Adolfo Castaño Práxedes | Comisario jefe de la Policía Nacional de Huelva Adolfo Castaño: “Los narcos no están diversificando el negocio con pateras”

  • Considera que la llegada de embarcaciones con migrantes a Doñana es “circunstancial”

  • La criminalidad de la capital está en “límites aceptables: Huelva es una ciudad muy segura”

Adolfo Castaño, comisario jefe, en la puerta principal de la comisaría de Huelva. Adolfo Castaño, comisario jefe, en la puerta principal de la comisaría de Huelva.

Adolfo Castaño, comisario jefe, en la puerta principal de la comisaría de Huelva. / Alberto Domínguez (Huelva)

Los ojos de Adolfo Castaño hablan por él de tan expresivos. A sus gestos los acompañan la franqueza de sus palabras y la pasión por un trabajo al que lleva dedicado toda una vida repleta de grandes historias que contar.

–Es un experto en materia de antidisturbios.

–Empecé en 1984 en una Compañía de Reserva General, que son los antidisturbios de ahora. Eran los duros Años del Plomo de ETA. Elegí Granada y estábamos continuamente en el norte: en Bilbao, en San Sebastián, Vitoria o Pamplona, y luego cinco o seis días en Granada y otra vez vuelta a empezar. Espero que aquella época nunca se vuelva a repetir.

–¿Qué fue lo que peor llevó de aquella etapa?

–No sé si porque era muy joven, pero solo lo lejos que estaba de la familia. Y que la España esa no era la que yo quería.

–En 1991 fundó la Unidad de Intervención Policial (UIP) de Málaga.

–Estuve allí hasta el 99. Ya no era tanto norte. Eran más salidas, eso sí. Conozco toda España menos Cuenca y Mallorca en temas policiales. Incluso a Málaga no me llevé a la familia porque estaba casi nueve meses al año fuera. De 1999 a 2001 me fui a la UIP de Sevilla, que también he dirigido. Me he llevado 18 años con las botas puestas.

El comisario de la Policía Nacional, Adolfo Castaño, en su despacho. El comisario de la Policía Nacional, Adolfo Castaño, en su despacho.

El comisario de la Policía Nacional, Adolfo Castaño, en su despacho. / Alberto Domínguez (Huelva)

–¿Qué es lo que más le gustaba de ser antidisturbios?

–Que no había un servicio igual que otro. La misma manifestación todos los días en el mismo sitio nunca es idéntica. Siempre surge algo. Cubríamos desde la protección a altas autoridades a la cuestión antiterrorista, los espectáculos deportivos, manifestaciones... Donde hubiese un problema que resolver, allí estábamos nosotros. Las Compañías de Reserva General son las grandes olvidadas. La Transición nos la hemos comido nosotros. En Huelva estuvimos con el Papa cuando vino a El Rocío, pero ya como UIP. También he vivido las protestas de Astilleros en Cádiz, por ejemplo.

–Es un libro abierto de Historia de España.

–De historia de España en materia de orden público. Ahora la cosa se ha tranquilizado.

–En Cataluña no hay tanta calma. ¿Le gustaría haber intervenido allí con la UIP?

–No me interesa el asunto. Hoy día una cosa que no entiendo es que todavía la Policía tenga que utilizar la fuerza en los años en que estamos contra personas de esa manera por culpa de que no hay un entendimiento político. No me agrada ver esas cosas. Pero es necesario. Ante esa actitud de violencia tienes que intervenir, no hay más remedio.

–¿Cuál es el episodio más sobrecogedor que recuerda?

–Una vez iba con mi unidad por Bilbao a una manifestación en el barrio Txurdinaga, donde querían poner casas sociales y la gente se había rebelado. En una calle para salir a la circunvalación había una furgoneta y mi conductor dijo que no le gustaba. Llevaba seis furgones más detrás de mí. Pero les tenía dicho que entre furgón y furgón hubiera al menos uno o dos coches de paisano. Atravesamos la zona. Explosionaron la furgoneta y mataron a dos compañeros de Valladolid. También he estado en entierros de compañeros y de autoridades y periodistas, muy desagradable.

–En Sevilla también protagonizó una acción importante contra la banda terrorista.

–Sí. ¿Recuerdas el Comando Andalucía de ETA, que estaba formado por dos? El 16 de octubre de 2000 Solana e Iragui consiguieron entrar en el despacho del coronel médico Antonio Martín Cariñana y lo mataron de dos disparos. Ya le habían quitado la vida unos meses antes al diputado socialista José Asenjo en Málaga.

–Lo recuerdo.

–Pues conseguimos detener a uno de ellos y es algo de lo que estoy muy orgulloso. Esa misma tarde nos fuimos a buscar a este hombre y en vez de irnos adonde fue el tiroteo, seguí el rastro de la huida. En una autoescuela habían visto pasar a uno que se agarraba del brazo (estaba herido) y se quejaba con acento vasco. Así que montamos un cerco en dos barriadas. Mi indicativo entonces era Lobo y me dijeron “Lobo, lobo, lobo, que hemos cogido al terrorista”. Era Harriet Iragi Gurruchaga. Estoy orgulloso de esa detención.

