Solidaridad

Un almacén cargado de vida

  • El Banco de Alimentos prepara sus instalaciones para la Gran Recogida

  • Una decena de voluntarios colaboran cada día para que nadie se quede sin comer

Dos voluntarios trabajan en la colocación de cajas en el almacén del Banco de Alimentos Dos voluntarios trabajan en la colocación de cajas en el almacén del Banco de Alimentos

Dos voluntarios trabajan en la colocación de cajas en el almacén del Banco de Alimentos / Josué Correa (Huelva)

Siempre hay manos para ayudar. Dos pies que se dirigen hacia un pasillo. Se paran. Y vuelven hacia otro. Continúan. La tinta de impresora o rotulador que graba en cajas el peso y la fecha de caducidad de los productos. Todo organizado. Todos saben lo que tienen que hacer. Están allí de manera voluntaria para ayudar. Para llevar hacia delante un inmenso proyecto enmarcado en un laborioso y milimetrado trabajo.

Cuando uno entra en el almacén principal del Banco de Alimentos deja de pestañear mientras mira el continuo movimiento de personas. Todos comemos cada día. Y ellos están ahí como eslabón clave para que se haga efectivo con aquellas personas en riesgo o en exclusión social directamente.

Ahora mismo el almacén prepara su actividad de cara a la Gran Recogida que tendrá lugar el 30 de noviembre y el 1 de diciembre. La cuestión es vaciarlo para volverlo a llenar cuando el último mes del año cuelgue del calendario. Preparar las instalaciones –existe otro almacén– para poder guardar alrededor de 240.000 kilos de alimentos. Una cita que se repite tres veces más al año cuando llegan alimentos del Fondo de Ayuda Europea para los más Necesitados (FEAD).

Un voluntario ordena cajas de alimentos en una de las calles del almacén. Un voluntario ordena cajas de alimentos en una de las calles del almacén.

Un voluntario ordena cajas de alimentos en una de las calles del almacén. / Josué Correa

El reparto es equitativo a cada una de las entidades sociales a las que se manda comida. El reparto se hace en kilos por persona para que cada uno reciba lo mismo. “Somos alrededor de 10 personas los que de manera habitual estamos en el almacén” ya sea para operar con material o para la gestión informática. “También hay dos personas contratadas”, uno en la oficina y un carretillero “para asegurar que siempre una persona pueda atender”, explican Andrés Benito Gutiérrez, encargado de llevar con otros compañeros la gestión, y José Antonio Moreno, el jefe del almacén.

El almacén sólo trabaja con alimentos en buen estado. Un producto caducado o en mal estado se desecha. ¿Qué ocurre con el pescado? “se reparte sobre la marcha a los comedores sociales –o a entidades que nos garantizan que se va a consumir rápidamente–, porque es lo más rápido. Si es poca cantidad se lo damos a uno y la próxima vez se lo damos a otro”. La fruta no puede estar más de tres días en el almacén. Y la leche, que es aproximadamente el 30% de lo que llega en la Gran Recogida, “intentamos darla rápidamente”.

“La leche siempre viene bien porque con leche se puede alimentar una persona. Tiene proteínas, hidratos, líquidos, minerales...”, explica Gutiérrez. Eso sí, se necesitan todos los alimentos, los que constituyen una dieta, porque todos “son complementarios”. “Leche, legumbres, pasta, aceite, frutas, verduras...” y hasta conservas “que es lo más difícil de conseguir porque son las más caras”.

Andrés Benito Gutiérrez muestra que todos los alimentos están fichados con sus peso y caducidad Andrés Benito Gutiérrez muestra que todos los alimentos están fichados con sus peso y caducidad

Andrés Benito Gutiérrez muestra que todos los alimentos están fichados con sus peso y caducidad / Josué Correa

En días normales el almacén, situado en el Polígono Pesquero Norte, abre a las 08:30 y cierra a las 13:30. De lunes a viernes. Por la tarde no funciona “salvo que haya una operación especial” o que un camión se haya retrasado y ahí “viene la persona que está contratada, por eso tiene que haber alguien contratado, que pueda solucionar en todo momento el tema y que no dependa solamente de los voluntarios”, explica Gutiérrez.

La organización es absoluta. Un sistema informático lleva para adelante un control de todos los movimientos hechos y los que están por venir. Cantidades exactas, repartos, días y pesaje. Absolutamente todo. No se escapa nada. “Las entradas de alimentos están programadas”. A través de un departamento que es de logística se contacta con los proveedores “–empresas que de alguna forma nos dan donaciones–” para saber cuándo van a venir.

Entre otras funciones, el voluntario es el que se encarga de coger las donaciones que llegan. Anotar el peso, colocarlo... ser el responsable. “Si es poca cantidad se pesa y si es mucha cantidad se comprueba el albarán de entrada y los palés y cajas” para que esté todo.

“Entre los dos almacenes podríamos guardar 400.000 kilos de alimentos no perecederos, y unos 30.000 kilos de frutas y verduras en frigoríficos”. También hay congelador, donde se guardan helados y pescado. La organización en el almacén también es impoluta. Si es poca cantidad “los alimentos están a la vista”, y si hay mucha se colocan por criterios además de que “el sistema informático lo tenemos preparado para saber dónde está cada palé”.

Legumbres en uno de los pasillos del almacén. Legumbres en uno de los pasillos del almacén.

Legumbres en uno de los pasillos del almacén. / Josué Correa

Aparte de las instalaciones y las diferentes herramientas para llevar a cabo la actividad en el almacén, el Banco de Alimentos tiene dos furgonetas “–que son donaciones–” con la función de traer donaciones (de recogidas de colegios, cooperativas...) y transportar materiales de un lado para otro.

Andrés Benito Gutiérrez, jubilado, colabora en el almacén del Banco de Alimentos desde el año 2013. “Dentro de la jubilación, una de las cosas que me propuse fue echar una mano en el entorno en el que estoy. Casi todo el mundo que está aquí está en la misma línea”. Siempre que se pueda “entiendo que es algo que todos debemos de hacerlo”. Ayudar a los demás sólo se hace con voluntad.

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