Obituario

In Memoriam: Antonio José Martínez Navarro

Antonio José Martínez Navarro Antonio José Martínez Navarro

Antonio José Martínez Navarro / Alberto Domínguez (Huelva)

Nos hemos levantado tristes en el Archivo Municipal de Huelva. La noticia, no por esperada ha resultado menos dolorosa: Antonio Martínez Navarro ha muerto. De inmediato hemos recordado anécdotas (anéctotas, diría él con su guasa), conversaciones, que a lo largo de más de treinta años han discurrido en estos locales del Archivo. Vino a él de la mano de su amigo Manolo López Capelo a finales de los años 80, pero ya su trayectoria y su interés por la historia de Huelva se llevaba manifestando en distintas publicaciones en periódicos locales, convocando la simpatía y admiración de lectores choqueros de todo signo y nivel.

Estábamos aún en el local de la calle Fernando el Católico, a donde él llegaba diariamente, utilizando la media hora de desayuno que como funcionario del Estado le correspondía, para tomar notas de documentos, periódicos, y cualquier cosa que relacionada con Huelva se le pusiera por delante, y que al día siguiente aparecía en el periódico magnificada, aliñada con su lenguaje culto y algo barroco.

Como presidente de Adepah (Defensa del Patrimonio de Huelva) luchó y defendió la conservación de edificios y entornos naturales, haciendo propuestas a las autoridades como la erección de la estatua conmemorativa a la dinastía Litri; y a este respecto ironizaba sobre el tipo de estatua que se escogería, temiendo modelos tendentes a la abstracción, en boga en aquel momento, en que al torero le salieran cuernos por la montera y a la capa un nudo.

Los fallos de tipografía lo exasperaban, a él que era tan pulcro en el lenguaje, y es que a veces le llegaban a machacar el artículo en cuestión, como ocurrió en la estupenda y extensa entrevista que le hizo a Antoñita Andalucía, en la que la cantante, ya madura, recuerda sus grandes éxitos y su época de esplendor. Y es que el tipógrafo pone en boca de Antonio la frase “Qué bonito cuento cuentas, Antoñita”, sustituyendo el adjetivo “cuanto” original de la frase por el sustantivo “cuento”, dando a entender que había poco de verdad en lo que la cantante relataba. ¡Las ocurrencias que tuvo al respecto!, había que reírse con él.

Su presencia en el archivo llegó a ser tan asidua que un día, alguien del propio Ayuntamiento poco informado, llamó a nuestro centro pidiendo hablar con el funcionario Antonio J. Martínez Navarro; le habían dicho que para localizarlo había que llamar al Archivo Municipal, pues siempre estaba allí. Y es que se había convertido en uno más de nosotros.

Llegaba con su lápiz al principio, luego con una grabadora de cassette, y finalmente con un escáner que le regaló su hija, contaba orgulloso. Era para ahorrar tiempo, decía, para que el tiempo en el archivo le cundiera. Leía, grababa, y luego en su casa analizaba el contenido y escribía.

Nos acordamos este día de su amigo y colega en temas de investigación, Santiago Hierro. Ambos amantes de la ciudad, ambos dedicados a contar Historia e historias de ella, en los últimos años habían formado una pequeña tertulia que empezaba en el archivo y se alargaba en el café que me consta iba a continuación, a veces con el personal del archivo, donde defendían con pasión sus puntos de vista, no siempre coincidentes.Sin ser de Huelva, la amó y defendió como pocos, como amó al “Real Club Recreativo de Huelva”, socio desde hace muchísimos años y a cuyos partidos no faltó ni en los peores momentos de la enfermedad.

Sus publicaciones, sus ‘Historias Menudas’, no siempre encontraron facilidad para la edición, no siendo esto inconveniente para Antonio, que se arrojaba a la autoedición en tiempos en que ésta constituía un acto heroico, por el riesgo que conllevaba. Recientemente apareció su noveno volumen de la ‘Historia Menuda de Huelva, y nos consta que a pesar de su grave estado de salud, acometía con ilusión la preparación del décimo; era verdaderamente un gran trabajador. Y era además generoso, con sus conocimientos y con el material que había reunido a lo largo de los años y que cedía y compartía con otros colegas e instituciones con una total magnanimidad.

En todos estos años, se han podido dar circunstancias que impidieran ocasionalmente ejercer su derecho a la consulta y a la investigación: obras, falta de espacio, escasez de personal, sin que jamás se apreciara un mal gesto ni una mala palabra. Antonio era un caballero.

Me pregunto a veces el motivo por el que una persona llega hasta el final con esa ilusión, con esa fuerza, con ese entusiasmo. Y entreveo una respuesta, él encontró su pasión, un motivo de vida al brindarnos y hacernos disfrutar a los demás con sus historias choqueras.

Por todas estas razones, al recibir la noticia, todos en el Archivo Municipal hemos mirado con cariño “su sitio”. El que durante más de treinta años ocupó por derecho, el que ocupará para siempre en el corazón de todos los onubenses. Descansa en Paz, Antonio.

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