Adolfo Castaño, en primer plano. Adolfo Castaño, en primer plano.

Adolfo Castaño, en primer plano. / Alberto Domínguez (Huelva)

–Vivió entonces con mucho gusto el fin de ETA.

–Claro que sí.

–¿Le emocionó?

–No, porque no fue de la noche a la mañana, fue un proceso muy largo y no como cuando te dan una sorpresa. Te emociona ahora, que ya el País Vasco está mucho mejor.

–¿Cree que en Cataluña se podría dar una situación similar?

–Creo que no porque la historia es la historia y ya aprendimos de la banda terrorista ETA. No somos tontos, aunque digan que la historia se repite.

–Tenemos también otro tipo de terrorismo bastante grave, el yihadista. ¿Se hace algo desde Huelva al respecto?

–¿Que si se hace algo? Muchísimo seguimiento. La Unidad de Información está al 99% dedicada a ese tema y lo tenemos muy controlado. No te puedo contar mucho. Llevamos toda la provincia, como también la Guardia Civil.

–Seguimos en nivel 4 de alerta antiterrorista.

–Sí, porque este tema te puede surgir en cualquier momento y en cualquier lugar. Fíjate en Francia, que ha surgido en la misma sede de la Policía.

–Es impredecible.

–No. Tienes que estar trabajando con muchas fuentes e intentar evitarlo. Anticiparte.

–Ahora que lleva unos meses al frente de la Policía Nacional de Huelva, ¿qué comparativa establece con los territorios que ya conocía?

–En Huelva hay de todo pero a una escala menor. Es más asequible su control. En La Línea era un no parar con el narcotráfico y el contrabando de tabaco. En Almería también con el tema de la inmigración, con tres o cuatro pateras al día.

–¿Piensa que hay una mafia que se está dedicando a introducir personas por Huelva o es algo circunstancial?

–Creo que es circunstancial.

–Pero desde julio hemos tenido prácticamente una patera al mes.

–Sí, pero ahora mismo tenemos el 50% menos de migrantes cruzando por el Estrecho. Hay mucha presión en la costa marroquí, mucha vigilancia. Pensamos que vienen en un barco nodriza que los trae a una determinada distancia y luego los suelta, pero los que han llegado aquí llegaban con quemaduras y todo. Creemos que no vienen directamente de Marruecos porque es una travesía demasiado larga en mar abierto.

–¿Esperan que vengan más?

–Aunque nunca se sabe, no lo creo. En todo caso un goteo. Creo que la primera, la de julio, venía desorientada, perdida, que iba para Sanlúcar y las corrientes (o lo que sea) la derivaron a Doñana.

Adolfo Castaño junto a los Ángeles Custodios. Adolfo Castaño junto a los Ángeles Custodios.

Adolfo Castaño junto a los Ángeles Custodios. / Alberto Domínguez (Huelva)

–¿Y las otras dos sí tenían como objetivo a Doñana?

–Creo que tampoco, porque tienden a coger tierra cuanto antes, mejor. El Atlántico es muy puñetero. Cuando hablas con ellos no puedes sacarles absolutamente nada. Solo te dicen lo que les ha costado más o menos y poco más.

–Unos 2.500 euros.

–Depende. O 2.000 ó 1.500. Si hay buen tiempo es un precio, si pueden meter a más gente es más barato, o si hay mal tiempo. Es según el mercado.

–Es difícil dar con los responsables.

–A esas mafias ya hay que determinarlas en Marruecos. A veces se coge al patrón de la barca, porque llevaba el timón o porque cogía el dinero. En los de Huelva no hemos podido coger al paterista.

–¿Tienen algún vínculo con el narcotráfico?

–Para nada. Por cada persona en la patera cobras 2.500 euros y metes 15 en ella. Son 37.500 euros. El kilo de hachís creo que está ahora a unos 1.700 euros. Los fardos que traen son de unos 35 kilos. Es decir, que ingresan unos 60.000 euros por cada fardo, y son pequeños y en un determinado momento los tiran al mar. Con una patera ganas poco más de la mitad. Es una leyenda urbana. No están diversificando el negocio a mi parecer. La lógica es aplastante.

–Los narcos gaditanos sí que parecen haber establecido una nueva vía de entrada del estupefaciente por Huelva.

–Si nosotros allí presionamos más, es lógico. Algunos están intentando establecerse aquí. Pero no es tan fácil. Entre ellos también hay vuelcos, robos de droga de unos a otros. Las organizaciones no son tan cerradas y también cooperan a veces. Pero ahora mismo estamos para combatirlas la Benemérita de Huelva y el OCON, Vigilancia Aduanera y, por parte de nosotros, la Unidad de Drogas y Crimen Organizado (Udyco) y los Greco. Si vienen aquí tienen que tener una infraestructura para guardar la goma y para guardar la droga. Y saber cómo sacarla. Creo que no hay tanto nivel.

