Longa Noite | Festival de Cine de Sevilla Esculpir la memoria

Una imagen de 'Longa Noite', de Eloy Enciso. Una imagen de 'Longa Noite', de Eloy Enciso.

Una imagen de 'Longa Noite', de Eloy Enciso.

En el año del comeback guerracivilista en el cine español industrial diseñado para el gran público, las nominaciones y los premios, Longa noite, de Eloy Enciso (Arraianos), llega desde los gozosos márgenes de claridad, lucidez, contención y belleza del mejor novo cinema galego para impugnar formas convencionales, derivas de género y mensajes conciliadores sobre la contienda y la inmediata posguerra bajo el yugo siniestro del franquismo.

Y lo hace esencialmente desde la palabra, a partir de los textos literarios de Max Aub, Luis Seoane, Ramón de Valenzuela, Marinhas del Valle, José María Aroca o Alfonso Sastre, y las cartas y confesiones de presidiarios y exiliados anónimos, desde la presencia pétrea de un puñado de personajes, auténticas esculturas vivientes (el comerciante, la mujer de la estación, el obrero, el candidato, los hombres del bar, el barquero…) que, desde los dos mendigos a las puertas de una iglesia de la primera secuencia al regresado que sirve de nexo de unión de los diferentes espacios y relatos, se dan el relevo en una estructura episódica que materializa en sus rostros, en sus cuerpos y en su dicción clara y limpia (alternando el gallego y el castellano en una clara alusión a otras represiones), no demasiado lejos de las enseñanzas declamatorias y el esencial primitivismo de los Straub, la pesadumbre, el miedo, el cansancio, el dolor, la nostalgia, la dignidad o la rabia de los perdedores, y la euforia, el cinismo, la miseria moral o el lenguaje esclerotizado de los vencedores de aquella guerra y su larga noche de falsa paz convertidas hoy en pasto de propaganda y sensacionalismo informativo.

La palabra elocuente y herida pasa así a través de los cuerpos y penetra el paisaje brumoso y el bosque nocturno, filmado una vez más con aliento onírico y fantasmal por el gran Mauro Herce, en una película que quiebra todo atisbo de rigor o rigidez de fórmula siempre en busca de una emoción genuina y retroactiva, esa que resucita el desgarro humano y la verdad histórica para convocarlos en un presente de formas poéticas y transparentes.