica española. Introduce en nuestro país los estilos de modas europeos del Neorrenacimiento y le Modernismo, creando un estilo propio dentro del regionalismo y la estética del 98.

Formado en el ámbito familia y en la Escuela de Cerámica de Sèvres, la Corona le concede a los hermanos Zuloaga los terrenos que ocupaba la antigua fábrica de cerámica de la Moncloa en Madrid. A partir de ese momento inicia una importante carrera artística que lleva su arte por toda España.

Para hacer realidad este ambicioso proyecto, el hermano mayor cintero Francisco García Morales propone, en la sesión del 20 de septiembre de 1919, que “como en años anteriores se hiciese una rifa para Navidad y que esta consistiese en un billete de dicha lotería dando participaciones de una peseta y elevándose una más como donativo para la Hermandad con el objetivo de allegar fondos para las obras y reformas que hay en proyecto”.

La Hermandad de la Cinta visualiza en sus paredes un homenaje a los marineros de Colón

Las piezas cerámicas se colocan entre mayo y junio de 1920, con lo que estarían para las fiestas de la Virgen.

En el tiempo han sido necesaria dos intervenciones, para su conservación. En la memoria de la Hermandad de la Cinta de 1956-1962 aparece en el capítulo de gastos una partida señalada como: “Reparación del azulejo del Pastor, Presbiterio. 460 pesetas”.

Estas corresponde a las obras de mejoras en el santuario, en la que se tapa el ojo de buey que comunicaba en el lado del Evangelio el altar mayor con la capilla de la Virgen de Guadalupe, hoy llamada de exposición del paso. Es por lo que se cubre este espacio con azulejería que simula una continuación del paño cerámico.

Posteriormente, en 1973 se detecta problemas en el paño de azulejos de la promesa de Colón, lo que hace necesaria una actuación. El hermano mayor Francisco Vázquez Carrasco, en junta celebrada el 12 de abril de 1973, da cuenta “del estado ruinoso en que se encuentra el azulejo, que representa el llamado Milagro de Colón, pues debido a la humedad se había desprendido de la pared, y por tanto estaban en peligro de desplomarse”.

En la reunión de junta se acuerda poner esta situación en conocimiento del arquitecto Carlos Hermoso, que procede a la consolidación y fijación de los azulejos desprendidos.

En la actualidad se encuentra restaurado y se observa en determinadas zona grietas de rotos anteriores de algunas piezas del azulejo pero sin que afecte a su belleza.

Juan Daniel Zuloaga Khoyan, ceramista y biznieto de Daniel Zuloaga, tras conocer por imágenes el estado actual de los azulejos, señala que “a pesar de los desperfectos y cambios, sinceramente tienen muy bien cuidado los dos paneles de mi bisabuelo, son magníficos. Hay grietas y azulejos rotos pero no falta nada y las composiciones se pueden disfrutar perfecta y completamente. Para mí es un honor que haya cerámicas de mi bisabuelo en su santuario de Huelva. He mirado fotos de Internet y me parece un conjunto monumental precioso, bien cuidado y con gran gusto y sabor”.

Daniel Zuloaga pintado por su sobrino Ignacio.
Daniel Zuloaga pintado por su sobrino Ignacio.

El gran ceramista español Daniel Zuloaga

Daniel Zuloaga Boneta. (Madrid, 1852-San Juan de los Caballeros, Segovia, 1921). Pintor, decorador y ceramista español. Hijo del damasquinador Eusebio Zuloaga y tío del pintor Ignacio Zuloaga, inició su formación en el taller de su padre y haciendo copias de los grandes maestros del Museo del Prado. En 1867 se trasladó a Francia donde aprendió técnicas cerámicas en Sèvres.

Regresó a España debido a la Guerra Franco-Prusiana, se empleó en diversas obras de artes decorativas y concurrió a las Exposiciones Nacionales.

En 1892 participó, junto con sus hermanos, en los inicios de la Escuela de Artes Cerámicas de Madrid, que no prosperó. Finalmente, se asentó en San Juan de los Caballeros (Segovia), donde adquirió la iglesia románica en la que instaló su taller y su vivienda, hoy convertido en museo de su obra, abierto en 1998, tras la adquisición por el estado de la iglesia, dependiente del Museo de Segovia.

En la actualidad se cuenta con la Fundación Zuloaga, centrada en los Zuloagas artistas, promueve la difusión e investigación.

La técnica de la cuerda seca

Los azulejos del santuario de la Cinta de Daniel Zuloaga fueron realizados siguiendo la técnica decorativa de la cuerda seca, con la que se consiguen efectos muy diferenciadores, que embellece la cerámica de manera particular.

Es uno de los estilos más antiguos, conocido desde la época Omeya en el siglo X e introducido en la Península Ibérica por la cultura morisca. Los Zuloaga recuperarán las técnicas cerámicas tradicionales, como la cuerda seca, la cuenca y el reflejo metálico, introduciendo los estilos de moda en Europa como el Neorenacimiento y el Modernismo.

Daniel es ayudado por sus hijos Juan, Esperanza y Teodora, incorporando nuevos estilos como el neorrománico y el regionalista, con temas de costumbres castellanas, dentro de la estética de la Generación del 98. En su taller la investigación fue una constante, desarrolla técnicas originales como los esmaltes sobre pizarra, o la aplicación de la fotografía a la cerámica.

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