–También hemos tenido tiroteos en la capital.

–Pero entre clanes o familias no ha habido aquí. Hemos tenido dos: uno intimidatorio, que fue en El Torrejón, de dos familias que están un poco así… Fueron disparos al aire y uno impactó en un coche y de rebote dio en una ventana. El otro, en la barriada La Navidad, donde uno disparó un cargador entero al aire también. De El Torrejón nos llevamos a cuatro detenidos. Pero entre ellos es imposible saber quién realizó los disparos. En el otro no tenemos pruebas para detener a nadie. Luego recibimos muchas llamadas telefónicas por tiros, pero suelen ser finalmente petardos o la típica botella que la llenan de salfumán y explota.

–Hay un conflicto con los okupas en la avenida Costa de la Luz.

–Es un tema delicado. Tenemos allí bastante presencia. Hemos hecho bastantes detenidos. Porque no es que allí se venda la droga, sino que ellos practican sus hurtos, compran y van a ese local a consumirla. Es un fumadero de heroína. El local pertenece a un banco y, si no pone interés en que se desaloje, no podemos hacer nada.

–¿Ha estado usted allí?

–Sí. Y vi lo que veía hace 35 años en Málaga: personas enfermas a las que hay que echar una mano. Es un tema que podría ir a más y habría que atajarlo antes de que se extienda. Cualquiera puede caer en eso.

Adolfo Castaño en un instante de la entrevista. Adolfo Castaño en un instante de la entrevista.

Adolfo Castaño en un instante de la entrevista. / Alberto Domínguez (Huelva)

–¿Cuál es el delito que más le preocupa de los que se producen en esta ciudad?

–El robo en viviendas, porque entra dentro de la esfera de la intimidad de la gente. Se mantienen hasta octubre a los mismos niveles del año pasado.

–¿Cuál es el perfil del delincuente que asalta una casa?

–Tenemos desde el compañero de piso que roba al otro, al cuidador que roba directamente al anciano o a los cacos autóctonos, a los que reconocemos por su modus operandi. También a veces llegan bandas itinerantes y muy profesionalizadas que son difíciles de controlar porque están dos días y se van, pero son las menos.

–¿Qué se hace para combatir estas infracciones penales?

–He reestructurado la Unidad de Patrimonio, la he potenciado tanto en la forma de trabajo como en el número de componentes. Los frutos no se ven a corto plazo, pero se verán. Por ejemplo, durante El Rocío pusimos mucho énfasis porque mientras la gente está fuera… Hicimos un operativo coordinado con Policía Local y nos dividimos la ciudad en dos. Así los coches estaban más concentrados en las zonas. Sí hago un llamamiento a los vecinos, que tienen mucha responsabilidad. Que no le abran la puerta al primero que llame al portero, que si oyen un ruido extraño, que nos llamen, que si ven gente sospechosa que no son del barrio, que nos llamen también. Así nos ayudan mucho.

–Con la violencia de género también pasa a veces, ¿no?

–Con la violencia de género hay más sensibilidad. La gente lo tiene más asumido y cuando escucha un ruido, llama.

–En el primer semestre se redujo la criminalidad un 3,1% en la capital. Entiendo que detrás de este descenso hay mucho esfuerzo.

–El compromiso es el mismo. El interés y la motivación, también. Mi trabajo es crear espíritu de equipo, entusiasmar a la gente, motivarla, que mantenga la ilusión. Puede haber repuntes o descensos porque Fulanito o Menganito hayan salido de la cárcel, o porque se hayan establecido bandas de fuera que no tengamos detectadas. Por eso la estadística es muy fría y no detecta la realidad.

–¿Las infracciones penales de Huelva están en límites aceptables?

–Mucho, Huelva es una ciudad muy segura.

–Los delitos que tienen que ver con Internet no aparecen en el Balance de Criminalidad.

–En Huelva capital, casi el 90% de esos delitos son estafas. Otro llamamiento: queremos comprar tan barato que nos metemos en páginas que no son las adecuadas. A lo mejor nos dan el producto pero ya tienen tu cuenta, o el producto está deteriorado. La gente tiene que ir a páginas webs seguras. No es lo mismo ir a El Corte Inglés que a cualquier barrio marginal.

–Lleva aquí siete meses y ha palpado las necesidades y el ambiente de la comisaría. Si pudiera pedir, ¿qué pediría?

–Pedir por pedir, no pido. Me gustaría tener dos policías mañana, tarde y noche en cada barriada, pero eso sé que es imposible porque cuesta mucho dinero al ciudadano.

–Se cumplen 195 años de la creación de la Policía Nacional. Felicidades.

–Somos de los cuerpos más valorados. La lealtad sigue siendo la misma. Ahora hay más formación y elegimos a los mejores.

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